Sánchez Gordillo: el regreso al subdesarrollo
jueves 09 de agosto de 2012, 00:43h
El diputado de Izquierda Unida (IU) en el Parlamento andaluz y alcalde del pueblo sevillano de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, ha auspiciado y encabezado un asalto a dos supermercados, junto a miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores, quienes cargaron numerosos carros con alimentos para, según dijeron, entregarlos a personas necesitadas, en una actuación que Sánchez Gordillo ha denominado como de “expropiación alimentaria”. Sería un error considerar lo ocurrido sólo como un mero gesto destinado a llamar la atención mediática, por mucho que, obviamente, también Gordillo haya buscado ese impacto, aspecto que no ha dejado de cultivar en varias ocasiones este líder del radicalismo izquierdista, convertido en abanderado de la ocupación ilegal de tierras.
También resultaría erróneo verlo como algo más o menos pintoresco o anecdótico, quitándole la importancia que encierra. En primer lugar, es un hecho que se trata de un acto delictivo y que los argumentos esgrimidos para llevarlo a cabo no deben hacer olvidar que el fin no justifica los medios. Si realmente Sánchez Gordillo desea proporcionar comida a quienes la necesiten –que, por otro lado, no están completamente desasistidos en este aspecto-, a nadie se le escapa que podría hacerlo de otra manera. Sin ir más lejos, dedicando parte de sus sueldos a ello o – si eso le parece excesivo-, haciéndolo de manera puntual en casos como, por ejemplo, cuando viajó a Venezuela en primera clase y se hospedó en un hotel de cinco estrellas, en una visita de “hermanamiento” con Hugo Cháves. Con su cuantía podrían, sin duda, haberse llenado muchos más carritos que los del asalto.
Pero, más allá de esto, el acto promovido por Sánchez Gordillo denota algo sumamente preocupante. No ya sólo da cuenta de una ideología absolutamente trasnochada que no entiende y tergiversa la complejidad del mundo actual, y “olvida” que el resultado de llevar a la realidad lo que propugna fueron países como la antigua Unión Soviética o Cuba, donde sus habitantes no solamente viven privados de los más elementales derechos, sino en la más absoluta miseria. Pretende internarnos por el camino del tercermundismo, aderezado por proclamas y actos antisistema, que muy lejos de aportar la menor solución a la crisis, no haría otra cosa que agravarla de manera irreversible.
La situación de precariedad que el señor Gordillo quiere denunciar con sus acciones no ha sido provocada por “Mercadona” u otra cadena de supermercados. Al revés, estos crean riqueza y dan trabajo. La situación de pobreza y precariedad ha sido producida por el despilfarro, la deuda y el déficit que alimenta la mayor fábrica de clientelas de Europa Occidental. El señor Gordillo, en lugar de encaminar su protesta contra tiendas, fábricas o fincas debería dirigirse contra la Junta de Andalucía, cuyas empresas deficitarias, caciquismo burocrático, fundaciones y subvenciones son los que consumen los recursos que podrían haberse destinado a inversiones productivas y rentables, en lugar de una política de clientelas que lo único que incrementa es poder a costa de trabajo y progreso.
Sánchez Gordillo ha dicho que realizarán más acciones de este tipo, incluso ampliándolas, y ha señalado, con cierto tono amenazante, que “el polvorín de la desigualdad está encendido y alguien le puede meter mecha en cualquier momento”. No cabe la menor condescendencia con actos de esta índole. Es imprescindible atajarlos antes de que vayan a más, y, en ningún caso, revestirlos del menor ribete comprensivo o justificatorio, como han hecho algunos de sus correligionarios: el diputado Gaspar Llamazares o Diego Valderas, vicepresidente de la Junta andaluza, entre otros. No ha de echarse en saco roto que estamos ante un preocupante indicio de una peligrosa senda emprendida por el dirigente comunista. Una senda que nos devuelve al subdesarrollo.