eeuu
Washington cierra la pinza Rabat-Riad
jueves 13 de septiembre de 2012, 14:15h
La ronda de contactos que dan comienzo este jueves entre Estados Unidos y Marruecos tienen como objetivo situar al reino alauita en un lugar preferente en la estrategia internacional de Washington. De este modo, Rabat y Riad se convierten en los dos grandes enclaves en el mundo árabe de la política estadounidense.
Hoy se abre en Washington la primera sesión del diálogo estratégico entre Estados Unidos y el reino de Marruecos, que abordará la problemática bilateral, regional e internacional. Estados Unidos quiere hacer de su aliado marroquí la segunda pieza de la tenaza estratégica abierta sobre el espacio geopolítico árabo-musulmán. La monarquía wahabita de Arabia Saudita y la monarquía alaui de Marruecos constituyen los puntos de apoyo de la intervención norteamericana en la “primavera árabe”.
La Secretaria de Estado Hillary Clinton y el ministro marroquí de Exteriores Saad Dine el Othmani, abrirán la sesión del diálogo. El encuentro, al que los dos países atribuyen una importancia de primer orden, ha sido precedido por múltiples visitas de ambas partes. La última, la del número Dos de la diplomacia marroquí Yussef el Amrani a Washington en julio pasado, consecutiva a la de Hillary Clinton a Rabat en marzo, y que inició la prospección para constituir nuevos instrumentos de cooperación.
El volumen de relaciones económicas y financieras entre los dos países está en pleno crecimiento. En 2011 las importaciones de bienes americanos en Marruecos crecieron en un 47%, y las exportaciones marroquíes hacia EEUU en un 56%. Marruecos es actualmente el cuarto cliente de Estados Unidos en el mundo árabe, detrás de los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Egipto.
Washington ha terminado por dar el visto bueno a una relación completa y diversificada con su aliado marroquí. A las tradicionales relaciones políticas y militares, particularmente intensas desde la Segunda Guerra Mundial, se han añadido las técnicas, científicas, económicas y financieras, dominadas todas ellas por el pragmatismo, y ante las que Rabat ha aceptado las “condiciones” exigidas por su aliado transatlántico. El Acuerdo de Libre Cambio concluído entre los dos países en 2006, el primero que Washington firma con un país árabe, no se aplica en el “territorio del Sahara Occidental” que Marruecos administra desde los Acuerdos tripartitos de Madrid en noviembre de 1975. EEUU considera que dicho territorio aun no ha sido descolonizado, y que mientras el contencioso entre el gobierno de Marruecos y el Frente Polisario subsista en relación a la soberanía de la antigua colonia española, no se puede aplicar en el mismo un tratado bilateral de esta naturaleza. Lo que no obvia para que Estados Unidos como el resto de miembros del Consejo de Seguridad, sigan insistiendo a las partes en conflicto en “buscar una solución negociada” en el marco de las Resoluciones de la ONU, que incluyen el derecho de la población del territorio a decidir su futuro a través de una consulta referendaria.
Las diferencias entre la Casa Blanca y el Palacio Real en cuanto al contencioso del Sahara, pasan a segundo plano observadas desde la visión estratégica de Estados Unidos en la región árabo-musulmana. Washington cuenta con la influencia creciente y el peso histórico que tienen las monarquías wahabita saudí y alauita marroquí, para estabilizar el espacio geopolítico de la “primavera árabe” sujeto a fuertes convulsiones.
Según los observadores diplomáticos árabes, la reciente ofensiva salafista contra las embajadas de Estados Unidos en varios países y el asesinato del embajador norteamericano en Libia junto a tres de sus colaboradores, serán parte de la agenda de discusiones en esta primera sesión del Diálogo Estratégico entre Rabat y Washington. La Casa Blanca otorga gran interés en conocer la visión que pueden aportar los marroquíes para contener el crecimiento y la proliferación de tendencias salafistas y yihadistas, surgidas al calor de la “primavera árabe” y as las que Occidente había minimizado hasta ahora.
“El diálogo que vamos a iniciar incluirá el conflicto del Sahara, la situación en el Sahel, la crisis en Mali, la cooperación militar, la promoción de las inversiones y la reconducción del Acuerdo de Libre Cambio”, estima el subsecretario de Estado norteamericano encargado de asuntos del Magreb, Ray Maxwell. En otro orden de cosas, el diálogo se extenderá al conjunto de reformas emprendidas por Marruecos en los últimos años, y que Washington apoya y quiere ver profundizadas. La reciente visita al territorio del Sahara de una delegación norteamericana, no oficial pero de peso y autoridad reconocidos, dirigida por Kerry Kennedy, fue posible gracias a la discreta intervención del Departamento de Estado ante sus interlocutores marroquíes. “El Informe sobre derechos humanos elaborado por dicha ONG es claro, duro y conciso”, confirma una fuente diplomática a El Imparcial. “Sin embargo no hay que equivocarse, Washington quiere incluir el cojunto de la problemática en dicho dialogo estratégico, no para condenar a Rabat sino para ayudar a su aliado marroquí a seguir en el camino de las reformas emprendidas”, concluye.