Crónica cultural
Confesiones inusitadas de Saphia Azzedine
miércoles 24 de octubre de 2012, 18:30h
Después del éxito de Confesiones a Alá, la escritora francesa y marroquí Saphia Azzedine llega a Madrid para presentar su segunda novela Mi padre es mujer de la limpieza.
Lo primero que choca en Saphia Azzedine es que esa voz que pone palabras sin miedo a una realidad desagradable, a veces soez, otras siniestra, siempre divertida, es una escritora tremendamente joven y de una belleza aplastante. La mirada de Azzedine es la de una persona inteligente, que ha vivido dos mundos paralelos en los que en uno era una especie de reina y en el otro tenía que luchar para que la escucharan. ¿Y eso por qué? Son las cosas absurdas de este sistema en el que vivimos hoy en día, que se rige por reglas sociales, religiosas, clasistas y que Azzedine, a través de sus novelas, retrata mejor que nadie.
Si ya con su primera novela Confesiones a Alá (Demipage, 2010) dejó a Francia desconcertada ante su franqueza, Azzedine vuelve a desatar su lengua sin tapujos para mostrar en Mi padre es mujer de la limpieza, la realidad de las familias de emigrantes del sur que viven en Francia. Su lucha por sobrevivir en un medio en donde es difícil entender a los que tienen poco vocabulario y pocos recursos de expresión. Sin tener las palabras que permiten decir y expresar lo que uno siente y piensa, aparece la violencia, cuenta Azzedine a este periódico, recién llegada de París. Su novela ha sido un éxito absoluto en Francia. Personaje mediático, verdadera estrella del mundo literario, Azzedine prefiere mantenerse alejada de esa fama que solo puede hacer daño y que le hace perder a uno, la noción de realidad.
En Confesiones a Alá –que mas que confesiones son confidencias si nos fiamos del título francés– hablaba de la sumisión de las mujeres, de la hipocresía social y religiosa, de la prostitución en Marruecos, de una manera chocante: poniéndole voz a esa prostituta que al principio del libro era una muchacha analfabeta y que al final adquiere la libertad gracias a “la educación”, aprende a leer y a escribir. En Mi padre es mujer de la limpieza, que ahora publica en España la editorial Demipage, el personaje principal es Polo un chico de 14 años que vive en un barrio periférico de París y acompaña a su padre a limpiar oficinas y bibliotecas por la noche. A Polo le gusta la lectura y aunque intente sin éxito entrar en “una comunidad”, su mirada algo cándida y curiosa nos habla de las realidades que le rodean: familias musulmanas, gitanas, africanas que luchan por salir de la miseria.
Lo más bonito es que esa lucha la llevan con humor y alegría. Gracias al humor, ¬–que para Azzedine es una verdadera arma de fuego para retratar y también para que los personajes sobrevivan a la miseria– va desmontando todos los engranajes de un sistema que no da ni pizca de esperanza a las personas que vienen de hogares desfavorecidos, y cuyo sistema les dificulta la integración.
El jueves por la tarde, Saphia Azzedine presenta su novela Mi padre es mujer de la limpieza en el Instituto Francés de Madrid, para luego ir a Barcelona, antes de regresar a París.