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Cristina Fernández de Kirchner: Sueños de emperatriz

Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 01 de agosto de 2012, 20:50h
Los hombres no son ángeles ni los ángeles gobiernan a los hombres. Esta sabia afirmación de James Madison, tendiente a justificar la existencia de un sistema de frenos y contrapesos, es ignorada abiertamente por varios poderosos de este mundo que no conocen de límites a sus decisiones ni consienten desde luego que se les impongan.

Cristina Fernández de Kirchner ha demostrado ser una de ellos. Una mujer embriagada de poder quien, olvidando quizá sus tiempos de legisladora y confiada en su legitimidad de origen, parece haberse entronizado como dueña y señora de nuestros destinos y garante exclusiva de gobernabilidad.

Confieso que sus últimas declaraciones me han sembrado miedo y no puedo menos que recordar a Maquiavelo aconsejando al príncipe ser “más temido que amado” para asegurar su permanencia (al mismo tiempo le aconsejaba proceder con “moderación, prudencia y humanidad”, pero estas cualidades no se ajustan a nuestro caso). También me generaron lástima, al ver a la presidenta ufanarse de sus logros e impartiendo lecciones a un mundo que la menosprecia y que asocia sus modos autoritarios a los de Chávez o cualquier otro caudillo que encarne esa combinación perversa de dinero, concentración de poder y confusión entre Estado y gobierno respaldada (cuando menos en la Argentina) en la pasividad o la débil reacción de una ciudadanía que sólo se plantará cuando le duela verdaderamente el bolsillo. (Hasta donde se advierte, nuestras orientaciones cívicas no son suficientes para movilizarnos por razones ajenas al curso de la economía, como podría ser la convicción de que sólo despersonalizando el poder se evita que éste se vuelva opresivo.)

Por ahora, un 25 % de inflación anual, el cerrojo puesto a la compra de divisas, la voracidad fiscal, las señales visibles de recesión, el aislamiento internacional en que nos hallamos y, ni que decir tiene, el alarmante avance del delito y del narcotráfico, no han torcido la opinión mayoritaria en una dirección contraria o distinta a la que Cristina transita. En su lugar, sin embargo, yo no me confiaría. La historia enseña que cuando los gobiernos se consideran omnipotentes se ven más y más acosados por las consecuencias de sus propias decisiones. Y aunque la presidenta sea impermeable a todo consejo que la obligue a rectificarse, sería bueno que alguien le soplara al oído que está desnuda antes de que esa verdad prorrumpa, como en la fábula de Andersen, de la inocencia de un niño.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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