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Primera exposición sobre el artista, "el más cosmopolita de su generación"

El Prado reinvidica a Martín Rico, un revolucionario del paisaje en el siglo XIX

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
miércoles 31 de octubre de 2012, 13:59h
Actualizado el: 18 de noviembre de 2014, 15:36h
El Museo del Prado ha recuperado en una intimista exposición la genial obra de Martín Rico, paisajista del siglo XIX, gran amigo de otros artistas como Sorolla o Fortuny y un revolucionario de su tiempo. La posibilidad de descubrir las pinturas de Rico supone una grata experiencia dado el acertado tratamiento del color, la brillantez de la luz y la cambiante pincelada de sus pinturas. Según Javier Barón, comisario de la muestra, se trata del primer pintor que creó toda su obra del natural a partir de 1866-67, singularísimo y el más cosmopolita de su generación, tanto que a él se atribuye la primera obra impresionista creada en España.
La primera exposición que se organiza sobre Martín Rico (1833-1908), paisajista español del siglo XIX, no podía ser organizada por otra institución que el Museo del Prado, garante de parte de su obra pictórica, que ha estado dispersa durante los últimos años a causa de la atracción que coleccionistas estadounidenses han sentido por ella.

No es de extrañar que así haya sido si se contemplan los 101 trabajos de Rico reunidos en esta muestra, en la que además de óleos, también hay dibujos preparatorios y acuarelas de una calidad exquisita. La mayoría son inéditas.

Amigo de artistas como Fortuny o Ricardo de Madrazo, compartió con ellos el paso del romanticismo al realismo en unos paisajes que han invitado a considerarlo como el introductor de esta temática en España. Una acuarela sobre papel titulada Martín Rico pintando, de Madrazo, y una tinta y aguada de Fortuny que muestra a Rico y Madrazo pintando hacen patente la conexión que hubo entre ellos, como también con Joaquín Sorolla, quien retrató a Rico en un cuadro incluido en la exposición que acaba de ser restaurado por el Prado.

La "campechanía y extraversión" con las que fue retratado Rico por Sorolla denota el buen carácter del que debió gozar este pintor paisajista, a quien Javier Barón, comisario de la muestra, considera “el primero en crear toda su obra del natural a partir de 1866-1867”. El hecho de que así fuera determinó que sus pinturas no tuvieran un gran formato dado que, de no haber sido así, su traslado habría sido complicado.

Barón, quien ha impartido esta semana una conferencia para abordar la figura y obra de Rico, considera el punto de partida de la actividad artística de Rico su conocimiento de la acuarela a través de Genaro Pérez Villaamil. En las ocho obras creadas a partir de esta técnica y reunidas en la muestra, se percibe todavía un gusto romántico, pero que deja entrever novedades de estilo como recursos luminosos en los blancos de las ramas de los árboles que pinta en alguna de ellas. Estas obras, “de color bello y elegante”, según Barón, influyeron en Sorolla o Beruete.

Su interés por integrar paisaje, etnografía y ciudad llevó a Rico a emprender viajes por España, además de por el extranjero con largas estancias en Francia o Italia. Si bien, su búsqueda del natural lo llevó en primera instancia a representar los sistemas montañosos españoles como el Guadarrama, Sierra Nevada o los Pirineos.

En el óleo Un paisaje del Guadarrama, aún de tendencia romántica, hay un interés manifiesto por representar detalles realistas como se observa en lo elementos pintados en primer plano. Lo mismo ocurre en Un país, cercanías de Azañón, en el que “la plasticidad del paisaje le sirvió para encontrar una aproximación al paisaje realista, aunque sea también una vista panorámica propia del romanticismo”, según Barón, quien destaca de este cuadro el uso de una paleta cromática “que no se ve en otro paisajista español de su tiempo”. Ya en esta pintura, Rico introduce un elemento que será habitual en su trayectoria, el agua. A través de riachuelos y cursos de río, el artista experimentó con los reflejos que crean sobre el agua los árboles, las gentes, las casas y las barcas que pueblan sus pinturas. Algo que también queda patente en Paisaje de la Casa de Campo, que también ha sido restaurado recientemente y en el que destaca la variedad de colores, la individualización de los árboles, así como la introducción de pequeñas figuras humanas o animales, un recurso que venía a confirmarlo no como un mero paisajista, sino como un academicista.

Sus estancias en Francia le permitieron conocer la obra de Corot y de Daubigny, quienes ejercieron una gran influencia en su trayectoria. Pinta en esta etapa Un canal cerca de Poissy, en el que introdujo nubes decrecientes que acentúan la impresión de lejanía y, por tanto, la profundidad de la obra.

En La Varenne conoció a Pisarro, a quien le unió una amistad que se vio resentida cuando Rico percibió que el pintor francés había abandonado el dibujo por el impresionismo, una corriente artística que, según Barón, pese a no impregnar completamente la obra de Rico, sí se aprecia en alguna de sus obras, como así ocurre en la pincelada de la que se sirvió el paisajista español para pintar el reflejo de las barcas que decoran el cuadro Bougival. País frente al hotel. Cabe destacar que Lavanderas en Cloyes es la obra más impresionista que creó en su trayectoria, lo que lleva a Barón a considerarla como “el primer cuadro impresionista creado por un español”.

Conocer a Fortuny en 1866 le hizo recuperar su interés por la acuarela. Es por estos años cuando pintó El leñador, una de sus obras maestras, a juicio de Barón, quien afirma que en ella demuestra “un gusto poético por ámbitos familiares a través de la representación de pequeñas figuras”.

Pese a haber emprendidos viajes al extranjero, sus vistas españolas fueron las obras que más reconocimiento merecieron en su tiempo. Entre las más destacadas figura Torre de las Damas en la Alambra de Granada, en el que se percibe "una armonía entre vegetación y arquitectura, a la vez que una humanización del paisaje mediante la introducción de unos niños jugando en primer plano”, o La aguadora, de una factura y detallismo asombrosos.

El perfil “singularísimo” de Rico lo convirtió en el pintor “más cosmopolita de su generación”, dice Barón, quien considera la etapa final de su vida en Venecia, donde pasó pintando 35 años, como el colofón de una trayectoria truncada a los 67 años por un ictus. En este periodo, la pintura de Rico adquirió una calidad cromática hasta entonces nunca alcanzada por él mismo llevando a cabo cuadros “de una mayor investigación atmosférica”, en los que demostró su fascinación por lo oriental así como por la escultura, que representó con cuidado detallismo en una de sus más célebres pinturas, Santa Maria della Salute. Venecia se convirtió, pues, como Barón recuerda en palabras del pintor, en “un gran taller al aire libre” que dibujó con insistencia ya fuera a orillas de sus canales o sobre una góndola.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo del Prado.

Fechas: del 30 de octubre al 10 de febrero.

Horarios: de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 10:00 a 19:00 horas.

Entrada: general 12 euros / reducida 6 euros (permite visitar la colección permanente y las exposiciones temporales).
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