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Obama reelecto frente a México y Puerto Rico

Marcos Marín Amezcua
miércoles 07 de noviembre de 2012, 21:00h
El 6 de noviembre de 2012 ha sido reelecto como presidente de los Estados Unidos de América para el periodo 2013-2017, el hawaiano Barack Hussein Obama II. Así, da voz renovada a su raza, acallada y excluida por siglos de vejaciones innombrables en un país que presume desmemoriado, de ser siempre igualitario. Me alegra sobremanera que triunfe otra vez frente a un statu quo al que le disgusta su presencia en la Casa Blanca. Gana con un congreso dividido y con una crisis galopante. Hablando de economía, digamos que Obama se ganó el tigre en la rifa.

Fue una elección reñida a la vez que cardíaca, en que el deslucido efecto de Barack Obama nos recuerda que nunca es lo mismo ser oposición ofreciendo el oro y el moro que ya ser gobierno, al que los electores cuestionan y le pueden cobrar facturas por incumplimientos, empezando por los decepcionados hispanos que han deseado más que lo recibido.

Centremos nuestra atención en la reelección de Obama y la importancia del resultado para América Latina, tras de cuatro años de su política exterior alicaída en que China ya logró ser la segunda potencia económica y en que gracias a la crisis mundial y a una acuciante ceguera de Washington, incluso ya desde la época de Bush hijo, Estados Unidos se ha enfrascado en Oriente Medio y Afganistán, dejando quieta a la región –para bien y para mal– permitiendo la estabilidad hemisférica, así sea chavista o cubana y, por la otra, sin mancillar al vecindario cual es su bendita costumbre, mas ganándose muchas animadversiones, ninguna de ellas gratuita. Pero poco qué esperar de esta nueva administración, que apenas ha adelantado algo sobre una región que se reorganiza a paso lento entre liderazgos dudosos y modelos económicos poco claros.

Hablando de México, el socio y vecino sureño, fue poco referido en la campaña; suma la enorme decepción que produjo Obama allí, por su incapacidad para tratar los temas mexicanos y confirmándonos que la corrupción ¡vaya sí habla inglés! Y Peña Nieto está verde en política exterior, además de maniatado hasta no saber quién ganó, para mover piezas frente al que habrá de lidiar los siguientes cuatro años. Al presidente mexicano electo no se le conocen grandes méritos ni episodios destacados en la relación bilateral, salvo sus viajes de compritas a EE.UU.. Su grisura, su falta de visión al exterior y la mostrada por su equipo de transición en materia de seguridad, junto con su silencio rampante sobre cómo hará las cosas diferentes para enfrentar (él dice solo para disminuir) la violencia generada por el narco, no dan pie a esperar mucho de sí enfrentando la coyuntura, cuando hay desde Washington fuertes presiones comerciales, militares y migratorias sobre México, que requerirían a un sujeto a la altura. Reelecto Obama, Peña Nieto es un simple recién llegado que arriba al cargo muy desprovisto y así México pierde con ambos, una gran oportunidad.

Y Estados Unidos quiere respuestas y la guerra contra el narco le ha servido de acicate para meterse en México hasta la cocina; ya desde que gobernaba el PRI, que ahora regresa con Peña Nieto, quien debería de saber, o saberlo sus grises asesores en seguridad, que en Washington se hartaron de los priistas que hasta 2000, solo iban a practicar retórica muy lejana a la realidad imperante sobre el narco. El presidente reelecto de EE.UU. no es alguien a quien ahora se le pueda marear con retórica no sustentada en hechos. Peña Nieto la tendrá harto complicada, puesto que es lo que mejor se le da ante correligionarios que le aplauden como focas.

Pero el 6 de noviembre, paralelo a las elecciones estadounidenses, ha movilizado a Puerto Rico, estado libre asociado a los EE.UU. en un proceso de consulta de suma importancia para definir su futuro desde 1898. El partido Nuevo Progresista impulsó la anexión de la isla la Unión Americana y la propuesta ha obtenido un gran resultado en las urnas. Amarilis Cintrón, destacada investigadora adscrita al programa de Doctorado de la Universidad de Puerto Rico y de su Centro de Investigaciones Históricas me ha hecho llegar un importante informe de lo sucedido que me mueve a compartirlo.

Amarilis Cintrón explica que la primera pregunta de la consulta buscaba la opinión de los ciudadanos respecto a la conformidad de los puertorriqueños con mantener el actual estatus político, con un “sí” o un “no”. Entre tanto, para aquellos puertorriqueños en desacuerdo con el estatus colonial cobijado bajo el Estado Libre Asociado actual, la segunda pregunta planteó la Estadidad, la Independencia y el Estado Libre Asociado Soberano como las tres opciones, seleccionadas por el gobierno de turno, a llevar como mensaje al Congreso de los Estados Unidos de América. Claramente, el gobierno actual, aspiraba a que fuera favorable el resultado de la estadidad y con la formulación de las preguntas así quedó demostrado en las urnas. Ella supone la anexión.

Los defensores del ELA actual, apoyados por un sector del Partido Popular Democrático, enfocaron mantener el estatus actual, sin reflexionar que el ELA de Luis Muñoz Marín atendió las necesidades de los puertorriqueños en un momento histórico, en el intento de sacar de la miseria en que vivía la mayoría de la población. Este modelo ya no se ajusta a las necesidades de los puertorriqueños contemporáneos y necesita atemperarse; sobre todo eliminar las restricciones económicas impuestas por EE.UU. que coartan e impiden el desarrollo de Puerto Rico. La falta de iniciativa en los subsiguientes gobernantes de la Isla, asumieron esa relación política y económica como la alternativa viable, pero no supieron cómo llevarla a la par con el advenimiento de nuevos tiempos. Esta relación confina a Puerto Rico a la tutela permanente y a la incapacidad de tomar decisiones propias para el beneficio del desarrollo económico y de la representatividad en organismos internacionales que trabajan por mejorar las condiciones de todos los Estados, jurídicamente reconocidos. Esta opción fue seleccionada por un 46% de la población que no logró anteponerse ante la opción del No, la cual con un 53.9% se impuso en el proceso sufragista, según las tendencias entre el 91% de los votos escrutados en la Comisión Estatal de Elecciones el mismo 6 de noviembre.

Advierte Amarilis Cintrón que frente al 5% que obtuvo la opción independentista, no ha ganado la gubernatura el partido impulsor de la anexión y sin el aval del congreso estadounidense a esa consulta, queda la interrogante sobre el futuro de esta iniciativa y la expectación sobre su curso. Y apunta: “La realidad es que el gobierno de los Estados Unidos de América ha tenido 114 años para convertir a Puerto Rico en estado y no lo ha hecho; otorgaron la ciudadanía estadounidense en un momento histórico particular. Con el resultado a favor de la estadidad, resta ver si fue un desperdicio de fondos del erario público o si por el contrario, el Congreso de los EE.UU. va reaccionar ante el sentir demostrado en las urnas, por parte de los ciudadanos estadounidenses de nacionalidad puertorriqueña que votó por la anexión. Lo único certero es esperar el cumplimiento de Barack Obama, de movilizar alternativas autoejecutables para Puerto Rico en el Congreso, durante el primer año de su nuevo término presidencial, que en caso de no cumplirse, tendrá como efecto el uso de fondos públicos para una nueva consulta de Asamblea Constitucional de estatus para el año 2014.”

La historia sigue viva y somos sus testigos.
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