Mas ensalza al resto de España
jueves 04 de octubre de 2012, 01:07h
A diferencia del resto de presidentes autonómicos, Artur Mas dejó esperar un día para hacer declaraciones públicas acerca de su impresión sobre la reunión llevada a cabo en el Senado el pasado martes. Lo hizo en Barcelona, en un gesto que pretendía realzar la “catalanidad” de sus demandas frente a la “unidad, unidad y unidad” -según sus propias palabras- del resto de sus colegas, y también protestar porque nadie hiciera referencia a los “procesos que está viviendo actualmente Cataluña”. En un nuevo alarde de contradicción -algo, por lo demás consustancial al nacionalismo en su conjunto- Mas se respondía a sí mismo añadiendo que en la cita del martes no salió el tema secesionista “porque no tocaba”.
Y tiene razón. La reunión de presidentes autonómicos tenía como dos de sus fines primordiales adquirir un compromiso en firme para consolidar la estabilidad financiera por un lado y, por otro, trasladar al exterior una imagen de unidad en torno a una senda común. Así las cosas, es comprensible que no tocase hablar de otro tipo de consideraciones. El hecho de que el propio Artur Mas pusiera de relieve que todos los asistentes mantuvieran un mismo posicionamiento es tanto como reconocer el éxito de dicha reunión.
También tira Mas piedras contra su propio tejado cuando admite que casi el 40 por ciento del gasto que soportan las autonomías proviene de las competencias en materias tales como sanidad, educación y justicia. Como apuntó en su momento Esperanza Aguirre, quizá es hora ya de empezar a replantearse los efectos perniciosos que una descentralización desaforada y basada en complejos políticos en lugar de sentido común. Durante los últimos años, el estado se ha ido vaciando de competencias en detrimento de unas comunidades autónomas cuyo modelo de gestión puede evaluarse con sólo echar un vistazo al estado de sus cuentas. Pese a quien pese, España soporta una estructura de estado inoperante, costosísima y con multitud de duplicidades. Y Mas debería tomar nota de ello y obrar en consecuencia, en vez de atizar los fantasmas del secesionismo.