El economista Friedrich A. Hayek criticó la Teoría sobre el dinero (1930) de John M. Keynes, aunque su teoría no explica del todo la crisis.
Friedman fue uno de los grandes críticos de Keynes.
Friedrich A. Hayek fue el otro. Los dos, además, rivalizan sobre cuál ha sido el economista más influyente desde que comenzó el último cuarto del siglo XX. Seguramente fue el de Viena. Su obra explica la actual crisis.
En realidad, la obra de Hayek no explica del todo esta crisis. Pero ya dijimos cuando comenzamos esta serie de cinco artículos que los autores que elegimos serían representativos de corrientes en las que están otros autores.
Hayek criticó la
Teoría sobre el dinero (1930) de
John M. Keynes. Luego renunció a criticar su Teoría General porque pensó que otra vez volvería a cambiar de opinión. Keynes, con quien mantenía una gran amistad, murió sin hacerlo. Luego se arrepintió de no haberlo hecho, aunque ya lo hicieron otros.
Contaba, para ello, con el armazón de la escuela austríaca de economía. Comenzó con
Carl Menger, que creó todo un sistema a partir de sus
Principios de economía (1871). Menger describió la estructura económica como una sucesión, en la que los bienes estaban ordenados de los más cercanos al consumo, los bienes de consumo propiamente dichos (o bienes de primer orden), los inmediatamente anteriores (bienes de segundo orden), los que servían para producir éstos (bienes de tercer orden), y así. El de Menger es un proceso productivo complejo, con una estructura de capital en varias etapas, con un fin último que es el consumo.
Eugene von Böhm Bawerk desarrolló esas ideas y Ludwig von Mises trabajó sobre ellas para desarrollar una teoría monetaria, germen de su teoría del ciclo. Hayek, alumno de otro discípulo de Menger (Wieser), perfeccionó esa teoría del ciclo en su
Precios y producción (1931) y otras obras. Sobre esas ideas han perfeccionado esa explicación del ciclo, entre otros,
Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto.
Expresada en pocas palabras, la teoría austríaca del ciclo dice que bajo ciertas condiciones institucionales (dinero fiduciario, especialmente con bancos centrales), los bancos pueden crear dinero literalmente de la nada. Lo crean en forma de créditos, que llegan a las empresas. Éstas inician nuevos proyectos productivos, o amplían los existentes. La estructura productiva se estira, y se amplía en las etapas más alejadas del consumo, en la producción de bienes de capital que darán sus frutos muy en el futuro. El problema es que ese crédito fácil no nace del ahorro previo, sino de la capacidad del sistema bancario de crearlo. Y hay un momento en el que hay procesos de la economía real que ponen en evidencia que no hay ahorro suficiente para tantos proyectos iniciados. Entonces emerge la crisis. Que, por un lado, es el duro reconocimiento de la realidad, y por otro es el inicio de la recuperación si se deja funcionar al mercado. El mercado hace que se liquiden proyectos iniciados indebidamente.
En este sentido es una teoría más compleja, y seguramente más apegada a la realidad,
que el monetarismo. Porque éste carece de una teoría del capital que sí tienen los austríacos. Por eso le dan mucha importancia a las variaciones de la cantidad de dinero, que a corto plazo determina el ciclo económico, pero no conciben esos cambios en la estructura productiva. Y donde Friedman entiende que a largo plazo las variaciones de la cantidad de dinero no determinan la producción y el empleo, los austríacos creen que hay una larga y compleja concatenación de fenómenos que están entrelazados, entre la economía financiera y la economía real.
Sin tener una teoría del capital, que no es deber de una persona media, sí se puede decir que la explicación popular de la crisis es compatible con la teoría austríaca. Se sabe que hubo unos excesos en el pasado, alentados por el sistema bancario y que ahora lo estamos pagando.
Richard Epstein ha
resumido recientemente sus ideas en el contexto del vibrante momento que vive la política de los Estados Unidos. Hayek ha vuelto a reivindicarse en esta crisis.