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publica su primera novela, [i]historia de amor sin título[/i]

Ruben Ochandiano: “La situación está como para protestar, pero la forma es importante para ser escuchados”

sábado 03 de noviembre de 2012, 00:11h
Esta tarde, Rubén Ochandiano ha arañado unos minutos entre entrevista y entrevista para pasarse por una de las tiendas Fnac del centro de Madrid. “Me hacía ilusión ver el libro expuesto y, de repente, más que ilusión, me ha dado un acceso tremendo de pudor”, confiesa. El actor (Toledo, Los abrazos rotos) y director de cine (El paraíso) y teatro (La Gaviota) se ha lanzado también al mundo de la escritura con su primera novela, Historia de amor sin título. Su trabajo más personal, sobre todo porque el protagonista podría ser una suerte de alter ego del propio autor, cuenta cómo Berta recibe el encargo de contar la historia de Mario Ruiz, un paciente psiquiátrico del que únicamente ha recibido la información de que es “un caso excepcional”. El autoconocimiento, el determinismo genealógico, la enfermedad mental y, sobre todo, el amor o la falta de aquel se mezclan en este brillante debut literario. Por Laura Crespo
¿De dónde sale esta historia?
En el verano de 2009, mientras me estaba separando de mi pareja, en esa discusión, me rompí un pie y tuve que pasar el verano solo en Madrid, escayolado, no había nadie. Vamos, que la vida me dijo “esta vez no te escapas, te tienes que enfrentar a lo que te toca”. Yo estaba haciendo una cosa en teatro, no la pude hacer por las circunstancias… en fin. Crisis. De repente no entraba pasta, crisis familiar también… y empecé a tener ataques de ansiedad. Hacía muchos años que me habían dado pero los había dejado de tener. De alguna manera, el origen fue ese: el de enfrentar, de alguna manera, eso que me estaba pasando. Luego empezaron a entrar muchos elementos de ficción para hacerlo dramáticamente interesante, pero digamos que el arranque, el punto de partida, es una vivencia personal y el libro es una manera de enfrentarlo.

¿Por qué explorar el terreno de la enfermedad mental?
Los ataques de ansiedad y pánico a mí me inhabilitaron. No podía hacer acciones básicas como ir a por el pan, no podía salir de casa. Yo somaticé la ansiedad con miedo a morir y miedo a perder la cabeza. De repente no te reconoces y, aunque supongo que se puede tirar más de la cuerda, supongo que por eso me metí en este terreno.

¿Cómo se ha enfrentado a crear estos personajes complicados, oscuros? ¿A partir de dónde les ha dado vida?
Estos son los primeros feedback que tengo de gente que ha leído el libro y me resulta muy atractivo escucharlos. Yo no soy consciente de que sean personajes muy complicados. Sí, supongo que es un grupo de supervivientes con estados mentales complicados. Para serte franco, es un poco lo que me rodea: de lo que he estado rodeado o de lo que estoy rodeado. Creo que esas aristas las tenemos todos, lo que pasa es que luego uno decide el caso que les quiere hacer, cuánto se quiere facilitar la vida o cuánto quiere escuchar al ruido que le hace la cabeza. Pero creo que al final no somos tan distintos. Depende del caso que le queramos hacer a lo que nos escuece, a lo que nos duele o a lo que nos encontramos en el camino.

En un momento dado, Mario dice que era una persona “normal”: inseguro, neurótico, algo fóbico, con leves accesos de ira, tics, TOC… normal. ¿Es más normal de lo que nos creemos? ¿Son las enfermedades mentales típicas de nuestro tiempo?
Se le tiene tanto miedo que la tendencia que existe es como a tapar, a ponernos sociales y a hacer que no pasa nada. Cuando era adolescente y me dieron por primera vez los ataques de pánico, yo no sabía lo que era eso. Yo era muy porrero de adolescente y la primera vez me dieron habiéndome fumado un porro, así que pensé que lo que pasaba es que me había sentado fatal, pero fatal de que me moría. La primera vez me llevaron a un psiquiatra y el tipo me dijo que a día de hoy es la pandemia general. El siglo XXI se caracteriza por la neurosis, todos padecemos en mayor o menor grado ansiedad o algo parecido. Tendemos a no escucharlo, a poner el piloto automático e ir hacia adelante pasando por encima de lo que nos ocurre, pero creo que de un modo u otro casi todos nos encontramos con algo así.

¿Quizás esto ocurre porque hay poca aceptación? ¿Son las enfermedades mentales poco comprendidas por la sociedad? ¿Causan rechazo?
La enfermedad, en general, esta estigmatizadísima. Por parte de todos, yo el primero. De repente, cuando me he encontrado con alguien que dice, sin ir más lejos, ‘tengo cáncer’, cambia la mirada hacia esa persona. Te pones compasivo, la miras como a un enfermo. Por esto tendemos a tapar. Y, sin lugar a dudas, la enfermedad mental más, claro. Da miedo. Yo ahora estoy estupendo y lo cuento, pero para mí era un problema contar que tenía ataques de pánico y no podía salir de mi casa. Con los amigos más íntimos lo compartes, pero que me llamaran colegas para ir a cenar, significaba tener que inventarse excusas. ¿Cómo explicas ‘no puedo’?

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Independientemente de que se pone en primer plano la realidad del enfermo mental, el gran tema de la novela es el amor, en todas sus formas. Mario reconoce que necesita amar a alguien para vivir, para ser. En mayor o menor medida, ¿no nos pasa esto a todos? ¿No vivimos, muchas veces, a través de los demás?
No me gustaría ponerme a juzgar a los personajes del libro, pero sí que creo que lo que piensa Mario es un síntoma más de algún tipo de enfermedad. Creo que lo que es necesario es el amor en alguna forma. Para generar suelo y cierta estabilidad, yo al menos sí que he necesitado generar mi propio grupo de pertenencia, hacerme una familia alrededor de gente a la que amo y por la que me siento amado. Eso es un tipo de amor y otra cosa es ese enamoramiento del que habla Mario de no saber quién es uno mismo sin una pareja al lado. Eso hay que curarlo, en mi opinión.

¿Cómo es el amor del siglo XXI?
Es curioso, nunca me lo he planteado, pero lo primero que me ha venido a la cabeza es mi abuela, cada vez que mi hermano y yo vamos a verla y nos pregunta por nuestras relaciones de pareja. Yo creo que hemos adulterado tanto el amor que ahora es un poco de usar y tirar. En seguida tiramos la toalla ante el problema, ante el conflicto, y siempre está la posibilidad de algo mejor. Los compromisos son muy relativos, la verdad, a día de hoy. Mi abuela se sorprende mucho ante estas cosas y habla de lo que para ella significaba hace 50 años conocer a una persona y prometerte y ya está, era esa persona. Eso en cuanto a las relaciones de pareja. El amor, en otras relaciones y en otros vínculos, no sé muy bien. Pero en esta era que nos toca vivir, el amor marital sí lo siento un poco de usar y tirar.

¿Tiene la sensación, como el protagonista, de que hoy en día da como reparo halar del amor, miedo a parecer demasiado sensible, fuera de tiempo?
Sí. Hay palabras ahora que da como miedo utilizar. A mí me pasa con ‘amor’, que es como que hay que tener cuidado de que la gente no se asuste. A mí me ha pasado, decir ‘te quiero’ y tener que puntualizar, ‘solo es que te quiero, no pasa nada’.

Pero, a pesar de eso, habla del amor…
Sí… Me ha pasado una cosa, que después de la ronda de entrevistas de esta mañana, cuando hemos parado para comer, he ido a la Fnac porque me hacía ilusión ver el libro expuesto. Y, de repente más que ilusión, me ha dado un acceso tremendo de pudor. He pensado ‘estoy hablando de todo esto y ahora la gente puede leerlo y pensar lo que quiera’. Esto pasa con el amor, y me he dado cuenta de que me pasa mucho con otra palabra: me da vergüenza decir la palabra ‘arte’. Es algo que yo pienso que ahora hay que reivindicar tanto… Porque de verdad está pasando: la identidad cultural, la educación y, en general, lo que tiene que ver con las artes está siendo muy basureado. Pero cuando hay que hablar de eso, parece que… con la que está cayendo, no te vas a poner a hablar de amor o de arte… ¿estás gilipollas o qué? Aún así, creo que no está mal reivindicarlo.

En el libro se habla de la “herencia genealógica, que no genética”. ¿Se posiciona en el pensamiento determinista? ¿Somos, irremediablemente, nuestro entorno?
Con esto, me acuerdo de una frase que, no recuerdo de quién es, pero es algo así como que ‘somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros’. Creo que uno tiene que asumir una responsabilidad y, si siente que está herido o enfermo, curarse. Pero desde mi punto de vista, sin duda influye el entorno en el que te has desarrollado. Todos los niños tenemos miedo cuando somos pequeños, ¿no? A la oscuridad o a que venga el hombre del saco, y no es lo mismo crecer en un entorno en el que vienen a decirte, no pasa nada sigue durmiendo, que si te dan dos hostias. No es lo mismo crecer escuchando ‘te quiero’ que crecer escuchando ‘no vales para nada’. Si te desarrollas escuchando que no vales para nada seguro que en algún sitio te hace mella.

El personaje de Berta tiene un espectacular monólogo en el que reflexiona sobre la, a su juicio, inutilidad de las concentraciones tipo ‘No a la Otan’ en la era González o el ‘No a la Guerra’ durante la presidencia de Aznar. “Solo me importa estar bien yo”, dice. Aún en el momento actual, cuando parece que el movimiento ciudadano está en pleno auge, se pueden entender perfectamente estas posiciones...
A mí al menos me ocurre que siento que el exceso de ruido ensordece un poco. Yo sí he sentido que en los últimos tiempos ha existido cierto… no sé cómo explicarlo. Bueno, lo que dice Berta, que el 15-M al final se convirtió en sembrar lechugas en la puerta del Sol y hacer capoeira y botellón. En algún momento he sentido que parece que cualquier excusa es buena para tirarse a la calle a hacer ruido. Creo que, desde luego, es un momento en el que hay que manifestarse y hay que reivindicar según qué cosas, y la situación está como para protestar, pero me parece que la forma es importante para ser escuchados. En el libro se está explicando el carácter de este personaje en concreto, que ha roto los vínculos con todo, pero no creo que sea la única. Yo me he podido pillar en muchos casos pensando: ‘¿de verdad es la manera?, ¿de verdad esto que estamos haciendo va a ser productivo?’.

¿Lo es? ¿Sirve de algo manifestarse?
Bueno, no ha ido sirviendo de mucho, ¿no? Recientemente… Se hace ruido, los movimientos sociales aparecen en los medios, pero… la cosa sigue igual. Puedo entender que a alguien se le despierte el escepticismo o se cuestione si lo que se está haciendo es útil.

¿Necesita la novela un lector activo?
Me gustaría pensar que puede activar, pero sí que creo que es más fácil que te apetezca seguir leyéndola si estás con ganas de estar en marcha, de abrir los ojos, o al menos predispuesto a que te ocurra.

¿Es consciente de que el libro, por ser tan sensorial, tan personal, por navegar por la intimidad de los personajes, puede llegar, en determinados momentos, a incomodar al lector?
Sí. Lo buscaba. Por ejemplo, en la estructura de toda la primera parte del discurso de Mario sí que hay una intención de contar un estado mental muy fraccionado, el de alguien que no hila bien. Con respecto a la intimidad, claro, creo que nadie soportaríamos un seguimiento las 24 horas. Todos hacemos, pensamos o sentimos cosas de las que nos avergonzamos. La intimidad es pornográfica y sí había esa intención de mostrarla.

Es una novela completamente audiovisual, ¿por qué escogió este estilo?
Historia de amor sin título fue primero un guión, que intentamos que se convirtiera en una película. Fue justo cuando ya la crisis estaba de lleno, las productoras tenían la intención, que parece que mantienen, de hacer películas más comerciales, dirigidas a un público adolescente. Creo que hubiera sido una película más festivalera, oscura, más complicada… y al final no fue. Cuando estrenamos La Gaviota en el Teatro Lara, Pablo Álvarez, que era el editor jefe, vino a verla. Le gustó mucho la adaptación y me propuso escribir una novela para formar parte de ‘Conspicua’, una colección de la editorial un poco más vanguardista, de escritores más jóvenes, con temas más personales o un poco menos ‘mainstream’. Siempre he escrito, así que cuando me lo propuso vi que era la oportunidad de hacerlo de verdad y dcidí convertir aquel guión en novela.

Por cierto, que La Gaviota de Chejov sobrevuela también en esta novela…
Hay un guiño a la que es, sin duda, una de mis obras preferidas de la literatura universal.

¿Se había planteado alguna vez publicar o escribía para usted mismo?
Escribía por placer, no me parecía viable. Pensaba en lo difícil que tenía que ser que alguien se interese en publicarte un libro. No estaba planeado, pero cuando vino me pareció genial y espero que me dejen seguir escribiendo.

¿Tiene un posible segundo libro en el cajón como tenía este guión que fue novela?
Tendría que ponerme. Todo lo que tengo escrito es en formato teatro o cine. Me gustaría escribir una segunda y una tercera pero sin adaptar, directamente en formato novela. No sé, igual de repente uno de los guiones o de los textos teatrales que tengo escritos me apetece y lo adapto.

A través de Mario, el libro revolotea sobre el problema de la situación cultural en España con frases como “el centro de Madrid es un pueblo con pretensiones, al igual que el resto del país, pero pueblo al fin y al cabo” o “España es un quieroynopuedo”… ¿Tan negras tenemos las cosas?
Como te digo, me da un poco de pudor hablar de esto porque el verdadero problema es que la gente lo está pasando mal. La crisis está en otro sitio: no hay pasta para lo esencial, comer y pagar el techo para no pasar frío. Dicho esto, sí me parece preocupante que a la gente que manda no le parezca importante la identidad cultural de un país. En vez de intentar despertar conciencias y que uno esté poroso y receptivo, que sea alguien con sensibilidad, lúcido, capaz de llegar a conclusiones propias… parece que hay una intención como de adormecer y aborregar y que cuanto menos sepa la gente mejor. Insisto en que me da pudor hablar de esto, pero sí que creo que también es importante. Así, hablando claro, no tengo ningún problema con la izquierda ni con la derecha, me la suda. Pero sí tengo un problema con la derecha cateta. Francia es un ejemplo contrario muy claro: durante el tiempo que ha gobernado Sarkozy, todos los amigos actores o escritores que tengo allí sentían que sus heridas estaban en otro sitio, a lo mejor en el tema más económico o en la política social, pero la identidad cultural no se politizaba. Aquí, esto que han hecho con el IVA o lo que pretende hacer la concejala de Arganzuela con la programación del Matadero… Todo esto que está pasando con la identidad cultural a mí me da miedo. Me dan ganas de irme.

¿Emigraría?
Lo estoy deseando. Tuve la oportunidad de vivir un año en Buenos Aires, por amor. Me resulta muy sano el hecho de vivir fuera del lugar en el que has crecido porque puedes ser quien eres hoy, no existe el recuerdo de lo que has sido ni está la mirada de los otros, ni los compañeros de colegio, ni tus primos, ni tu abuela que te mira y no ve quien eres hoy, ve lo que has sido. Allí, empiezas de cero y eres lo que eres hoy, y eso me parece muy sano. O a mí me lo resultó. La verdad es que en cuanto pueda y tenga oportunidad me gustaría volver a vivir fuera



Una parte de su debut como director en el largometraje, Cuento de verano, se financió por ‘crowdfunding’ o ‘micromecenazgo’. ¿Son estas nuevas vías la solución al problema cultural?
Espero que no. Indudablemente, de esto vamos a tener que inventarnos vías y salidas nuevas para generar productos culturales. Pero de ahí a que el hecho de hacer cultura, ya no de consumirla, se haya convertido en una especie de entretenimiento burgués para el que se lo pueda permitir... Durante el rodaje este verano hacíamos entrevistas en las que nos decían ‘qué guay que lo hagáis así’ y yo decía ‘que guay no, esto es una puta mierda’. Tener que tener a cincuenta personas, profesionales con un currículo que flipas, trabajando gratis trece horas al día para sacar adelante esto… Porque es una profesión vocacional y uno al final la hace le dejen o no, pero tener que hacerla así no es ‘guay’. Me parece un buen síntoma que haya tanta que gente que ponga un poco o mucho dinero para sacar adelante un proyecto cultural de esa envergadura, pero espero que no sea la manera, espero que nos inventemos otras o que los que ponen el dinero decidan dar salida a otro tipo de películas que no sean todo el tiempo lo mismo y dirigidas al mismo público.

En teoría esto debería medio solventarse con la famosa Ley de Mecenazgo que parece que no termina de llegar…
En teoría… No estoy seguro, creo que me faltan datos porque he leído sólo lo que va saliendo en prensa, pero no tengo claro si eso de verdad va a dar lugar a otro tipo de proyectos o va a acabar derivando en más de lo mismo de otra manera. No lo tengo muy claro la verdad.

Sabemos que Cuento de verano se rodó en verano y está protagonizada por Manuela Velasco, usted mismo y Nico Romero. ¿Qué más puede contarnos sobre esta película?
Es una película que he codirigido con Carlos Corrego este verano y que parte del mismo punto de la misma experiencia personal, que Historia de amor sin título. En realidad empezó siendo un ejercicio: yo quería entrenar cosas como actor, él se acababa de comprar la cámara y lo que empezó siendo un experimento acabó siendo una película. Historia de amor sin título es como la caída al pozo y Cuento de verano es el camino inverso: alguien que camina hacia la luz, que sale del pozo hacia la felicidad. La estrenamos en el Festival Málaga, vamos a concurso, en marzo o abril.

Por cierto que en esta película, el protagonista, interpretado por usted mismo, también se llama Mario… ¿casualidad?
No, no. Es porque el punto de partida es el mismo... y que tengo un poco de fijación por ese nombre la verdad.

¿Pero podríamos llamarlo alter ego?
Bueno, hay una parte que sí… Sí… Creo que sí… Sí, sin dudad. La película es como el camino inverso del mismo personaje: como en Madrid, en agosto, solo, camina hacia arriba… un poco la segunda parte.

¿Qué otros proyectos tiene abiertos?
Ahora estoy entusiasmado y disfrutando mucho porque he conseguido que el Teatro Español me produzca un espectáculo que estrenamos el 6 de febrero en la sala grande del Matadero. Estamos cerrando la preproducción y empezamos a ensayar el 30 de noviembre, o sea ya. Es una versión de Antígona, pero no la de Sófocles, sino una versión sobre la versión que escribió Jean Anouilh, más contemporánea y con la acción ubicada en París tras la ocupación alemana. Toni Acosta en la ‘prota’ y también están Manuel Abellés, Sergio Mur, Berta Ojea , un chico que nos traemos de París y falta un actor por cerrar, que andamos detrás de una estrella… ¡ojalá!

Has sacado su faceta de escritor, sigue explotando la de actor y se maneja sin problema ya en la de dirección, tanto en cine como en teatro. ¿Se decanta por alguna de sus facetas?
Pretendo seguir con todas, la verdad. Lo necesito. Mis amigos me dicen que voy a acabar dirigiendo solo, pero espero que no. Disfruto muchísimo dirigiendo, mucho, mucho, mucho, pero es que me lo he pasado tan bien como actor rodando la película este verano. Supongo que me pasa que lo quiero es trabajar con gente que me gusta. Este verano, la peli la hemos hecho eligiendo el equipo, los actores… en realidad éramos todos amigos, con un grado de libertad y de relajación que era muy propicio para la creatividad. Espero que me dejen seguir haciéndolo todo.

¿Alguna otra faceta que nos quede por descubrir? ¿Algo que, como escribir, haga en casa y de repente podamos verlo todos?
Qué va. Canto fatal, estoy mayor ya para ponerme a bailar… Yo creo que no.

Para terminar, ¿por qué Historia de amor sin título?
La razón no tiene nada que ver con nada. Te lo confieso. En una película clásica, Sunset Boulevard, El crepúsculo de los dioses, sobre una actriz de cine mudo y un guionista, hay un momento, pero que no tiene nada que ver con la historia, en el que él va a los estudios en Los Ángeles y coge el borrador de una película que está escribiendo y lo que pone en la portada es Untitled love story. Él está escribiendo una historia de amor a la que todavía no ha puesto título. Me encantó. Esto fue siendo adolescente, cuando vi la película, es algo que me ha rondado mucho y que siempre he querido usar. Cuando existió esta cosa, cuando a raíz de esa separación pasé por esa necesidad de amar… até cabos y pensé que era perfecta.
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