Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, ha mostrado su total oposición al proyecto de presupuestos de la UE presentado por Herman van Rompuy. Lo cierto es que viendo qué está en juego y cuáles son los actores, parece mentira que se haya aprobado jamás un presupuesto europeo.
Los presupuestos de la UE tienen tres grandes partidas. La primera de ellas es la llamada Política Agraria Común, la PAC, cuya función es volcar sobre ciertos agricultores una cantidad ingente de subvenciones. Dado que éstas aumentarían la producción, lo que deprimiría los precios, otra de las labores de la PAC es racionar la producción, y dar ayudas por un lado a quien produce por hacerlo y por otro a otros productores por abstenerse de hacerlo. Esto le otorga a la Comisión un poder de decisión sobre quién produce qué más propio de la URSS que de la UE. Es un juego en el que participan todos los grandes productores agrícolas y en el que siempre gana Francia.
La segunda gran partida la constituyen las ayudas a las regiones más pobres, que incluyen los fondos al desarrollo. Aquí la gran beneficiada ha sido España. Muchas de nuestras infraestructuras, que están entre las mejores del mundo, por encima incluso de varios países más ricos que el nuestro, fueron financiadas con esos fondos. Pero a medida que la UE se ha ido ampliando, que ya no era de los 12, sino de los 15, y así hasta los 27 actuales, nosotros hemos dejado de ser los socios pobres de la Unión, y en consecuencia menos regiones españolas reciben ayudas, y las que lo hacen son en menor cuantía. También ganamos terreno respecto de otros socios europeos por nuestro mayor crecimiento, pero siguiendo aquello de “mayor será la caída”, ahora estamos decreciendo más que el resto. No es el mismo caso de Irlanda, que era más pobre que España y se ha convertido en una de las más ricas de Europa.
La tercera gran partida está destinada a favorecer la creación de empleo y la innovación. Cubre los grandes intereses industriales que no alcanzan las otras dos grandes partidas, y está encaminada a hacer de la economía europea algo tan productivo con la de los Estados Unidos, pero sin tener el dinamismo empresarial de aquél país.
Esta tercera partida, más la segunda, conforman el capítulo de gasto de crecimiento sostenible, que supone la mitad (el 48 por ciento) del presupuesto. La PAC y otras partidas muy menores relacionadas con la agricultura y el medio ambiente son el 37 por ciento de los presupuestos. La política exterior y las ayudas al desarrollo, un 6 por ciento. Algunas políticas de interior, el 2 por ciento. La Administración, otro 6 por ciento.
El proyecto de presupuesto prevé un recorte de la PAC y de las ayudas a las regiones en unos 75.000 millones para el período 2014-2020. “Simplemente, nos parece inaceptable”, ha dicho el presidente español. Es normal, dado que España perderá 20.000 millones de euros. Italia, por su parte, perderá 10.000.
En el lado opuesto se encuentra David Cameron, que quiere congelar en términos reales el billón de euros de los presupuestos. “No podemos seguir incrementando el presupuesto de la UE. La Unión Europea tiene que seguir viviendo con sus propios medios”. Una afirmación, esta última, un poco enigmática. Porque la UE no tiene medios propios, ya que deriva sus fondos de los ciudadanos. El 68 por ciento de sus fondos procede de asignaciones de los 27 estados miembros, el 12,9 viene de los ingresos por algunas aduanas, y el 11,4 de una parte del IVA.
El presupuesto,
como dice EUbusiness, está en un limbo dado que varios países se han negado a pagar varias facturas correspondientes a 2012. “Si no se ponen de acuerdo ni en pagar las facturas, ¿sobre qué se van a poner de acuerdo?”, dice el eurodiputado socialista Hannes Swoboda.