"Eurovegas", "Ryanair" y los golpes del "Gallo"
martes 02 de octubre de 2012, 20:36h
Se cuenta que Rafael “El Gallo”, de regreso de América, hizo amistad con un dentista colombiano al que una tarde, ya en España, brindó con toda solemnidad una de sus faenas. La cosa no se dio bien. Rafael pegó un petardo de los suyos, casi se dejó vivo el toro y, blanco de la ira del respetable, al acercarse a recoger la montera hasta la barrera donde se la estaba custodiando el odontólogo, le dijo, más o menos:
-No dirá que no le trato a usted con toda la confianza del mundo. Tratarle con más confianza, imposible. Ya habrá visto que la amistad que le tengo es sincera de verdad. Comprenderá que yo, a alguien con quien no tenga confianza, no voy a hacerle esto.
Ahí brillan la gracia y el sentido común propios de los genios. Un buen golpe de arte, redime de cualquier inconveniencia a su autor. Incluso a “Ryanair”, la compañía aérea de vuelos de bajo coste que anda, últimamente, en boca de toda la prensa a cuento de lo animado de sus trayectos: que si hay que atender a los pasajeros de un ataque de chinches, que si, de repente y sin motivo, saltan las mascarillas y los chalecos salvavidas haciendo que cunda el pánico entre el pasaje, temeroso ante la inminencia de un descenso de emergencia… Un poco, lo de “Aterriza como puedas”.
Pues hacía tiempo que no me reía tanto como la otra tarde, leyendo un reportaje de Checa, audaz reportero de “El Norte de Castilla” que reunió arrestos para subirse a un vuelo de “Ryanair” y, luego, contarlo. Parece ser que, una vez los pasajeros, a fuerza de empellones y revoltijos, lograron más o menos acomodarse en el interior de la nave, la azafata se acercó al periodista y le preguntó:
-¿Sabe usted si queda más gente por subir al avión?
La pregunta no deja de translucir una cierta sabiduría añeja, pues, ¿no se ha dicho siempre que, donde comen dos, comen tres? Volar con azafatas con esos golpes, no tiene precio.
Claro que, en lo que a precios se refiere, cada uno pone el suyo. El otro día, decidí tirar la casa por la ventana e ir de rico: me acerqué a un quiosco y compré un diario. Me tiré de risa ante la apocalíptica advertencia de un columnista a propósito de que “Eurovegas” significa un peligro, por cuanto va a crear “empleo precario”. ¡Precario! ¿En qué país pensará este caballero que vivimos? Lo mejor de todo es que, en dicho periódico, según mis fuentes, pagan los artículos a sus colaboradores con cheques canjeables en “El Corte Inglés” (y sólo en “El Corte Inglés”). Es decir, tú escribes un artículo y, a cambio, te entregan un vale para que te acerques a por unos yogures, unos flanes o un bote de espuma de afeitar. Y estos señores, que escriben y publican bajo tan berlanguianas condiciones, van y denuncian que cuidado con “Eurovegas”, que existe el riesgo de que pague a la gente 1000 euros al mes.
Voy a enterarme cuanto antes de si el equipo de “Eurovegas”, esa deplorable empresa dedicada al entretenimiento, tiene en mente lanzar una revista, pues –contra el parecer de ese columnista tan celoso de los derechos de los trabajadores- me encantaría formar parte de su cantera de firmas esclavas. ¡Cobrar por escribir! Sí, ya sé que adquirir un yogur con tu propio dinero supone un bochornoso menoscabo de la dignidad individual, pero… ¿Qué quieren que les diga, señores? ¡Hasta ese punto de desvergüenza le llevan a uno las circunstancias!