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El infierno que olía a cloro

miércoles 26 de septiembre de 2012, 19:47h
En la Federación Española de Natación, no quieren que sus logros pasados y sus metas futuras queden empañadas por el velo de terror psicológico del que 15 nadadoras han acusado en una carta pública a la recién cesada Anna Tarrés. Aseguran, y en parte tienen razón, de que se trata de un problema de ámbito privado, que pertenece, además, a una etapa que ya están en vías de superar, sencillamente, porque la nueva persona que se ponga al mando de “las sincronizadas” tendrá sus propios métodos de entrenamiento, su exclusiva forma de lidiar con las chicas, y de liderarlas, para seguir llevándoles hasta lo más alto. Sin embargo, es lógico que, morbosidades aparte, la opinión pública se pregunte qué hay de cierto en lo que esas chicas han contado, ahora que Tarrés ha dejado de ser “la jefa”.

Antes de esto, ya muchos se preguntaron por las verdaderas razones de que Tarrés fuera cesada justo después de regresar con las maletas triunfantes de los pasados juegos en Londres. Y de muchas otras más citas anteriores. Es cierto, por otra parte, que en el mundo del deporte las cosas parecen, en ocasiones, funcionar al revés que en el resto de los mundos y que no es la primera vez que un entrenador tiene que despedirse nada más llegar a la cima, después de meses o años tirando de sus pupilos. Igual que si nada más coronar un pico inalcanzable y clavar la bandera, a uno le dieran una leve palmadita en la espalda antes de mandarle a casa con los laureles frescos esperando a otro más…¿enchufado? Por eso, en cuanto la noticia del despido cuasi fulminante de Tarrés saltó a los medios, estallaron los rumores acerca de la nueva, joven, famosa y carismática testa que esperaba colocarse esos laureles y que ese fuese el motivo de la inesperada despedida. En todo caso, el reinado de Tarrés ya duraba 15 años y aunque la máxima en la vida de los ciudadanos de a pie pueda ser que cuando las cosas funcionan es mejor no andar haciendo cambios, en el devenir de un deporte de élite podría resultar positivo un cambio.

Aún así, con todas estas posibles explicaciones, todavía parecían quedar cabos sueltos, piezas que no encajaban del todo. Y no hay nada como dejar de ser quien eres – a nivel profesional, por supuesto – para que la tapa que has mantenido cerrada con el peso de tu propio cuerpo salté por los aires en cuanto tengas que levantar el trasero. La tapa de la caja de Pandora-Tarrés, con sus posibles verdades y mentiras, rencillas, viejas venganzas e, incluso envidias, salió despedida como un cohete cargado por años de sentimientos encontrados, de esperanzas fallidas o ilusiones que no eran más que eso, ilusiones, y no es fácil perdonar a quien te las pone delante, mucho menos si quien lo hace desconoce el significado de la palabra empatía. Sea como fuere, la carta hecha pública por estas 15 nadadoras retrata a Anna Tarrés como una cruel dictadora de métodos rayanos en la tortura psicológica y, claro, uno se pregunta si precisamente en esta época en la que tan sensibilizados parecemos estar con ciertos métodos de educación y/o disciplina, haya podido existir lo que ellas relatan sin que los padres o los responsables últimos de la Federación tomaran cartas en el asunto. Dicen que a Anna se le permitía todo porque su método servía para llenar las vitrinas de trofeos y medallas, pero ¿no habíamos ya superado eso de que el fin nunca justifica los medios?

Como en el caso del preventorio de Navacerrada del que hablábamos la semana pasada, también en el mundo privado de la sincronizada la visión no es unánime y enseguida han aparecido las voces de aquellas nadadoras que aseguran no haber visto ni padecido nada de las prácticas de entrenamiento que para otras supusieron una cruz imposible de cargar, por muy importante que fuera el premio que había al final del camino.

Andrea Fuentes, líder del equipo, o Gemma Mengual, referente mediático de esta modalidad deportiva, aseguran no haber tenido nunca un problema de ese tipo. Fuentes va más allá afirmando que “En quince años de trabajo duro no vamos a pretender que todo sea un camino de rosas y de que vamos a ir flotando por los aires como cuadrúpedos felices. Somos gente que estamos en el deporte de elite y la elite no es para todos”.
Una vez más, parece que cielo e infierno pueden existir al mismo tiempo, en el mismo lugar.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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