RESEÑA
Luis Racionero: Entre dos guerras civiles. Memorias sociales y políticas
domingo 26 de agosto de 2012, 14:57h
Luis Racionero: Entre dos guerras civiles. Memorias sociales y políticas. Ediciones B. Barcelona, 2012. 230 páginas. 18 €
Acaban de publicarse unas nuevas memorias de Luis Racionero. ¿Por qué? No es fácil responder a esta pregunta. En cualquier caso, tras las dedicadas a su vida amorosa y las del “liberal psicodélico”, ahora ven la luz unas memorias sociales y políticas. Ego no es precisamente de lo que más carece el ingeniero, economista y escritor nacido, en 1940, en la Seo de Urgel. En puridad, no estamos ante unas auténticas memorias, sino una combinación de memorias y ensayo. En cada una de las partes del libro, organizado por décadas –infancia (1940-1950), adolescencia (1950-1960), política universitaria (1960-1970), política y contracultura (1970-1980), nacionalismo catalán (1980-1990), época de los socialistas (1990-2000) y crisis de Occidente (2000-2010)-, se pasa de los recuerdos personales a un intento de análisis y teorización, ya sea sobre el movimiento hippy, los intelectuales, la sociedad norteamericana o el liberalismo.
El punto de partida del volumen, así como la principal conclusión, puede resumirse de la manera siguiente: “España me raya” y “España no me gusta”, puesto que se trata de un país “cainita, cafre y envidioso”, “un país de provincianos incultos”, “integrado por malcarados enfurecidos o pícaros aprovechados y todos flotando en un mar de mala leche azotado por galernas de envidia”. El libro pretende ser una explicación de las razones de esta opinión contundente. Y la conclusión no puede ser otra que “ahí queda eso, que os zurzan y seguid machacándoos y macerándoos en vuestra mala leche cainita”. Racionero siempre está por encima de todo y de todos. No se olvida de preguntarse, en este sentido: “¿Por qué de un pueblo tan pequeño como Calzada sale Almodóvar, que ganó un Oscar, y salgo yo, que gané un Premio del Jurado de Cannes? ¿Puede ser coincidencia o hay por allí un ojo mágico de Osiris?” Así, uno no necesita padrinos. ¿Para qué?
Al lado de descripciones interesantes sobre su vida en Montjuich, en la época en que su padre fue el gobernador del castillo, sus estudios en Estados Unidos y la integración en el movimiento hippy –en más de una ocasión se sigue definiendo como tal- o su adhesión al nacionalismo catalán, encontramos aceradas pullas contra sus oponentes y enemigos. La mayoría reciben acusaciones de incultura: Felipe González es un “impostor inculto con discurso de Cantinflas”, un “falso” y un “trilero”; Pasqual Maragall es un “niño mimado”, un “ignorante”; José Montilla es un “intrigante inculto”, y, Oriol Bohigas, un “incompetente”. Ni Iñaki Gabilondo –Sor Iñaki, en palabras suyas-, ni Javier Pradera se salvan. El comentario sobre este último es de mal gusto: “se murió el día mismo de las elecciones, del berrinche de comprobar las encuestas que daban mayoría absoluta al PP”. El felipismo, sostiene, “recordaba al franquismo”. Sus ex esposas no salen tampoco muy bien paradas, ni la “joven psicóloga sexóloga televisiva”, a la que no se cita por su nombre, ni la anterior. Los mayores elogios, en cambio, se los llevan Jordi Pujol y Esperanza Aguirre.
El capítulo dedicado a su pertenencia al movimiento nacionalista catalán no tiene desperdicio. Se integró en ERC y fue candidato a las elecciones. Tras reflexionar sobre el 98, contar las excelencias de Marcuse y culpar a Debray de la muerte del Che, nos asegura que Cataluña nació en el año 1000. La capacidad para justificar todos los virajes ideológicos es asombrosa. De la etapa catalanista destaca su novela Cercamón, traducida al castellano con el título El país que no fue. Desde su superioridad moral e intelectual, con dosis altas de soberbia, Racionero se interroga sobre las causas del exitazo del libro en catalán –más de veinticuatro reediciones- y las del fracaso en castellano: “¡Cuánto falta viajar y leer en este país de provincianos incultos!”, concluye. Se me ocurre, sin embargo, otra explicación. Para el éxito (la presencia de todos los grandes mitos del nacionalismo catalán en la obra y su promoción desde el poder en Cataluña), pero también para el fracaso (una novela de ínfima calidad). Sorprende, en cualquier caso, en un declarado nacionalista catalán –antes de flirtear con el PSOE y, sobre todo, con el PP-, los errores ortográficos en algunas palabras que cita en esta lengua.
A fin de cuentas, otras memorias de Luis Racionero. ¿Por qué? No lo sé.
Por Jordi Canal