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desde otra orilla

Todo el poder para Chávez

domingo 14 de octubre de 2012, 11:01h
Javier Rupérez, Embajador de España, advierte de que "la peste bolivariana extiende y consolida su manto por el continente" tras la victoria de Hugo Chávez.
Nos habíamos hecho la ilusión de que Henrique Capriles podría conseguirlo: desplazar del poder al populista Chávez. Sabíamos de la dificultad del empeño, dado el estilo de juego que se gastan los bolivarianos, pero junto con millones de venezolanos y tantos otros seres decentes de aquí y allá que no lo son, creíamos en las alentadoras encuestas al tiempo que esperábamos el milagro. No ha podido ser. Chávez tiene por delante otros seis años de poder cuasi ilimitado. Y los venezolanos otros tantos tiempos de amargura, inseguridad y desatino.

Siguiendo las pautas de la corrección política al uso, tiempo ha faltado para que dentro del continente o a través del Atlántico hayan corrido los telegramas de felicitación por el amplio triunfo —incluso aquí caben cuestiones de estilo, ¿o es que no se sabe utilizar adecuadamente la pluma para moderar los entusiasmos?- del ex comandante tanquista mientras que sin saber bien porqué se repiten los parabienes por la generalización de la democracia en el continente. Todos saben que hay una conspicua excepción pero no importa, porque el signo de los tiempos hace que la Cuba de los Castro tenga bula en la generalizada y pía demanda democratizadora. Siempre que uno, claro está, no sea hondureño o paraguayo y de derechas, porque entonces, con democracia o sin ella, lo único que le espera son las tinieblas exteriores.

Si bien se mira, y en contra de nuestros mejores deseos, era imposible que Chávez no ganara. Habrá quienes discutan sobre la regularidad del proceso y sobre sus posibles violaciones y la manera en que tales condiciones hayan podido torcer la voluntad ciudadana. Y sin descartarlo lo cierto es que Chávez ha inaugurado un tiempo tanto mas peligroso cuanto que al amparo de unas cuantas formas -cada vez menos, dicho sea de paso- pervierte de tal manera la voluntad ciudadana y cercena de tal manera las posibilidades de la oposición que en la práctica los resultados electorales están predeterminados. Cuando existe una ocupación total del ejecutivo, un legislativo servil y un judicial amaestrado, cuando la riqueza nacional está en totalmente en las opacas manos del regidor, que no duda en amenazar, chantajear o expulsar a los disidentes, la apelación democrática se convierte en un sarcasmo y el funcionamiento del sistema en una dictadura apenas velada por los tramposos detalles del escenógrafo. Que, no nos engañemos, no es otro que Castro. En estas condiciones el resultado electoral de Capriles constituye una gesta de obligado seguimiento porque, punto más arriba o abajo, el chavismo ya no tiene otros recursos que los derivados de la extorsión y la fuerza.

Mientras tanto bueno será recordar algunas de las características que Venezuela ha adquirido durante el chavismo. Tiene una tasa de asesinatos de 67 personas por 100.000, cinco veces mayor que la de Méjico, que ha supuesto la muerte violenta de 155.788 personas desde 1999. Una tasa de inflación anual del 24%, la tasa mas baja de crecimiento de toda America Latina, a pesar de sus ingentes rentas petrolíferas y del alto precio de los hidrocarburos durante la última década, una constante escasez en los productos básicos, un pésimo suministro de la energía eléctrica y una economía en la práctica nacionalizada. Claro que Chávez ha sabido encontrar en China el prestamista de ocasión para sus despilfarros y en Cuba la cobertura ideal para los servicios secretos y en parte los servicios sanitarios y educativos. Que nadie se engañe: Chávez ha construido un castrismo con elecciones. Que encima se le felicite por ganarlas con amplitud se antoja un torpe sarcasmo.

Y, qué duda cabe, la continuación de Chávez en el poder he sido recibido con alivio y parabienes por los miembros del clan, aquellos que prestan fidelidad al proyecto a cambio de la gratuidad en los suministros petrolíferos. Allí están los Castro, y Correa, y Ortega, y Morales, y no muy demasiado lejos Cristina y algún otro que también acecha. No son buenas las noticias que llegan de Venezuela. La peste bolivariana extiende y consolida su manto por el continente. En la misma medida en que sufren la libertad y la prosperidad de sus habitantes. Mantengamos la corrección pero no la confundamos con un juicio moral. Lo de Chávez y compinches tiene poco que ver con la democracia.