Crítica de cine
Prometheus: Ridley Scott regresa al futuro para explicar el pasado.
sábado 04 de agosto de 2012, 12:09h
Scott coloca en el centro de su nuevo trabajo, la gran pregunta. ¿De dónde venimos? Y trata de responderla en clave de ciencia ficción, como no podía ser de otra forma. Una eminente pareja de científicos, Elizabeth Shaw y Charlie Holloway, a quienes interpretan Noomi Rapace y Logan Marshall-Green, han encontrado una posible respuesta y convencen al excéntrico y millonario propietario de una gran corporación, para que financie el viaje, de más de dos años de duración, hasta el remoto planeta en el que esperan encontrar a los ingenieros responsables de nuestra existencia. La acción comienza en el momento en que la nave en la que viajan, Prometheus, comandada por el capitán Janek, a quien da vida el actor londinense Idris Elba, llega a su destino. Además de los personajes citados, en ella viajan también Meredith Vickers, alta ejecutiva de la empresa financiadora de la expedición, y que interpreta la siempre correcta Charlize Theron, y David, un sofisticado androide de inteligencia superior y tremendamente servicial, a quien da vida – literalmente – el actor alemán Michael Fassbender, que consigue, sin necesidad de un gran esfuerzo, erigirse en el personaje más creíble de todos los que intervienen. Sin contar, claro, a los habitantes del planeta con los que se encuentran a su llegada.
Porque estos sí que resultan creíbles. Mejor dicho, reconocibles. Por algo son primos hermanos de Alien, con esa manía tan suya de colarse en el cuerpo de los humanos, para luego volver a salir como si brotaran de una pegajosa explosión abdominal, que ya todos asociábamos a la exitosa saga de Scott, sin que hiciera falta que nos presentaran a sus antepasados. Pero, ¿fueron los habitantes de ese inhóspito planeta los que nos crearon o allí ya sólo queda el mal del que tuvieron, precisamente, que salir huyendo? Esta es la intriga que plantea la cinta, aunque, al final, como siempre, los enigmas tengan que dejarse aparcados cuando de lo que se trata es de salvar la propia vida y regresar a la Tierra, a casa. Lo acaba por reconocer la doctora Shaw. Se haya equivocado o no con la teoría, lo que cuenta es salvar a los vivos, con independencia de quienes fueron sus creadores o de dónde vinimos y, mucho menos, de a dónde vamos. ¿No es esta siempre la cuestión? Cuando las dificultades arrecian, uno se preocupa de subsistir cada día, de proteger a los que tiene al lado, y las preguntas filosófico existenciales pasan a un lejanísimo último plano. De modo que Shaw, cuando siente la amenaza, deja de ser una científica ensimismada para convertirse, en cuestión de un instante, en la mujer de acción que no podía faltar en la precuela de Alien. Eso sí, que nadie intente compararla con aquella heroína ya mítica con la que nos sorprendió y emocionó Sigourney Weaver. La actriz sueca sale claramente perdiendo. O quizás, lo que salga perdiendo en general sea el guión escrito por Damon Lindelof (Perdidos), al que ni siquiera los efectos especiales de última generación capaces de crear imágenes de gran impacto, ayudan a superar a la cinta de 1979.