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SELECCIONADA PARA EL IDFA

[i]Món petit[/i]: Pequeñas historias que dan la vuelta al mundo

sábado 20 de octubre de 2012, 10:12h
Albert Casals, barcelonés de 19 años, lleva desde los 14 viajando por el mundo sólo, sin dinero y en su silla de ruedas. Su último viaje, esta vez en compañía de su novia Anna, le lleva al punto exacto más alejado del planeta desde su Barcelona natal: un faro situado en Nueva Zelanda. La película documental Mundo Pequeño, del realizador Marcel Barrena, recoge la aventura de Casals y la utiliza como hilo conductor para contar su historia y poner encima de la mesa temas como la idea preconcebida del mundo, de nuestras limitaciones y de las relaciones humanas. Ahora, la cinta de Barrena ha conseguido llegar tan lejos como su protagonista y se ha convertido en la única producción española seleccionada para competir en el IDFA, el festival de cine documental más prestigioso del mundo.
En un momento en que los recortes, la subida del IVA y la sombra del precipicio son las más habituales referencias a la industria española del cine, llega Mundo Pequeño y rompe los esquemas. Como contagiada por la historia de optimismo y superación que narra, una producción pequeña, con un presupuesto ajustado y firmada por un novel en el género ha conseguido colarse en competición oficial del IDFA (International Documentary Film Festival Amsterdam), el festival de cine documental más prestigioso del mundo. “Es como el Cannes del documental, lo más alto a lo que podíamos aspirar”, explica su director, Marcel Barrena en una entrevista con El Imparcial.

Mundo Pequeño (Món Petit) acompaña al joven Albert Casals en un viaje hasta el punto exacto del planeta más alejado de su Barcelona natal: un remoto faro de Nueva Zelanda. Albert tiene 19 años, 14 de los cuales los ha pasado sobre una silla de ruedas después de que una aparentemente simple mononucleosis le derivara en leucemia. El que se inmortaliza en este documental es el más largo de sus viajes, pero no el primero; desde los 14 años Casals viaja por el mundo con tres sencillas reglas: nada de dinero, nada de billetes de avión y nada de compañía. En esta aventura, se autoconcede una modificación de sus propias condiciones para compartir el viaje con su novia Anna y una cámara de video.

El resultado es, según Barrena, “una aspirina” contra la “época gris” que nos atraviesa. El cineasta reconoce que ese fue el motor que le empujó a aceptar la propuesta de Umbilical Produccions sobre llevar la historia de Casals a la gran pantalla. “No pude decir que no. Todo esto coincidió con la entrada de España en crisis, los ánimos estaban un poco bajos y de repente te ponen delante a Albert, un tío que siempre se está riendo, que nunca jamás se enfada y que siempre logra sus objetivos, sea cual sea el problema… esta era una historia que había que contar”, confiesa el cineasta.

A la espera de su paso por el IDFA, su exposición a la crítica y su examen en las salas –previsiblemente en abril de 2013-, Mundo Pequeño va desvelando sus armas. “A diferencia del planteamiento clásico del cine, en el que el personaje cambia a lo largo de la historia, en esta película creo que el que cambia es el espectador”, apunta Barrena. “Una de las cosas que descubrí mientras buceaba en la vida de Albert es que los tópicos dejan de ser tópicos para hacerse realidad”, señala para admitir que lo primero que pensó al conocer la vida de Casals es lo que probablemente pase por la cabeza del público antes de ver su película: “Este tío está loco y no sabe de la vida ni la mitad”. Sin embargo, el cineasta asegura que “al cabo de los 83 minutos que dura el documental no sólo dejas de pensar que el chico está loco, sino que te planteas si en nuestra vida hacemos realmente lo que queremos”.

El director de Mundo Pequeño aclara que el viaje de Casals y Anna hasta Nueva Zelanda no es más que una excusa para poner encima de la mesa otros temas, sobre todo “que las cosas pueden ser distintas a lo que damos por seguro, cosas como que el mundo es un lugar mucho más amable y menos peligroso de lo que nos cuenta o que podemos ser felices si nos lo proponemos de verdad”. Tal y como resume el propio Albert Casals: “Si quieres viajar, viaja, y si no, no viajes. Haz lo que te dé la gana, pero intenta hacerlo con ilusión y sin que el miedo te nuble”.

La relación de Casals con sus padres es otro de los grandes temas del documental. Fue su padre quien se encargó de su educación durante las largas estancias del niño en el hospital, quien le enseñó a montar una tienda de campaña y le ayudó a preparar su primer viaje. Barrena reconoce que resulta chocante, al principio, que se le permita a un niño de 14 años viajar solo por el mundo, pero asegura que, aunque este es un caso concreto y no extrapolable a todos los adolescentes, anima a una reflexión sobre la a veces sobreprotección de los hijos.



Siendo consciente del riesgo de caer en la moralina y el aleccionamiento por el propio peso de la historia, Barrena despoja a la película de cualquier enfoque ‘naif’ o intencionadamente dramático y apuesta por la naturalidad del propio Casals. El 50 por ciento del metraje está grabado por la novia del protagonista con una cámara doméstica que le proporcionó la productora, condición que el director vio imprescindible para no contaminar la realidad de los viajes de Casals. “No podíamos ir acompañándoles todo el tiempo porque la idea se desvirtuaría, el público no se lo creería”, explica Barrena. El resto, momentos puntuales en los que sí se viajó al lado de los chicos y el nudo de entrevistas que estructuran el documental, son resultado del equipo de rodaje profesional.

El hándicap del género
En lo que sí intervino la mano del cineasta es en adaptar la cinta, en cierto modo, “a los cánones de la ficción”. Mundo Pequeño es la segundo trabajo de Barrena en la dirección después de la exitosa comedia romántica para televisión Cuatro estaciones, que ganó el premio Gaudí al mejor film televisivo en 2011. “Vengo de la ficción, así que he intentado tomar de ella la forma de narrar también para este documental, intentando motivar giros que enganchen al espectador de Mundo Pequeño y lo arrastren como si estuviera viendo Indiana Jones”, explica.

Con su siguiente proyecto en marcha –otra comedia romántica en fase de preproducción que contara, como ya lo hizo en su primera película, con Leticia Dolera como actriz protagonista-, Barrena reconoce que nunca pensó en rodar un documental y que tampoco hay más proyectos de este género entre sus planes. Aún así, aboga por limar la frontera entre formatos, puesto que “lo importante es buscar la mejor historia y ver la mejor forma de contarla”.

“Todo es cine y todo son experiencias que pueden verse en una sala”, defiende el realizador, y reconoce que, mientras en otros mercados como el americano o el francés el documental está más presente en la vida de los espectadores, nuestro país es “particularmente pobre en el tema”. Barrena achaca la situación del género en España a dos razones fundamentales que se retroalimentan entre sí. Por un lado, hay una “costumbre cultural” de no ir a las salas a ver cine documental por considerar que “no merece la pena”. Por otra parte, “la imagen que han transmitido históricamente nuestros documentales es la de ser aburridos, pesados y con demasiada narración e imagen de archivo”, cuando la realidad es que actualmente “hay documentales de todos los tipos” y que “un espectador puede disfrutar viendo un documental tanto o más que viendo una ficción”.

El pase de Mundo Pequeño en el IDFA se lo pondrá un poco más fácil a la modesta producción de Barrena y favorecerá las ventas y la distribución, sobre todo en el extranjero. El realización catalán admite que, habitualmente, los productos españoles se valoran más fuera, en festivales internacionales, que en las salas del propio país, aunque es una tendencia que ha ido cambiando con el tiempo. “La gente va teniendo poco a poco más respeto por el cine español, sea del género que sea; el problema es que estamos en un periodo de crisis y de recortes en el que esa fuente que iba tan para arriba puede correr el peligro de cortarse de repente”, ilustra Barrena.

Con un presupuesto de 200.000 euros –ajustado, teniendo en cuenta que las superproducciones del tipo de Lo imposible, el taquillazo de Juan José Bayona, alcanzan los 35 millones y que este documental ha tardado en elaborarse 4 años-, Mundo Pequeño se ha adaptado a lo que hoy exige la industria: hacer más con menos. Barrena considera que en la situación actual se van a fomentar dos vías de producción: las películas muy grandes, que requieren una vasta financiación pero cuentan con ingredientes casi infalibles para atraer al público a las salas, o las películas muy pequeñas, más asequibles y con un público, quizás, más específico.

“Cada vez es más complicado”, reconoce Barrena, pero también se muestra calado por el mensaje de Casals y su Mundo Pequeño: “Si él puede ha podido hacer esto, a lo mejor entre todos podemos hacer que las cosas vayan un poco mejor”.
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