Recién cumplidos los cincuenta años de su muerte, la cupletista y actriz Raquel Meller también celebra aniversario en el teatro Tribueñe. El homenaje que la compañía teatral le dedica en Por los ojos de Raquel Meller, de Hugo Pérez, cumple ya seis temporadas con un éxito imparable y su característico sabor añejo intacto. Un repaso, no sólo por la vida de una de las estrellas españolas más internacionales de la primera mitad del siglo XX y, probablemente, más enterradas en el olvido, sino también por buena parte de la historia de España. Por Laura Crespo
Seis años después de su estreno sigue conservando su fresco olor a viejo.
Por los ojos de Raquel Meller, el montaje de la compañía de teatro
Tribueñeque repasa la vida de una las estrellas españolas más exitosas y olvidadas, no deja de llenar su mágico rincón al pie de Las Ventas función tras función. Con el siempre acertado enfoque del director
Hugo Pérez,
Por los ojos de Raquel Meller recupera la esencia de esa suerte de ‘bohéme’ a la española que fueron los espectáculos de variedades a este otro lado de los Pirineos y, a base de una puesta en escena espectacularmente sencilla, un vestuario exquisito y unas actuaciones sublimes, se convierte en una pequeña máquina del tiempo. Dos horas y media de viaje por un pedazo de la historia de España.
El montaje recorre la vida de la cupletista, actriz y tonadillera
Raquel Meller (1888-1962), una de las más grandes estrellas españolas de los años 20 y 30 que alcanzó la más absoluta fama internacional, sacó la ‘varieté’ del cajón de lo vulgar en el que estaba escondida y la impulsó a la categoría de arte mayúsculo. Cincuenta años después de su muerte, la historia ha cubierto su figura de más polvo del necesario hasta que, sin pretender “hacer justicia más que con nosotros mismos”, según reconoce su director, Tribueñe ha despertado aquel mito de tono agudo y parpadeo constante.
Francisca Marqués López abandonó su verdadero nombre y su aparente destino de costura y pobreza cuando, en 1908, la cupletista Marta Oliver descubrió su talento para la canción. Momentos socialmente convulsos en una Barcelona seducida por el anarquismo, doblemoralista y partida entre el convencionalismo y los influjos franceses. Y luego vinieron el lleno en el
Arnau barcelonés, el
Ven y ven,
La Violetera y la
Flor de té, el debut en el cine mudo y la resistencia al paso del sonoro, la ovación en Francia y en ‘las dos Américas’, la Guerra Civil, los amores y la prensa. Éxito tras éxito, el divismo de La Meller aumentó tanto como las contradicciones de su persona: “
la más española de las españolas” -como ella solía decir- afrancesada y católica, humilde deidad, admirada y odiada a partes iguales. Lo mejor y lo peor. Cual reencarnación de las dos Españas, han dicho en alguna ocasión.
En 1962, cuando llevaba más de una década sin trabajar y otros tantos años con un éxito que poco recordaba a los años del gran mito, Francisca Marqués, Paquita, la Bella Raquel –como se hacía llamar antes de encontrar su sonoro apellido artístico-, Raquel Meller fallecía tras una enfermedad cardíaca.

Ahora, Tribueñe se acerca a la figura de Raquel Meller, como explica su director, “sin deshacer el hechizo” y sin pretender ser “una biografía exacta porque no nace con la intención detectivesca o historicista” sino que “más bien
ofrece unos ambientes, un aliento femenino, un deambular poético por los hechos". Y como poesía también, enfrenta el pasado y el futuro de La Meller, la decrepitud y la fama, el reconocimiento y el olvido, la envidia y la compasión.
La impecable interpretación de
Maribel Per transporta a la joven Raquel hasta la sala madrileña y la ambientación y el timbre añejo del piano de
Mikhail Studyonov, director musical de la compañía, hace el camino inverso: inserta al público en otro tiempo pasado, nostálgico para los mayores, que emprenden inevitablemente el tarareo en muchos de los temas, y con un halo de encanto e, incluso, exotismo para aquellos a quienes aquellos momentos de revolución quedan mucho más lejos.
Y en este cruce de tiempos, el patio de butacas asiste a la vida de Raquel Meller, sí, pero también a un espectáculo de variedades al uso: letras que nacieron subidas de tono y hoy incitan a la sonrisa, plumas y lentejuelas, narices empolvadas, juegos de palabras, insinuación, juego… Ya estamos en los años 20 y, a través de la vida de Raquel Meller, el montaje de Tribueñe repasa con un acertado sintetismo visual
la historia de España de la primera mitad del siglo XX. De la intrahistoria a los grandes acontecimientos, de las vidas de a pie a los libros de texto.

La siempre sólida
Irina Kouberskaya interpreta a la Raquel Meller de los últimos años, oscura, venida a menos, y
Carmen Rodríguez de la Pica, Rocío Osuna, Iván Oriola, Badia Albayati y Chelo Vivares completan un reparto que divierte y emociona a partes iguales.
En palabras del director, Hugo Pérez, “es incomprensible que su mito no habite en el imaginario colectivo de las nuevas generaciones” porque Raquel Meller “fue una pionera no sólo en la emancipación de las libertades de la mujer (de lo que seguramente no era consciente) sino lo que es más importante, en la expresión artístico espiritual de la individualidad”.
Por los ojos de Raquel Meller por salatribuene