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Vendehúmos 2.0

Cristobal Villalobos Salas
martes 06 de noviembre de 2012, 20:18h
Dicen que las crisis son toda una oportunidad para el negocio, para reinventarse, para invertir. Lo dicen los listos. Esos que se autotitulan como “emprendedores” y nos inundan con palabrejas anglosajonas que pierden su ampuloso significado cuando se lee el curriculum de quienes las esgrimen en sus tarjetas de visita.

Así, mientras se multiplica día a día el número de parados, hasta llegar a un tanto por ciento de la población tan alto que parece imposible, aparecen nuevas profesiones cuyos nombres resultan ininteligibles para el grueso de la sociedad. Sólo los más modernitos somos capaces, con cierta dificultad, de saber a qué se refieren esos señores que dicen ser “CEO”, community manager o “coach”.

De entre todos ellos podemos destacar tres grupos diferenciados: por un lado aquellos que se adscriben a algunas de estas pseudoprofesiones para disimular que están en el paro, a éstos se les perdona. Por otro, aquellos incautos jóvenes a los que han hecho creer que haciendo un máster o un curso de tropecientas horas de algunas de estas chorradas conseguirán, algún día, un trabajo. A estos también se les perdona, por la candidez de la juventud y la esperanza aún no consumida por la realidad.

Pero sobre éstos, y manejando el cotarro, existe una élite de caraduras que, aunque tomen nombres aparentemente modernos, responden a una profesión de total arraigo en nuestro país: los vendehúmos o vendemotos, como queramos llamarlos. Aquellos que, bajo diferentes disfraces, modas y métodos, siempre acaban sacándonos el dinero al resto. Como lo hacen con talento, además, acabamos siempre dándoles las gracias.
Son especialistas en moverse entre las turbias aguas que circundan el poder, desde la concejalía rancia de fiestas al ministerio, de la diputación o el cabildo a la universidad. En todos los ámbitos de poder, igual que antes, y ahora, se tenía un primo constructor, hoy se tiene un cuñado experto en nuevas tecnologías que, por un módico precio, te monta un Congreso de redes sociales o un curso de “coaching” que sólo le cuesta unos cuantos miles de euros al ayuntamiento o a la caja de ahorros de turno.

Son una extraña raza de hombres por encima de la media, cercanos al superhombre de Nietzsche, que sobreviven a las crisis y que no se rigen por las mismas leyes que el resto de los mortales, pues no necesitan ni talento, ni intelecto, ni trabajo, mucho menos estudios, para ir dando por ahí pelotazos a diestro y siniestro. Pero, como son más de lo mismo, los políticos los promocionan y los untan, ya que, entre todos, conforman el tinglado con el que se funden nuestros impuestos.
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