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TRIBUNA

Esperanza, eras nuestra esperanza

viernes 21 de septiembre de 2012, 08:38h
Como tantos madrileños, y creo también muchos españoles, pienso que la personalidad de Esperanza Aguirre, ha marcado, para bien, toda una década en esta ciudad y con proyección en el resto de España. Firme en las ideas, no solo pensaba lo que decía sino que tenía la rara virtud entre nuestros políticos de decir lo que pensaba. Lo cual, ya de por sí, irritaba enormemente a quienes están en política para pasar sin ser notados con el fin de limitarse a la gestión y eventualmente al medro personal (lo cual hoy son la inmensa mayoría de los políticos). Es decir, la actuación pública de Esperanza ha tenido valor y coraje, valores eternos hoy perdidos en la cobardía y pusilanimidad general nacional y en particular de casi todos los políticos. Motivo éste también para que fuera una piedra arrojada en el estanque de las aguas calmadas de quienes viven bien de hacer que hacen y no hacen nada.

Y nuestra Presidenta, sí que hizo, desde luego. Sí que hizo. Por de pronto, y con honradez — otra virtud inmensa pero poco practicada en esta sociedad y muy, muy poco por la casta política (no hay más que leer hoy mismo que en Andalucía se han llevado 12 millones de comisiones algunos políticos por algunos contratos, y eso es la punta del iceberg sin que los Partidos Políticos hagan nada) -, con honradez, digo, ha conseguido que la Comunidad de Madrid sea la primera económicamente, por encima de cualquier otra. Y ello, también, predicando que el esfuerzo, sacrificio y trabajo son las únicas armas con las que se puede contar para salir adelante. Esas, desde luego, pero también evitando que la Administración parasite cualquier proyecto y que a su vez el resultado fuera el prebendalismo para amigos y paniaguados. No. Ha creído más bien en las virtudes de la sociedad, de los ciudadanos, de las personas.

Por eso, pronto, eliminó trabas que dañaban a la persona y a su familia, como por ejemplo el denostado Impuesto de Sucesiones (que veremos ahora lo que dura su eliminación en manos de sus sucesores políticos), provocando así que en el resto de las Regiones imitaran pronto su decisión.
Porque Esperanza también ha provocado imitación, bien por puro seguidismo, bien por contraposición, ya que muchos se limitaban a decir que si ella hacía una cosa había que hacer algo parecido y otros, oponerse.

Tiene principios, esto es, fundamentos claros, basados desde luego en ideas sólidas que le permitan orientarse ante cualquier tormenta. Y tormentas ha pasado muchas.

En fin: principios, coraje, valor, sinceridad, ideas, firmeza, claridad, honradez y liderazgo. No es poco el bagaje con el que actuó y que ahora alguien debiera recoger.

Tuve la suerte de conocerla algo, hace años, y conversar sobre muchos temas, que ahora me vienen a la memoria. A veces tozuda, otras muy fascinante, siempre inteligente, su conversación fluía directa y también escuchaba y decía que aprendía incluso de este profesor, lo cual, me pareció muy estimulante y me animó a enviarle alguna vez mis ideas también por escrito.

Esperanza ha marcado una época con liderazgo en unos momentos en que en España no hay líderes. En España hay gestores timoratos más o menos buenos, gente que sigue la corriente y hace de la corrección política — no molestar, no decir, no pisar, ceder por definición, traicionar ideas, palabras y personas, no tener palabra, tampoco honor, - digo, hay gestores de la política, pero poco más. Y cuando alguien dice algo es como para no escucharlo, tratándose de provocaciones generadoras de tensión con la que ocultan otros problemas, pero no existen líderes con ideas en la que lo que valga, y en positivo, sea la propia idea. No existen ahora, porque Esperanza, que sí las tenía, se ha ido.

Ha tenido el valor, también, de dimitir, verbo que aquí no conjuga prácticamente nadie. Ejemplo moral inmenso, pues, al irse tomando ella la decisión y en un momento en que ofrecía a Madrid su último triunfo, en forma de una gran inversión turística.

La línea de Metro más importante de la Unión Europea, la modernización del transporte terrestre, el decidido apoyo a Barajas, siete hospitales públicos absolutamente novedosos por su enorme modernidad — nada menos que siete - colegios públicos con enseñanza bilingüe solvente (y aquí, bilingüe es con el inglés, naturalmente), y la generación de una actividad comercial, empresarial, económica, laboral, que se comprueba cuando a las cinco de la mañana ya están las carreteras a tope para entrar a trabajar en Madrid.

Buen legado deja. A su lado, muchos se han sentido pigmeos. Naturalmente, también. Y se va, insisto, por la puerta grande del deber cumplido, de la honradez y del reconocimiento de propios y extraños.

Hasta siempre, querida Esperanza, y que tu propio desafío personal se merezca el buen fin al que ahora te has de dedicar.
Con afecto de un madrileño.
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