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La fatiga de Cataluña

viernes 14 de septiembre de 2012, 01:20h
Artur Mas afirmaba ayer que hay una sensación de fatiga “del Estado hacia Cataluña y de Cataluña al Estado”, haciendo especial énfasis en ésta última “fatiga”. Para empezar, como siempre ocurre con las brumas nacionalistas, tienen problemas a la hora de articular el sujeto: no se sabe quién es el “Estado”. No nos lo han presentado. En todo caso, la formulación de Mas era la coletilla para pedir, una vez más, la secesión de España. Lo que era una vieja aspiración, sotto voce, de una significativa parte del nacionalismo catalán parece ahora cobrar más fuerza; o eso es al menos lo que intenta vender CIU. Y puede que tengan razón. Es innegable que hay una parte de la sociedad catalana que no se siente especialmente a gusto dentro de España. Ahora bien, de ahí a la secesión hay un trecho. El propio Mas reconocía que no necesariamente todos los asistentes a la manifestación de la Diada “eran independentistas”.

Y eso pone el foco sobre la clase política catalana, verdadera responsable de la actual situación. CIU ha acabado por quitarse la careta y hablar sin ambages de su histórica aspiración. Ocurre que ni todo su electorado la comparte ni a día de hoy tal cosa sería viable, al menos tal y como ellos la conciben. Allá cada cual con sus legítimas aspiraciones aunque, puestos a hablar de legitimidad, Mas debería recordar que ganó las elecciones gracias a las promesas de regeneración que hizo. Sus antecesores, los miembros del tripartito, jugaron a ser nacionalistas y el resultado a la vista está: una Generalidad casi en bancarrota.

Dos de los partidos que lo conformaban, PSOE e Izquierda Unida, con implantación nacional, se contagiaron del victimismo nacionalista e hicieron un discurso en esa misma dirección. De hecho, es un discurso repetido hasta la saciedad por la clase política de dicha comunidad, haciendo gala de un complejo de inferioridad acorde con la insolidaridad que practican. Hablan del déficit entre lo que ingresan y lo que reciben. Madrid y Baleares, por poner dos ejemplos, tiene un déficit mucho mayor en lo que a aportación de sus ciudadanos se refiere -en el caso de Madrid, la más solidaria de España con diferencia, del 73 por ciento- y no se quejan. El problema de ese razonamiento es que no vivimos en una confederación de reinos, sino en un pais de ciudadanos. Individuales. Los impuestos, que son progresivos, los pagan las personas, que no las regiones. Y es natural que donde haya ciudadanos más prósperos, se pague más. En Cataluña viven y trabajan personas de otras partes de España.

Las empresas catalanas se benefician de las infraestructuras y servicios del resto de Esspaña. Y el hecho de formar parte de España les permite, además, moverse en el ámbito de la Unión Europea. Secesión implica olvidarse de todo esto -y que el Barça juegue contra el Palamós en vez de hacerlo contra el Real Madrid o el Valencia-. Por no hablar de la enorme contradicción que supone pedir un pacto fiscal con el estado del que teóricamente se quieren secesionar; todo un ejercicio de absurdo político. Allá Mas y los suyos.
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