Concurrencia y transparencia: elementales técnicas de calidad de las instituciones
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
domingo 02 de septiembre de 2012, 18:09h
Una de las claves que explican el desastre en que nos estamos hundiendo económicamente, creo que consiste en haber abdicado del papel general de la Ley y haberlo sustituido por un gárrulo y garrulo caos de fueros, privilegios, prebendas, prerrogativas, favores, mercedes, gracias, socorros, dotes, dádivas, en fin, por títulos singulares de atribución de beneficios a quienes de una u otra forma, participan del Poder político. Y esa una y otra forma suele ser la propiamente política, esto es de los propios políticos, de sus dependientes, de su cobertura – normalmente sindical y de empleados públicos no funcionarios sino nombrados a dedo – de gremios y grupos burocráticos que se apropian de la organización, de empresarios “clientes” de tales Políticos y, en suma, de todos quienes tienen ocasión de medrar apropiándose del aparato administrativo estatal, autonómico y local y su galaxia de empresas y organizaciones.
Para conseguirlo, la clave consiste en evitar a toda costa la transparencia. Hoy, España – y especialmente sus Comunidades Autónomas - es de los países en que la oscuridad administrativa reina por encima de toda otra consideración. Y todo intento de conseguir alguna luz - al modo de los socios europeos y principalmente de entre ellos de los del norte de Europa donde siempre hubo desde el siglo XVII transparencia - está condenada a ser apagada, incluso antes de encenderse.
Medrar en la oscuridad, de manera viscosa, subterránea, es la clave del éxito del ascenso político y por ende social y administrativo. Así se logra alcanzar el máximo social sin pagar ningún precio en forma de esfuerzo, sacrificio, trabajo, y sin necesitar calidad alguna, sino simplemente presencia bruta y densa siempre cercana a los grupos que dominan la organización.
Sin transparencia, se evita, además, la concurrencia, esto es, la competencia de terceros más preparados cuya sola existencia amenaza el triunfo sórdido de quienes han hecho de la grosera fuerza bruta el eje de todas sus acciones, su única manera de lograr hacerse el hueco que otros conseguirían por sus propios medios.
Pero sin publicidad, concurrencia y transparencia, no existe posibilidad alguna de que aparezca la calidad y la excelencia. El problema está, probablemente, en que esta idea de excelencia y calidad importa poco, cuando no es exactamente contraria, a quienes están metidos en organizaciones y grupos que asaltan el poder y se hace con él dentro de cada organización.
Por eso no ha de extrañar que nuestros índices de calidad estén por los suelos. En los escasos casos en que se ha logrado una comparación, como es la educación, los resultados del Informe Pisa o del rango de las Universidades dejan claro que tenemos las peores series. Solo cuando el esfuerzo es individual se consiguen resultados, como en el deporte, donde curiosamente sí se exige calidad y desde luego se reconoce económicamente, incluso con cantidades astronómicas que nadie cuestiona; quizás porque es algo supuestamente marginal, desde luego, aunque sin embargo es un ejemplo que no se puede olvidar ya que está permanentemente en nuestra vida cotidiana. Ese ejemplo del deporte sería un buen espejo en que mirarse.
Pero hay que olvidarse, me temo. Cada vez más, estamos apresados por políticos y sindicatos y grupos de interés (burocráticos, empresariales). Por ello no podemos ni podremos salir fácilmente de esta situación. Argumentarán paradójicamente que conocer los datos públicos atenta a la protección de datos, fomenta la envidia y genera tensiones. En esas estamos.
Pero quede claro: no se conoce en toda la historia ni en toda la geografía un solo caso en que exista posibilidad de lograr éxitos reales y duraderos sin calidad. Y a su vez no es posible la calidad sin transparencia, sin competencia, sin publicidad, en definitiva, sin reglas que permitan que quien realmente sepa algo y pueda hacer algo, lo haga y no quede excluido por la grosera y bruta fuerza de la oscuridad, el monopolio y el silencio.
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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