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Dar sí, pero de rodillas…

sábado 08 de septiembre de 2012, 21:16h
Actualizado el: 05 de septiembre de 2014, 21:40h
El principal periódoco suizo-alemán “Tages Anzeiger “ publicaba esta semana el testimonio dramático de la familia Fernández, originaria de Vitoria, buscando una nueva vida huyendo de la crisis. Acampados a orillas del lago de Zúrich (solamente la plaza de camping para tres personas cuesta casi mil francos al mes), tanto le padre como la madre buscan empleo desesperadamente sin hablar una palabra de alemán, mientras su hijo de seis años se entretiene con lo que puede y observa fascinado las barcas, los cisnes y los trenes que pasan. También van pasando los días; el otoño es cuestión de horas y las nubes traen malos presagios.

Las respuestas son por ahora negativas. Sin dinero no hay vivienda; sin trabajo no hay permiso de residencia; sin permiso de residencia no se puede prolongar la estancia; el seguro médico es obligatorio para todos en este país. Como recordaba hace poco el responsable cantonal de integración, cuatro de cada diez zuriqueses somos extranjeros; seis de cada diez tienen un padre o una madre de origen extranjero. No, el problema no somos ‘los extranjeros’. La convivencia se apoya sobre tres pilares básicos que conviene recordar: la reflexión, la dignidad y el trabajo. En la autoderrisión helvética y en los chistes locales, al suizo se le caracteriza como una persona lenta, parca, austera, prudente, muy arraigado a lo suyo, desconfiado por naturaleza y amante de la naturaleza, nada dado a la improvisación y metódico. ¡Qué distinto del castizo chulo y espontáneo del ruedo, del tinto de verano, la sobremesa y la siesta!.

Quizá sean estos mismos ‘defectos’ los que han permitido a la sociedad suiza construir un modelo altamente competitivo que no regala falsas esperanzas a los inmigrantes; no regala créditos a los insolventes; no envicia al pueblo con un sistema asistencial desmesurado e incontrolable; no masifica sus universidades en aras de una ‘pseudo-intelectualidad’ clasista que rebaja a tercera división a los que optan por la formación profesional; no compra al vecino lo que uno mismo produce en su huerto; no acepta lo que está fuera de la ley.

A los que vivimos aquí desde hace tiempo no nos sorprenden los reglamentos aparentemente absurdos (‘no cortar la hierba los domingos’; ‘no sacar la basura en bolsa no homologada’); ni los referendums tan aparentemente absurdos como fútiles (‘sí o no a más horas de educación musical en primaria’, ‘sí o no al reconocimiento de los fumadores pasivos’). Nos sorprende, y mucho, que en una España caricatural y caciqueña se haya puesto a mendigar por cuatrocientos euros a la gente, muchos de ellos tituladísimos e hipotecadísimos, como la familia Fernández de Vitoria, de rodillas. Aquí la mendicidad esta prohibida. Son los que dan los que tendrían que ponerse de rodillas. También quienes dieron a los inmigrantes en España una tarjeta rumbo a ninguna parte, un espejismo de dignidad, a cambio de votos o de una salvación para su propia alma: de rodillas.

Pepa Echanove

Periodista

PEPA ECHANOVE es periodista y miembro de la Asociación-Red de Mujeres Españolas en Suiza.

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