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crítica de cine

El legado de Bourne: moralmente inadmisible

domingo 19 de agosto de 2012, 11:37h
El legado de Bourne: moralmente inadmisible. Después del éxito de la trilogía del agente secreto Jason Bourne, llega a la cartelera El Legado de Bourne, una cinta dirigida por Tony Gilroy que basa su trama en la existencia de más agentes como Bourne, diseñados especialmente por un programa de inteligencia y que ahora se hace necesario eliminar.
El actor californiano Jeremy Renner da vida al protagonista, Aaron Cross, un agente entrenado y diseñado, en el sentido más literal del término, para pasar largos periodos de tiempo aislado de cualquier otro ser humano y enfrentarse a las misiones más peligrosas, en cuanto sea requerido para ello. El proyecto se llama Outcome y se basa asimismo en modificaciones genéticas, a través de fármacos y otras sustancias químicas. Como Aaron Cross, existen otros cinco agentes más dispersos por todo el planeta, que no se conocen entre sí. Pero, cuando estalla el escándalo de Bourne, hay que proceder a la inmediata eliminación de todos ellos. Y sí, como los espectadores esperan, también Cross, igual que Bourne, tendrá que hacer todo lo posible para sobrevivir a la espada que blanden sus propios creadores, en este caso, no sólo la CIA, sino también el Departamento de Defensa.

En todo caso, los paralelismos entre ambas historias son tan grandes que resulta muy complicado no comparar este filme - que ya ha recaudado más de 40 millones de dólares en Estados Unidos durante el mes de agosto - y los tres que le precedieron, con el Bourne de verdad como protagonista. ¿Qué cuál sale ganando? En conjunto, y por lo que al guión se refiere, El legado de Bourne pierde un poco de intriga, aunque no se queda atrás en la espectacularidad de las escenas de persecución, a pesar de que en alguna de ellas, sin duda, se dedican demasiados minutos a la misma y acaba por parecer cansina. Eso sí, las más de dos horas de entretenimiento están igual de aseguradas que con las cintas del Bourne original.

Sin embargo, quien más pierde en las distancias cortas es Jeremy Renner porque su Aaron Cross no está revestido, ni de lejos, del halo de misterio que rodea al Jason Bourne de Matt Damon. Quizás se deba a que mientras que el primero sabe quien es, el segundo, lo primero que tiene que averiguar es de quien se trata, para, a continuación, conseguir escapar. Renner, en todo caso, va ganando profundidad a medida que transcurre el metraje y acaba por hacerse con el personaje de Cross en las últimas escenas de la cinta que acaba de estrenarse en nuestro país. En realidad, la transformación ocurre cuando su camino se cruza con la guapa doctora que trabaja en el proyecto de creación de súper agentes y que ve su vida amenazada en el momento en el que el proyecto se desmantela y hay que acabar con cualquiera que haya intervenido en el mismo. La británica Rachel Weisz es la encargada de dar vida a este personaje y su comprobado buen hacer en la interpretación aporta a la pareja que huye de los malos -entre ellos su principal perseguidor, a quien da vida el siempre solvente Edward Norton- la necesaria credibilidad y la química para que funcione la historia que se narra, una carrera contrarreloj para sobrevivir a un legado moralmente inadmisible, con el que hay que acabar antes de que el escándalo estalle de cara a la galería.
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