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crítica de cine

[i]Todos tenemos un plan[/i], aunque al final no dé resultado

martes 11 de septiembre de 2012, 15:52h
Viggo Mortensen protagoniza este drama con tintes de thriller que dirige la argentina Ana Piterbarg y que acaba de estrenarse en nuestro país.
Los recuerdos dolorosos siempre nos persiguen. En el mejor de los casos. En el peor, los hechos del pasado infligieron heridas tan profundas que no se quedan en únicamente recuerdos. Da igual entonces lo que hagamos después y lo lejos que lleguemos a escaparnos, porque el resultado siempre será la infelicidad. Y esto, también en el mejor de los supuestos porque en el peor, como es el caso de Agustín, el protagonista de esta historia, Todos tenemos un plan, el final estará marcado por esa tragedia que parece perseguir a algunas personas.

Antes que a Agustín, la cinta, ópera prima de Ana Piterbarg, nos presenta a Pedro, su hermano gemelo. Viggo Mortensen se encarga de dar vida con una impecable e intensa interpretación a estos dos hombres tan iguales por fuera como aparentemente distintos por dentro. Pedro vive en la inhóspita región argentina del Delta del Tigre, donde ambos hermanos pasaron su infancia. Junto a Rosa, una joven vecina del pueblo, Pedro pasa los días recolectando miel y cuidando de las colmenas. Las noches, sin embargo, no son tan plácidas e inocentes. Es cuando se junta con su amigo de toda la vida, un tipo retorcido y tan oscuro como los menesteres delictivos a los que se dedica, arrastrando con él a Pedro.

Agustín, sin embargo, hace muchos años que dejó atrás aquella dura tierra. Es un reputado médico pediatra que pasa consulta en un hospital de Buenos Aires, está casado con Claudia, a quien interpreta la siempre correcta Soledad Villamil, y están a punto de que les entreguen al bebé que han adoptado. Y es esta, precisamente, la espita que pone en funcionamiento el explosivo interior del hombre que hasta el momento parecía perfecto. Agustín se viene abajo, entra en una espiral de dejadez impropia de un adulto y su mujer descubre los verdaderos sentimientos que amenazan con ahogar a su hasta entonces marido ideal.

A partir de ese suceso, empiezan a cruzarse las existencias de todos los personajes. No sólo las de los hermanos y Claudia, también las de todos aquellos que forman parte de la vida de Pedro en el cenagoso territorio del Delta del Tigre. La idiosincrasia de cada uno de ellos así como las actividades a las que se dedican se entremezclarán en una historia dramática que se acompaña de elementos propios del cine negro y que la cámara trata con desnuda eficacia. Sin artificios, se mueve retratando a los personajes y sus comportamientos de una manera pausada, sin escenas de acción desmesurada más allá de lo estrictamente preciso. Es, por el contrario, la lentitud la que trae consigo el desasosiego, la angustia que nos transmiten los personajes. Y poco a poco, la trama sigue enredando esos lazos, tirando de ellos despacio hasta despertar la intriga.

La cinta consigue, en definitiva, un resultado interesante, con una historia que engancha al espectador desde el principio y que apuesta claramente por la reflexión en vez de por el susto. De hecho, da la impresión de que sacrifica parte de la trama para poder dar mayor profundidad a lo que sienten los personajes, aunque, al hacerlo, acabe por dejar escapar la oportunidad de ofrecer un final mucho más rotundo, más elaborado.
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