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François Hollande busca apoyos en África

Francia, favorable a la intervención militar en Mali

domingo 14 de octubre de 2012, 12:26h
La cumbre de la “francofonía” buscar respaldo a una intervención militar en el norte de Mali. Por Pedro Canales
La cumbre de la “francofonía” que reúne en Congo-Kinshasa a 15 jefes de Estado de las antiguas colonias parisinas en África, junto al Presidente François Hollande y el primer ministro canadiense, pretende, además de defender el bloque geopolítico de influencia francesa, buscar respaldo a una intervención militar en el norte de Mali, con logística y unidades especiales francesas y tropa africana.

Los intereses mineros, estratégicos y políticos de Francia son tales en la región del Sahel, que no puede permitirse el lujo de fracasar en una expedición militar para la que Naciones Unidas ya ha abierto la puerta. La última esfera de influencia francesa en el mundo se encuentra precisamente en África, particularmente en el Magreb, el Sahel y África Occidental; y es la justificación del antiguo imperio colonial para defender su estatus de potencia mundial y miembro permanente del Consejo de Seguridad dela ONU.

En la apertura de la cumbre de Kinshasa, el Jefe de Estado francés declaró que en este continente “se juega el porvenir del planeta”; algo que los analistas consideran una afirmación en clave doméstica. Y para mostrar su buena voluntad frente a los países presentes en el Congo, Hollande pasó la página de la llamada “franciafrica” (Françafrique), que durante medio siglo basó las relaciones entre la metrópoli parisina y sus excolonias en la corrupción, los negocios turbios y la intervención militar para salvar a los déspotas y regímenes dictatoriales “amigos” en el continente.

Sin embargo, al tiempo que François Hollande pregonaba desde la tribuna “el amor a la libertad y la democracia”, “la solidaridad y el respeto mutuo”, en los pasillos se preparaba una nueva aventura militar en la región del Sahara-Sahel, en base a un escenario justificativo muy similar al usado por los Estados Unidos en Afganistán: impedir que un grupo de exaltados de coloración radical islámica (talibanes en Kabul y yihadistas del MUJAO en Mali) se adueñen de un pedazo de desierto desconocido y dejado a su suerte por las capitales occidentales.

Por inspiración francesa, el Consejo de Seguridad ha votado esta semana una Resolución que abre las puertas a una intervención armada para desalojar los grupos violentos que imperan en la región norte maliense, islamistas y tuaregs. Bajo el pomposo epígrafe de “fuerza panafricana”, la acción militar será planificada y llevada a cabo por “unidades especiales”, “asesores militares” y otros “consejeros de inteligencia” galos, ya sobre el terreno, aunque París desmiente. “Nosotros, Francia, la apoyaremos material y logísticamente, pero no tendremos soldados que participen en dicha operación”, es decir tropa, declaró el Presidente Hollande. “Sin embargo haremos todo lo posible para que sea un éxito”. Libia repetit. Aunque para contentar a los miembros del Consejo poco belicistas, el órgano onusiano da un plazo de 45 días antes del día D, para permitir negociaciones políticas.

De cualquier manera, aunque Francia lleva la voz cantante de la cruzada intervencionista, no puede hacerlo sin el apoyo más o menos importante de Estados Unidos. Washington parece inclinado a dar su apoyo a París, si bien su decisión final sólo podrá ser tomada tras las Elecciones de noviembre a la Casa Blanca que enfrentan el demócrata Barack Obama y el republicano Mitt Romney.

Sin embargo, cualquiera sea la composición de la nueva “coalición internacional” y los tiempos de intervención, queda por resolver el obstáculo que representa la negativa hasta el momento dada por Argelia a la operación militar. Con más de mil kilómetros de frontera con la zona conflictiva, ni París, ni Washington pueden pasar por encima de Argel, que sigue insistiendo en una solución negociada. Precisamente François Hollande hará su primera visita al Magreb en Argel, presumiblemente a principios de diciembre, y usará todos sus argumentos para convencer a su anfitrión Abdelaziz Buteflika de apoyar la acción bélica, o al menos no obstaculizarla.

“La operación en realidad ya ha comenzado con la Resolución del Consejo de Seguridad que abre la puerta a la intervención”, subraya el exministro argelino Abdelaziz Rahabi en una entrevista al diario El Watan. “Lo que queda por saber es si Argelia dispone aún de tiempo para influir sobre la situación”, dice el diplomático, para quien la acción occidental está destinada a impedir “un nuevo Pakistán” en la región del Sahel, que amenazaría “su seguridad nacional”.

Rahabi, que fue también embajador de su país en España en los años 90, se muestra muy crítico con el propio régimen de Buteflika que, según él, se ha dejado engatusar por las alabanzas occidentales (Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña) que le hacían creer que poseía una gran experiencia antiterrorista y medios suficientes para hacer frente a esta lacra. Y hoy por hoy se encuentra en una situación inquietante en sus fronteras: inestable con Mauritania y Marruecos, y hostiles con Malí y Libia. Para el exministro de Información del primer gobierno de Abdelaziz Buteflika, lo que está ocurriendo en el Sahel “es simplemente una lucha de influencias entre las potencias, y entre éstas y el terrorismo internacional, el tráfico de armas y de drogas". “Las zonas de confrontación en el mundo no son fijas, y el Sahel reúne las mejores condiciones: Estados frágiles, pobreza, tribalismo y corrupción. Todos los ingredientes que favorecen la influencia de los movimientos yihadistas y la intervención extranjera”, concluye Rahabi.

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