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charla con el entrenador latinoamericano de referencia

Tabárez: “España tuvo su gran desarrollo deportivo cuando participó de la bonanza económica de la zona europea”

sábado 20 de octubre de 2012, 11:01h
Actualizado el: 24/11/2014 23:50h
Uruguay en términos futbolísticos representa uno de los gigantes que dominaron este deporte durante su primer tercio de existencia, los protagonistas del histórico “Maracanzo” a Brasil y uno de los países que sienten con mayor pasión a su selección nacional. Sin embargo, tras décadas de ausencia, la celeste ha vuelto a la élite tras llegar a las semifinales del Mundial de Sudáfrica y ganar la Copa América de 2011 en Argentina. El artífice del resurgimiento uruguayo se llama Óscar Washington Tabárez, el actual entrenador latinoamericano de referencia, y EL IMPARCIAL ha charlado con él sobre el proyecto que ha recolocado a los charrúa en la cima del balompié.

El cuarto puesto de Uruguay en el Mundial de Sudáfrica fue un milagro. Pero, a veces, los milagros tienen explicación y este tuvo que ver con el trabajo que Óscar Washington Tabárez (Montevideo, 1947) hizo con mucha paciencia. Le dejaron actuar. Le esperaron. Pudo desarrollar el fútbol que él quería y consiguió un clima de fraternidad entre los jugadores que favoreció para que ocurriera el milagro”. Eduardo Galeano, escritor uruguayo considerado como uno de los analistas de la realidad latinoamericana de mayor clarividencia y confeso aficionado al fútbol, exteriorizaba de este modo sus sentir días después del retorno de su selección nacional a la élite del balompié -en Sudáfrica 2010-. El autor de “La venas abiertas de América Latina” apuntaba al seleccionador como protagonista del “milagro” charrúa. Le culpaba de la vuelta de la celeste al lugar que considera propio: la batalla por el cetro mundial.

Tabárez, “El Maestro” como se le conoce en el gremio futbolero debido a la labor docente que desempeñó al tiempo que se hacía un hueco en la cima del balompié nacional, desprende pasión por Uruguay y por su fútbol. Arrancamos la charla con el entrenador latinoamericano de referencia preguntándonos por los factores que han influido en la transformación del balompié uruguayo hasta la actual etapa exitosa. “El cambio en la inercia del fútbol uruguayo tiene que ver con la evolución que ha tenido el fútbol y también el mundo”, anticipa. Argumenta su análisis señalando que “el Uruguay que impuso su supremacía futbolística en la primera mitad del siglo XX era un país con bienestar, al que se le llamó la Suiza de América, con un gran sistema democrático y un gran sistema de enseñanza pública”. Señala que “sus formas de pobreza eran bastante distintas a las de ahora, que en algunos casos son hasta insultantes, y en este marco, Uruguay perdió su primer partido un Mundial en 1954 contra Hungría en Suiza”, para enlazar con el núcleo de la cuestión: la esencia del problema que diagnosticó y batalló por erradicar.


Empezó la mitificación del pasado: aquello ya no se podía repetir, aquellos jugadores eran auténticos campeones y no como los de la actualidad; y además existe la concepción de una cultura del bajón: dejar espacio a lo negativo, todo lo opuesto a lo positivo”. Expuesta la raíz de la cuestión, el seleccionador aliña su exposición con ejemplificaciones personales, exhibiendo, casi sin querer, la facilidad didáctica del maestro que instruye a su alumno, herramienta con la que ha construido uno de los vestuarios más comprometidos del panorama futbolístico actual. “Yo de niño me vinculé con esa cosa. Tenía 3 años cuando Uruguay ganó el Mundial en Maracaná (1950). Pero durante la niñez, adolescencia, juventud y primera época como futbolista me llegaron versiones que explicaban que Brasil era diez veces mejor que nosotros, que éramos menos hombres y nos intimidábamos”.

La argumentación del concepto cultural del bajón prosigue con una reflexión que bien podría asimilarse a nuestra España pre-campeona de la Eurocopa de 2008. “Uruguay ha interpretado el fútbol nacional como el país del pero: tenemos un buen equipo y está dando que hablar… pero me han dicho esto y aquello así que no ganará nada”.

¿Cómo combatir esa cultura del bajón que, instalada en las fronteras de lo deportivo, había contagiado a un pueblo que seguía añorando la bonanza social de la primera mitad del pasado siglo? “En unos años sabáticos que tuve antes de entrenar a la selección, de 2003 a 2005 -se tomó un descanso instructivo tras dejar el banquillo de Boca Juniors-, tuve la oportunidad de hablar directamente con jugadores del 50 y de aquellas conversaciones y de algunos estudios posteriores comprendí que acá quisimos mitificar la nacionalidad y cometimos el pecado de interrumpir la continuidad histórica. Hubiera sido bueno que, pese a las dificultades, hubieran tenido su aportación los futbolistas de la época gloriosa, pero la mayoría de ellos se recluyeron porque eran gente muy humilde y esto dio lugar a la confusión”. El seleccionador diseñó su estrategia tratando de enlazar el pasado y la actualidad para construir el futuro de la selección nacional. Una empresa de tal calado, que excede lo deportivo para traspasar la frontera de lo sociológico, necesitaba un uruguayo que entendiera el balompié desde un prisma más elevado que la altura del banquillo.


No en vano, cabe recordar que asomarse al fútbol en Uruguay significa visitar la excelsa figura de los primeros ídolos internacionales que generó este deporte. Conlleva recordar las históricas hazañas del primer campeón del mundo -cuando el trofeo se llamaba Jules Rimet, allá por la década de los 30- y emocionarse con el equipo que desnudó en 1950 a la primera selección brasileña de ensueño, en su casa, en Río de Janeiro, y ante 175.000 espectadores. En lo que se conoce en la historia de este deporte como el “Maracanazo”. Es comprobar cómo el recuerdo de futbolistas como Héctor “Mago” Scarone, Juan “Pepe” Schiaffino o Alcides “Ñato” Ghiggia, que inscribieron el nombre de la selección celeste con letras doradas en los anuarios del balompié, ha quedado grabado en el alma del pueblo. Un pueblo que identifica el fútbol como un elemento de cohesión nacional esencial y que contempla a su estadio Centenario –único coliseo que presume del distintivo otorgado por la FIFA de Monumento Histórico del Fútbol Mundial- como una obra de arte más que hila el relato de su historia. Una nación que ha desempolvado su latente idiosincrasia ganadora en los últimos cinco años con el cuarto puesto en Sudáfrica 2010 y con la conquista de su decimoquinta Copa América en 2011.


Acercando el foco del análisis a la actualidad, Tabárez, un intelectual que saborea el aroma a gloria de los pioneros, que ha analizado y aprehendido la evolución histórica del país y de su fútbol a lo largo del siglo pasado y que goza de la visión periférica que le otorga su experiencia en América y Europa, reflexiona sobre los centros de poder del balompié para completar el esquema de la batalla por la filosofía nacional en lo relativo al deporte más seguido. “El centro del fútbol mundial, por capacidad organizativa, económica, y, consecuentemente, porque cuenta con los mejores jugadores del mundo se encuentra en las grandes ligas de Europa. Ahí está el verdadero poderío del fútbol”, sentencia.

Entra en escena entonces otro de los elementos indispensables en esta argumentación: “Si usted escribe con flechitas en un mapa la dirección de las corrientes migratorias de los futbolistas va a ver que hay países como el nuestro en los que cada vez se exportan más futbolistas y a edades más tempranas". El discurso de "El Maestro” desprende la seriedad de su trabajo a través del rigor de un científico en el manejo de datos, fechas y estadísticas para glosar su hipótesis. “Nosotros tuvimos la selección sub-15 que salió subcampeona sudamericana en 2007 y cuando llegó la hora de formar el equipo sub-17, había cuatro chicos de 14 años que ya estaban en Europa. Esta es una parte de la realidad y hay que convivir con ella”.


Seguimos recorriendo el camino hacia la conformación de la selección uruguaya que se coronó en la Copa América de Argentina 2011 y este ciudadano montevideano comparte con nosotros un diseño teórico sobre los condicionantes necesarios para triunfar y la situación que afronta su equipo técnico y la Asociación Uruguaya de Fútbol. “Hay requisitos imprescindibles para estar en las posiciones de privilegio que Uruguay no tiene. Por ejemplo la cantidad de población, que tiene que ver con la cantidad de futbolistas que pueden ser elegidos. Tampoco es un país rico, ya que el PIB o el ingreso per cápita no se compara al de las potencias que están en la élite del fútbol”, declara.

En este instante, Tabárez detiene por primera vez su recorrido en la selección española: “Al ganar España el Mundial completó una nómica de cinco o seis países que los han ganado, pero que coincide que son los de mayor población de Europa y, además, España ha tenido su gran desarrollo deportivo cuando participó de la bonanza de toda la zona europea y esas variables no las tenemos en Uruguay”.


Pero un hombre acostumbrado a contemplar su trabajo como un continuo estudio y aprendizaje, no excluye de su interpretación las variables históricas que no gozan de representación estadística. “Lo que nosotros tenemos es el tercer condicionante que se requiere, que es la cultura y experiencia futbolística y en eso somos uno de los países más importantes del mundo”, apunta. “Cultura futbolística”, se apresura a aclarar, “tienen los países en los que el fútbol es importante no solo para aquellos que lo practican y los aficionados, sino para toda la población”.

De nuevo, ejecutando el apartado instructivo del discurso argumentativo, Tabárez se detiene para ejemplificar su hipótesis con una vivencia en primera persona, esta vez, con voz afectada: “Cuando volvimos de Sudáfrica (Mundial) y de Argentina (Copa América) tuvimos momentos en los que el fútbol pareció unir a toda la población. Yo he archivado declaraciones de una anciana de 80 años que decía que nunca le había interesado el fútbol pero cuando ganamos la Copa América sintió un deseo irrefrenable de ir a abrazarse con la gente en la calle. Eso solo pasa en un país como Uruguay”.

Llegados a este punto, y trazando un paralelismo con lo acontecido en España, se antoja necesario cuestionar si los éxitos logrados por la selección nacional han calado en la idiosincrasia del pueblo. Si lo deportivo ha excedido sus límites para contaminar también a lo social.


“Yo creo que sí, pero no sé si es algo que ya se ha instalado en la sociedad o necesita que se repita más veces para afianzar esa euforia. Creo que la gente joven de este país, le hablo desde niños a gente de 40 años o más, que nunca había vivido algo similar con la selección de Uruguay, han hecho ver por reacciones colectivas espontáneas de la población que no solo el resultado es importante, sino también lo que se hizo para conseguirlo y la conciencia de que a veces el resultado puede no llegar pese al esfuerzo”. Tabárez acompaña de nuevo su exposición relatando una anécdota relativa al Mundial de 2010: “Cuando estábamos en Sudáfrica empatamos el primer partido contra Francia y en el segundo nos tocaba contra el local, contra Sudáfrica. Uruguay ganó tres a cero y una de mis hijas me contó que había mucha gente en las calles festejando, gente joven fundamentalmente. Algún periodista les preguntó, con lógica, si no consideraban muy apresurado salir a celebrar en el segundo partido del torneo. La respuesta de casi todos era la misma: no importa. Esto, en Uruguay no ocurría”. “No digo que haya desaparecido la cultura del bajón, pero sí ha llegado un viento de renovación, sobre todo traído por la gente joven”, explica.


Por último, para cerrar su argumentación sobre la cultura del bajón de la que también ha adolecido nuestro país, el seleccionador uruguayo confiesa que esto “nos causa efecto a los profesionales”. Al tiempo, comparte con emotiva nostalgia una anécdota tras la oleada de éxitos a la que ha conducido a su selección nacional: “Un día, una madre me puso delante a un niño de dos o tres años, y le dijo: Viste, aquí está Tabárez”. “Yo me puse a llorar porque jamás pensé que uno pudiera tener ese efecto”, añade. “Uno se pone pensar, porque tiene sus hijas y nietos, en lo importante que es para el sentimiento de identidad nacional, de pertenencia a un lugar, a un país, a una manera de ser, esas vivencias que le van a acompañar toda la vida, y que no les van a tener que contar”. “Eso para nosotros es una gran motivación”.

Esta es la motivación del ciudadano encargado de recuperar para su país los versos de su ilustre compatriota, Mario Benedetti: “No te rindas, que aún estás a tiempo de abrazar la vida y comenzar de nuevo, de aceptar tu sombra y liberar el lastre (…) abandonar las murallas que te protegieron, volver a la vida y aceptar el reto”. Óscar Washington Tabárez, que expresa sus sentimientos relativos a los logros alcanzados señalando que “más allá de que uno tenga un rol profesional, no escapa a la base de pasión y de amor por el fútbol que hay en Uruguay y que se extiende a casi todos sus pobladores”, concluye su reflexión sobre el rol que ha jugado su labor al frente del seleccionado nacional en el balompié y sociedad charrúas subrayando que “estas son realidades que superan cualquier sueño que pude haber tenido y que en realidad no tuve porque habría sido demasiado ambicioso. Por eso es cierto que la realidad a veces supera a los sueños”.
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