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Otro embrollo sangriento en Oriente Próximo

Víctor Morales Lezcano
viernes 26 de octubre de 2012, 21:11h
El viernes 19 de octubre fue asesinado en Beirut el general de brigada Wissam al-Hassan, jefe de seguridad del gobierno libanés. Como un reguero de pólvora se difundió inmediatamente por la capital, la sospecha de que Al-Hassan acababa de ser víctima de los sectores de población libanesa confesionalmente chiíes, y, por ende, jaleados por la formación islámica Hezbollah -nada hostil al régimen de Assad en Siria-. Mientras que, por otro lado, amplias capas de la población libanesa se inclinan a favor del Frente de Liberación sirio, cuya trayectoria ha resultado un tanto sinuosa durante las últimas semanas de enfrentamiento con el ejército sirio en las calles céntricas y barrios periféricos de Alepo y Damasco misma.

A las tensiones antagónicas entre las sectas religiosas que vertebran los partidos políticos del Líbano -Falangistas (sic) de la derecha política cristiana incluidos- se suma el papel “catalizador” que el partido milicia Hezbollah viene protagonizando en el tándem territorial sirio-libanés desde hace más de treinta años. Hezbollah, como se recordará, ha sido y es partidario de un integrismo religioso compactamente anti-israelí y, en la hora presente, muy allegado a la intervención indirecta de Irán en todo el arco geográfico de Oriente Próximo.

Con unos ingredientes antagónicos tan explosivos, hay quien teme el desencadenamiento de una nueva guerra civil en Líbano -País de los Cedros, donde entre 1975 y 1990 la pólvora y la sangre prevalecieron ad nauseam-.

También en Trípoli ha habido otro atentado mortal, cometido en la persona de Abdel Razzak, un imám salafí que fue fundador de un pequeño partido político (Al-Tawhid). Este trágico suceso puede desembocar en la implicación abierta de corrientes yihadistas en la guerra civil larvada que se está incubando en Líbano.

Por otra parte, la dramática situación interna que se autorreproduce en Siria desde hace año y medio, sólo arranca condenas onusinas y llamamientos humanitarios de tribunas y agencias pacifistas, así como gestiones mediadoras de hombres de bien -como la fallida de Kofi Annan y la actual del diplomático argelino Lakhdar Brahimi-. Mientras tanto, todo el clima pre-electoral que durante meses ha condicionado la vida pública de Estados Unidos, y, por otro lado, las elecciones generales previstas en Alemania a principios de 2013, y la negativa de Moscú y Teherán a la intervención desde dentro de Siria para detener el dramático holocausto en que está envuelto dicho país, son posicionamientos que sólo contribuyen al empeoramiento de la situación. Sin ir más lejos, una explosión mortífera tuvo lugar en un barrio cristiano de Damasco el pasado domingo. Toda la cadena de repercusiones terroristas que está engendrando el régimen de Bashir Assad y -en cierta medida- la viscosa oposición que le combate, tendrá que “reventar” en algún momento. Damasco juega todas sus cartas posibles contra sus adversarios, entre los que se cuenta la carta hostil contra Turquía.

Veamos. La frontera sirio-turca que se desliza por las ciudades de Senyurt, Nusaybin y Semdini no es sólo una vía para miles de refugiados sirios, sino una línea que divide otra frontera entre Turquía y las bolsas de población kurda que, desde la región de Van al este de Anatolia, mantienen un duelo violento con el gobierno de Taïeb Erdogan, por considerar que este primer ministro viene incumpliendo sus promesas de avanzar por la senda de la autonomía (regulada) y legalización de la lengua kurmanji (muy extendida entre la población del Kurdistán (del futuro).

En una situación desesperada como la que atraviesa el régimen de Assad, Damasco alienta a parte de la población kurda radicada en el norte de Siria para que arrecie en sus reclamaciones ante Ankara y que, además, provoque incidentes (sangrientos) con los destacamentos turcos apostados en la línea divisoria sirio-turca.

Erdogan se viene uniendo a los compromisarios cataríes, egipcios, alemanes e iraquíes prestos a interponerse entre los bandos en que se ha fracturado la población de Siria. A lo que no parece estar dispuesto Erdogan es a desempeñar un papel que habría de protagonizar otro sistema internacional diferente al que dis-funciona en la actualidad, en situaciones internacionales palmariamente críticas. Como es, sin duda, el caso de Siria.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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