Rajoy, entre España y Merkel
Guillem Rosselló
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grrossellogmailcom /10/10/16
jueves 30 de agosto de 2012, 20:48h
Solo en los momentos más difíciles se demuestra el talante y la calidad de un buen político, porque cuando la mar está calma el barco avanza solo y, salvo que tontamente se pierda la brújula -hablo del PSOE- y se olviden los icebergs, ya se adivina que la nave arribará a su destino. Pero la tensión que se está creando en España mientras que en Italia -en manos de economistas- es más suave, está poniendo al Gobierno en evidencia y en una difícil encrucijada que le ha colocado, lentamente, ante tres retos a los que tendrá que responder si no quiere zozobrar. Por una parte está ese innegable sentimiento popular que en España está creciendo contra el Magno sueño de una Europa unida... pero que está falta de sentimientos o paciencia. Los españoles cada día somos más conscientes de que hemos perdido nuestra autonomía económica y que eso nos ha dejado sin fuerzas ni importancia al formar parte de una máquina inmensa en la que solo somos una pieza insignificante -Inglaterra ya nos avisó de ello cuando se negó a perder su moneda-. Esta europafobia tendrá que ser trabajada y tenida en cuenta por el señor Rajoy, porque Marios Condes saldrán que se aprovecharán de ella y la convertirán en su causa. Por otra parte nuestro presidente también deberá responder ante una evidencia que cada día se va haciendo más necesaria, y es la de plantarse ante la señora Merkel y exigirle, así de claro y sin paños calientes, que rebaje sus presiones o se haga cargo de sus consecuencias... Lo anoto así porque venos que ya no vale para nada la Comisión Europea ante una presidenta Alemana que ya no disimula que también lo es de Europa -basta ver su actitud de divina salvadora a punto para ser adorada-. Lo escribo porque somos muchos los que opinamos que el señor Rajoy le debería hacer ver que aunque esa máquina llamada Europa sea muy grande, como se le rompa una pieza -España, por ejemplo- se puede quedar parada Dios sabe dónde en el difícil pairo de un Europa rota. Y cuando ella poco humilde nos recuerda -no tan ángela como se cree, por cierto- que hace doce años su querido país sufrió nuestra crisis, Rajoy le debería preguntar si también padeció las graves presiones con las que, a golpe de especulaciones y adormecimiento de la deuda, se está arruinando a España. Y, en fin, todo lo que he anotado influye en el tercer punto que Rajoy tendrá que afrontar, y es el desencanto general provocado por su mostrada debilidad ante los más poderosos. Ahí -y alguien se lo tendría que hacer ver- los españoles nos acabamos de hundir en el desánimo, porque cada día nos sentimos ninguneados y, lo que todavía es peor, nos sabemos en manos de unos extranjeros a los que parece darles igual los parados que tengamos, las sufrimientos que pasemos, o los derechos sociales que perdamos. Semana tras semana, mes a mes, se nos hace saber que nuestro destino ya no depende de nosotros y eso crea un sentimiento de impotencia y de incertidumbre ante lo que nos pueda deparar un futuro que está en manos ajenas. Todo junto está creando una cierta desesperación social que dará lugar a un otoño caliente. Del PSOE no hablo, porque Rubalcaba me recuerda al capitán de Titánic, a un hombre que tontamente perdió su brújula y su tiempo.
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profesor y escritor
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grrossellogmailcom /10/10/16
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