Esta vez sí, Berlusconi es condenado
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 28 de octubre de 2012, 15:31h
El tribunal de Milán, en primer grado, ha condenado al ex Presidente de Italia, Silvio Berlusconi, a cuatro años de prisión y cinco de inhabilitación por fraude fiscal en el llamado caso Mediaset. En la sentencia se indica que se ha tratado de una “evasión sistemática de grandes cantidades de dinero”. Asimismo, se ha subrayado un dato que no sorprende: tal y como demuestra su carrera empresarial y luego política, Berlusconi tiene “propensión a cometer delitos”. Se trata de una de las primeras condenas para el cavaliere, ya que, en el pasado, pese a ser investigado en múltiples procesos, siempre logró eludir la acción de la justicia en virtud de prescripciones y leyes ad personam, confeccionadas a su medida y para su uso y consumo. Aún así, la pena ya ha sido reducida por el mismo tribunal de cuatro años a uno, al aplicar una ley de indultos aprobada en 2006 –por el propio Berlusconi-con el objetivo de reducir el número de presos en las cárceles.
Tras un largo proceso, miles de papeles y la colaboración de otras Magistraturas extranjeras, los jueces italianos han considerado a Berlusconi culpable, condenándole pese a saber que esta decisión provocaría grandes polémicas. Y así ha sido: Berlusconi y sus prosélitos parlamentarios han empezado una serie de ataques e injurias irresponsables, que confirman el estado de degradación de la política italiana y el mal gusto de personas que ocupan cargos relevantes. Estos personajillos deberían saber que, en una democracia basada en la división de poderes, no se puede atacar a los jueces o criticarlos ásperamente. Asimismo provocan hilaridad las palabras de Berlusconi repetidas monótonamente desde hace años: ya nadie se cree que de verdad es “victima de la Magistratura” o “perseguido por los fiscales”. Berlusconi y su entourage deberían comprender que no se trata de una decisión de un Estado policial, sino de un Estado de derecho, donde los Magistrados se ocupan de que se aplique la ley y de que Berlusconi no sea “más igual que los demás”. Igualmente desafortunada podría ser la decisión del ex mandatario de presentarse a las elecciones para defenderse de las “togas rojas” y buscar así, nuevamente, la inmunidad judicial. Además, se trata de un condena virtual: Berlusconi no pasará por prisión ni será inhabilitado (es un juicio en primer grado) por un sistema judicial preocupantemente lento y, en la mayoría de los casos, indulgente. Aún así, el ex jefe de Gobierno de Italia, que además tiene otros dos juicios abiertos (el caso Ruby Rubacorazones y el de Unipol) seguirá escapando de la justicia, usando su fortuna y su experiencia para conseguir su impunidad. Intentará entorpecer todo lo posible el trabajo de los Magistrados, sabiendo que en un par de años el delito imputado caerá en prescripción.
En la última rueda de prensa, Berlusconi ha parecido cansado y confuso: ha intentado confirmar el mensaje de hace unos días, contradiciéndole y mostrando su deseo de realizar un “ajuste de cuentas” con la Magistratura. Sus palabras transmiten impotencia y gana de revancha. Un retorno espectacular de Berlusconi a la arena política nacional resultaría grotesco: el ex mandatario debe alejarse de la tentación populista manifestada en estas últimas horas, apartarse de la política para defenderse en las sedes oportunas (no en sus televisiones) y entender que la Historia de Italia nos ha enseñado que a veces es más sabio abdicar a tiempo que huir precipitadamente a Bríndisi. La sentencia debe ser interpretada como el final de una época, una aventura política que empezó en las televisiones, pasó por Palazzo Chigi y que ha terminado en la sala de un tribunal. La condena de Berlusconi se produce en un momento particularmente difícil para la derecha italiana, involucrada en innumerables escándalos de corrupción y con unos índices de popularidad por los suelos. No obstante, tanto la condena de Berlusconi como su decisión de no presentarse a las elecciones deben representar, para la derecha italiana, una ocasión para apartar definitivamente a su líder y renovar su ideario político. El centro-derecha italiano debe buscar una nueva identidad y nuevas alianzas, considerando la condena como una oportunidad para acelerar el post-berlusconismo, evitando caer en tentaciones anacrónicas o populistas. Las elecciones están a la vuelta de la esquina, pero aún queda tiempo para nuevos “golpes a efecto” o decisiones inquietantes por parte del padre-padrón del PdL. Ha llegado el momento de desprenderse de Berlusconi, alma mater de la coalición, y construir una formación política moderna y sensata. La condena del ex presidente, a manos de su némesis (los magistrados) y el comunicado del jueves, una especie de testamento político, deben suponer el finis regnis y el inicio de una nueva etapa política nacional.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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