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Elogio de la ociosidad

David Ortega Gutiérrez
martes 31 de julio de 2012, 20:37h
Llega la época estival, del merecido descanso después de un curso realmente duro, en el que los españoles no hemos tenido demasiadas alegrías, salvo la Eurocopa y poco más. En la vida es muy importante dosificar, saber cuándo toca apretar los dientes y trabajar duro o, como ahora, cuando lo relevante es relajarse, saber disfrutar y aprovechar el tiempo de forma inteligente.

Algunos de los siguientes consejos pueden ser útiles para gozar mejor del tiempo libre y del ocio. De entrada, algo básico y esencial, olvídese del reloj, del móvil y del ordenador, fuera máquinas. Hay que desconectarse para volver a conectarnos con nosotros mismos. Es buen momento para cuidar a la familia y a los amigos, a aquellos que queremos pero que el stress del día a día no nos deja tiempo para hablar con ellos; llámelos, igualmente con sus padres y hermanos. Respecto de la pareja, cuidado con el exceso de convivencia y los roces que de ella se derivan. Evite discutir por tonterías, procure ser generoso y comprender que todos necesitamos nuestro pequeño espacio vital y disfrutar de nuestros hobbies, comunes e individuales. Tampoco es preciso coincidir en todo o hacer todo juntos, debe de haber espacio para todo, incluidos ciertos ratos muy saludables de soledad y reflexión personal para poner en orden un poco las ideas, de lo que ha pasado y del porvenir. No tome en verano decisiones demasiado importantes.

La ociosidad es muy beneficiosa. Sobre ella hay un delicioso libro de Bertrand Russell, precisamente titulado Elogio de la ociosidad. Es una magnífica lectura de verano, como la Conquista de la felicidad, del mismo autor. Posiblemente, sin darnos cuenta, estemos entrando en un nuevo tiempo, en el que casi seguro tendremos que aprender a ser felices con menos. Hemos vivido un par de décadas en el que el derroche y el despilfarro, principalmente público, pero también privado, nos ha desorientado enormemente. Es tiempo de reflexión, de ensimismamiento, de pararnos un poco a pensar hacia dónde queremos ir, qué necesitamos realmente. No hay mal que por bien no venga, las épocas de crisis económicas o políticas suelen ser épocas fructíferas en el pensamiento, en aprender a entender mejor la vida, lo sencillo y simple de la misma.

El verano es el momento de recapitular lo logrado hasta ahora. De si realmente necesitamos algo más, y si ése algo más es material o más bien espiritual. Las cosas importantes de la vida suelen ser muy básicas, no se necesita mucho para ser feliz. A la vida hay que sonreírla, si así se hace la vida normalmente te sonríe a su vez. No se enfade con el mundo, no es buena estrategia. No pida o exija mucho de los demás. Procure no centrarse demasiado en sí mismo, sólo lo justo. Recuerde, como decía Ortega y Gasset, el egoísmo es laberíntico. Si uno está todo el día pensando en sí mismo, acabará aburrido de sí y del mundo. Normalmente uno crece, humanamente hablando, en la entrega a los demás. La sabiduría de la vida se encuentra en el disfrute de las cosas pequeñas. Sea hospitalario, generoso, sonría, preocúpese menos de sí y más del que tiene enfrente. Ya verá como la vida le irá mejor, empiece a ponerlo en práctica este verano. Es buen momento para crecer y mejorar en el auténtico disfrute del ocio y de la vida.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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