El coso, la cosa y el acoso
lunes 15 de octubre de 2012, 20:26h
Vivimos cercados. La presión es interna y externa. Los capotes repiten faena un día y otro. Hay instituciones que ya no tienen fondos para pagar nóminas e hipotecan un futuro vacío. Se mueven, sin embargo, olas de dinero. Basta observar las peticiones de socorro de las Comunidades autónomas y cómo engullen, en jornadas breves, el caudal recibido. Han saturado el número de posibilidades y prebendas de partido. Y fuera, siguen los parabienes por los ajustes, pero ya no convencen por sí solos. La Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, conocidos como la troika, recelan del funcionamiento de las estructuras políticas. No ayuda tampoco la inestabilidad de la idea misma de España, nombre común y unívoco para todo país y ciudadano extranjero que cite el nuestro.
En los corros internacionales aún hay confianza. Crece, con todo, la sospecha de que España no se entiende ni encuentra en el nuevo panorama de la Historia. Hace un año, dos, nos revolvíamos aún intentando invertir la historia reciente desde la Guerra Civil. Ahora se acentúan orígenes atávicos y rencillas centenarias. Y todo bajo la incertidumbre de elecciones autonómicas en Galicia, País vasco y Cataluña. Un cuarto escaso de la población pone en jaque al resto del Estado español. Mayor asimetría, imposible.
Europa se vuelve poco a poco en contra de la expectativa que había creado en España a comienzos del siglo XXI. No podemos prescindir, sin embargo, del dinero que reparte. Es una tentación para abrir grietas en las comunidades limítrofes y alimentar el sueño metonímico de encubrir bajo la denominación de regiones europeas algunas de las que fueron tales en España y hoy se nombran Nación o Estado de una futura Europa federada. Se puede vivir muy bien en corto bajo el paraguas comunitario.
Esta tentación afecta también a los partidos políticos, pues dependen ahora mismo del dinero apalabrado. La cosa, “res” pública, se complica, pues muchos zarandean con mil ardides la Constitución que posibilitó este momento. La pugna es franca y capciosa entre oposición y Gobierno. Una no hace nada y el otro se siente imposibilitado para hacer algo fuera de lo que le dictan. Y al dictado escribimos desde hace muchos años. En medio, la población impasible, amormada por la impotencia, o removida por el reclamo de toda la oposición con el único instrumento que le queda de su experiencia en época de apuros. El acoso. Dentro y fuera del Parlamento.
Una consecuencia grave de la crisis está siendo la decadencia política y ética del partido socialista que más años gobernó en España. La experiencia acumulada choca con el filo de la ley en varios vértices. Y nadie se hace eco del tiempo mentido, del expolio. Ni asoma una idea nueva que no altere aún más la situación creada. Otro mal de España es no saber aprovechar la experiencia vivida. Denuncia la pobreza intelectual de quienes gobernaban. Y de otros que lo hicieron antes y tampoco ven ahora cómo zanjar la situación al margen del dictado, por lo demás controvertido, de la Unión Europea.
El tiempo transcurrido desde hace tres años barrunta la sospecha de que se intentó un acoso a la soberanía de España por parte de las comunidades que ahora se dicen secesionistas e independientes. Una ingeniería sutil para obtener con cálculos sobre la mesa lo que no se obtendría a las claras de la voluntad pública de los ciudadanos. Y con la anuencia del presidente entonces gobernante. No se atendió a los síntomas claros de irresponsabilidad institucional y se procuró además el derrumbe financiero de entidades como las Cajas de Ahorro y el servilismo de las fuerzas públicas.
De esta herencia participa también el Gobierno actual por no decir claramente cuál fue, es la situación, quiénes los responsables concretos, y encubrir, con dilaciones u ocultamientos, el expolio político de los ahorros públicos y la estabilidad del Estado. Se nota mucho que es deudo de la banca y que esta, alguno de los bancos notables, medió en el desmoronamiento y transformación de aquellas finanzas. El hueco social dejado por las Cajas de Ahorros no lo suple hoy ninguno de los consorcios monetarios. Y al Gobierno se le ocurre la feliz idea de un banco malo, cuando debiera crear uno público solvente mientras la situación no se reconduce. Acto de soberanía.
Salvatis salvandis, esta parte del contubernio solapado de poder recuerda aquella otra de principio de siglo cuando Mario Conde, hoy candidato oficial de la política, intentó un giro bancario convirtiendo la tradición monetaria en inversión social de nuevo cuño financiero. Si los demás invertían solo el sobrante de caja, a él le era suficiente la mitad y cubría el resto con activación pública, sobre todo en imagen propia. Tal su error y a cuenta de vales crediticios. El rédito social le abriría las puertas de una posible presidencia de Gobierno en momentos también muy críticos. Tanto la banca como la oposición y mandatarios de época se pusieron nerviosos y decidieron actuar en su contra, según los indicios que cabe enredar y tejer de uno y otro rincón. Un linchamiento político en regla.
Resulta sociológicamente atractivo ver hoy a aquel príncipe de la boyante sociedad española de finales del siglo XX, director de un banco potente, luego condenado a presidio más de una década por estafa, malversación y otros cargos, hacerse eco de la remoción cívica. Experiencia no le falta. Conocimiento del entorno, le sobra. Con él se pliega el sistema democrático viéndose entre los entresijos de sus propios canales y escoria. El Ave Fénix… con la punta de las alas recortadas.
Recuerdo un artículo de Le Monde sobre la personalidad de este príncipe social a poco de situarse entre rejas. Un caballero. Y creo que ese halo no lo perdió nunca, lo cual dice mucho de su inteligencia nada común, sino más bien diferente, con otro horizonte.
El programa que presenta a las elecciones gallegas también acosa, pero de otro modo. Es para remover, no para desfondar. Si antes intentaba caer del techo situándose en el centro del corro, a derecha e izquierda, y ensayar un giro de efervescencia pública, ahora asoma la cabeza por debajo y hacia arriba. Se mueve en corto, pues no le dejan líneas próximas, calientes, de larga distancia, como la televisión. Va boca a boca, que es el único modo de hacerse escuchar en Galicia, por donde empieza. Misión para rato, pues hay mucha curva, corredoira, oído en bisel, de medio lado. Pero intenciones diversas pueden converger por mor de circunstancias. Hay fechas en el horizonte que provocan murmullos, corrillos, expectativas de cara a enero.
La remoción de la sociedad civil la lidera en Francia Jean-Pierre Chevènement, del partido socialista y varias veces ministro desde 1980 con algunas pretensiones a presidente del país en 2002, 2007 y 2012. Despertó bastante expectativa social con su Movimiento Republicano y Ciudadano e hizo varias reformas en el campo de la educación, inmigración y relaciones intercomunitarias. Prefiere una moneda común europea y no única para preservar la soberanía financiera de Francia y se opone a una federación de estilo americano.
El programa de Mario Conde, coincidente en varios aspectos con el de Chevènement, como la soberanía y desvinculación efectiva del poder judicial respecto del ejecutivo, es sin embargo más agudo, incluso radical, aun viniendo del flanco derecho. Recoge el malestar público contra la clase política y agentes sociales al proponer un cambio de retribución por los servicios prestados y de representación ciudadana. Y ofrece un referéndum sobre la forma de regentarnos para zanjar de una vez reticencias en sordina, con la Constitución, renovada, en la mano. Oportunismo no le falta. Olfato, parece tenerlo. Ambición, menos que antes, o más bridada. Sería un verdadero revulsivo ante la parsimonia oficial y enquistamiento político del país. Afecta, como hace años, a unos y otros, por lo que será difícil su ascenso mediático. Ahora se protege con la sociedad civil, no con finanzas, títulos y mandarines, como entonces.
Desconcierta a muchos esta valentía y arrojo para sobrellevar, contra corriente, el peso del pasado y revertir en oro el silencio de las celdas. Tiempo para meditarlo, tuvo. Inteligencia para lucirlo, también. El reto es público.
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Filósofo, Catedrático de Lingüística y escritor.
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