Las diferencias no sólo se ven con Sandy
miércoles 31 de octubre de 2012, 20:20h
Critican a Sandy por tratarse de un huracán mediático, pero eso es lo que tiene pasearse por el plató metropolitano más famoso del mundo una semana antes de las elecciones presidenciales. Nos quejamos de que se haya dado demasiada cobertura informativa a este fenómeno meteorológico que ha osado irrumpir en la cuna del capitalismo y que, en cambio, pasemos casi de puntillas cuando lo que arrasan los huracanados vientos son casas de paja y de adobe. Pero, al mismo tiempo, no logramos mantener la boca cerrada observando una riada que cubre cientos de taxis amarillos o las desiertas calles del bajo Manhatan a oscuras. Qué queremos, vivimos en el mundo de las imágenes y desde que leemos el periódico por internet, lo que importa no es tanto lo que escriba el cronista sino la foto que acompaña a la noticia.
De hecho, ¿no ganan siempre los vídeos de Youtube? Lo único que consigue devolvernos al núcleo, a la madre del cordero, es precisamente la fuerza de la naturaleza, que no espera a nadie, aunque sea indudable que cualquier viento se soporta mejor en un edificio neoyorquino que en una casa prefabricada de muchas zonas del Caribe. Sin embargo, puestos a hacer diferencias y sin necesidad de acudir al extremo atmosférico, aquí mismo no es igual meterte calentito en tu cama durante estas primeras noches gélidas de otoño que pasarlas debajo de los soportales de la madrileña Plaza Mayor, por ejemplo. Este año, el aforo está completo, se lo aseguro. Por lo menos, hasta que lleguen las fechas navideñas y las autoridades tengan que preocuparse por la imagen – sí, otra vez ella – de la capital, de cara a paseantes y turistas que lo único que quieren ver son las luces que cuelgan de farolas y semáforos o los iluminados escaparates llenos de chucherías. Las mantas hechas de mojados cartones no son, desde luego, objeto de glamurosas imágenes de las inclemencias que pueden ahorrarnos un sueldo, una familia, en definitiva, un cobijo, pero existen con la misma contundencia trágica con la que Sandy ha demostrado que cuando el cielo o la tierra rugen, los humanos seguimos siendo muy pequeños. Que lo único que podemos hacer es, con suerte, encerrarnos en lugar seguro a esperar que escampe la embestida.
Y como de imágenes va la cosa, Obama y su equipo, sabedores de que cuando arrecia la lluvia hay abrir el paraguas, se han aliado con su enemiga Sandy para convertirla en parte del mensaje. La campaña interrumpida, como todo en realidad y más para los políticos, se ha convertido así en imágenes que, a estas alturas de la partida que se libra en el imperio del mundo occidental, pueden resultar de una importancia decisiva. Quién no se fijó, por ejemplo, en la dinámica bajada de Obama por la escalerilla del cinematográfico Air Force One. Gabardina al viento, su expresión era casi la de Superman. Tranquilos, que ya llego. Y que conste que no es una crítica a Obama: estuvo donde sólo podía estar y lo único que me pregunto es si la carrera escaleras abajo en el aeropuerto tuvo que ser ensayada o si bastó con una única toma. Porque, por supuesto, Romney no le fue a la zaga. No podía. Cuando las encuestas pronostican un empate y los expertos aseguran que ahora mismo es imposible predecir quién será el nuevo presidente de Estados Unidos, el candidato republicano no podía dormirse en los laureles. Hubiera sido aún más peliculero de lo que ya es, que el disputado voto le hubiera correspondido a Sandy. De modo que Romney, “en solidaridad”, anunció que interrumpía su campaña y que sólo iba a dedicar sus apariciones a recaudar fondos para los damnificados. Los políticos no dejan nunca de sorprenderme.
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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