La decadencia de la clase política española
martes 09 de octubre de 2012, 20:09h
El Auto del Juez Pedraz sobre las manifestaciones alrededor del Congreso de los Diputados del 25 de septiembre ha tenido una trascendencia mediática superior al previsto, principalmente por traspasar los límites del petitum procesal y entrar en valoraciones más allá de lo propiamente jurídico. Además, estas valoraciones, claramente negativas, se centraban sobre el poder político o clase política y su decadencia, según afirmaciones del propio Juez. Sin entrar en consideraciones de si el Juez se ha extralimitado en sus funciones propiamente jurisdiccionales, si es bueno aprovechar la ocasión para reflexionar sobre tan tajante afirmación.
Es cierto que el ciudadano español manifiesta una opinión claramente crítica sobre su clase política, no es que lo diga el Juez Pedraz, es que desde noviembre del año 2009 la clase política aparece en las mensuales encuestas del CIS como el tercer problema de nuestro país. Por aquel entonces con unos porcentajes próximos al 10 %, hoy supera el 23 %. Sin duda, algo pasa y es conveniente afrontarlo. De entrada es evidente que la propia crisis que vivimos hace que los gobernados busquen y exijan responsabilidades a sus gobernantes. Y no les falta razón. Nadie puede negar que las cosas no se han hecho bien, que ahora sufrimos las consecuencias, y que los políticos son responsables cualificados y principales por ser los actores de nuestra vida pública, no en exclusividad, pero sí principalmente.
Creo que sería interesante hacerse la siguiente simple pregunta: ¿De dónde surgen los políticos? Básicamente de los partidos políticos, aunque no en todos los casos. Son los partidos políticos el eslabón intermedio entre la sociedad civil y el poder político. El artículo 6 de nuestra Constitución de 1978 señala que “los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad política y son instrumento fundamental para la participación política”. Una de las claves por lo tanto se centrará en el proceso de selección de líderes que se da en los partidos políticos. Y sinceramente creo que aquí está el meollo de la cuestión, o al menos, una parte importante de él. ¿Cómo se da la selección?
Los partidos políticos tradicionales suelen tener jóvenes -juventudes socialistas (PSOE) o nuevas generaciones (PP)- que entran a hacer carrera política en el partido, con el problema de que muchos de ellos no tienen más formación que esa -o sea, ninguna- y lamentablemente no han trabajado nunca fuera del partido. De este mecanismo de selección se derivan diversos problemas: 1. No seleccionamos a los mejores o más competentes, todo lo contrario, se puede llegar a dar una selección negativa de los más hábiles y astutos para sobrevivir, prosperar y hacer carrera en el partido; 2. Esto implica que las personas mejor preparadas que puedan llegar al partido son un peligro para los mediocres que trabajan sólo en los despachos, de forma y manera que paulatinamente lo mejor de la sociedad que pueda acceder a un partido político opta por buscar su futuro fuera de él, dado lo irrespirable del ambiente, al final el partido puede acabar con una selección inversa, esto es, no de los mejores si no de los más hábiles, astutos o conspiradores; 3. Este ambiente hace que al final se formen familias alrededor de los distintos líderes del partido, de esta forma se crean grupos de supervivencia dentro del partido para lograr cuotas de poder y de colocar a los tuyos, la idea del noble servicio público que rige a la política ya ha quedado pues bastante desvirtuada; por último 4. Algo terrible, muchas de estas personas no tienen ni oficio ni beneficio fuera de la política, por tanto harán prácticamente “cualquier cosa” por mantenerse dentro de ella. O desde otra perspectiva, no pueden dar un portazo e irse cuando ven o hacen algo que no les convence, pues no tienen ese margen de autonomía o independencia.
Todo ello hace recomendable una fuerte remodelación en la concepción de los partidos políticos tradicionales, que a mi entender iría por prohibir esas nuevas generaciones o juventudes, de forma y manera que quien acceda al partido político sea una persona que ya haya demostrado que se sabe ganar la vida fuera de él. Esto es decisivo, por lo demás, deben ser personas que no estén toda su vida en política, hay que saberse ir y renovar el partido. Cuidado también con la efebopolítica, en mi opinión los cincuenta y sesenta años es una muy buena edad para desempeñar puestos de poder relevantes, es cuando las personas tienen la suficiente experiencia y madurez para ello.
Termino. No tengo la menor duda de que en política hay gente verdaderamente honesta y entregada a la vida pública española, pero sinceramente, estimo que especialmente en las cúpulas de los partidos políticos hacen falta mayores cotas de exigencia ética y moral para cortar de raíz los múltiples casos de corrupción y corruptelas que sufrimos. Es esencial recuperar el sentido de Estado y la vocación de servicio público de la política, sin olvidar, por qué no decirlo, que la clase política es fiel reflejo de la sociedad civil de la que se nutre, nos guste o no. Estamos en un momento de transición, creo no equivocarme mucho al indicar que el futuro de los partidos políticos pasa por estructuras más flexibles, ágiles y pequeñas, de renovaciones periódicas y más bien no excesivamente extensas en el tiempo. Precisamos recuperar lo mejor de la sociedad civil, que lo hay, para que enriquezcan a nuestra clase política, y que ésta sea lo suficientemente inteligente y humilde para dejarse enriquecer.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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