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Crítica de arte

El joven Van Dyck: exigente pintor prolífico y precoz

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
jueves 22 de noviembre de 2012, 16:43h
Actualizado el: 18 de noviembre de 2014, 15:35h
La primera exposición que se celebra en España dedicada a la obra de juventud de Van Dyck (1599-1641) puede visitarse en el Museo del Prado hasta el 3 de marzo. Noventa pinturas y dibujos dan cuenta del primoroso talento de un artista prolífico, experimental, exigente y precoz por partes iguales. Discípulo predilecto de Rubens, su huella es a día de hoy perceptible por el carácter abocetado de sus pinturas, en las que predomina el carácter tosco y no idealizado de unas figuras que pueblan escenas bíblicas y mitológicas.
El joven Van Dyck es la nueva exposición del Museo del Prado, institución que se ha encargado de organizar la primera muestra dedicada a la etapa artística de juventud del pintor de Amberes antes de partir a formarse a Italia en 1621, cuando sólo contaba con 22 años.

Nacido el mismo año que Velázquez, la juventud de Van Dyck ha quedado ligada a su elevada productividad artística, ya que pintó hasta 160 obras en apenas seis años. La prontitud de su talento pictórico queda demostrada en la exposición a través de un autorretrato fechado hacia 1615, cuando tenía 15 o 16 años. Sin embargo, se sabe que pintó su obra más temprana con 14 años, según ha comentado esta semana en una conferencia Friso Lammertse, uno de los comisarios de la muestra. Pero, pese a que los retratos le reportaron ingresos económicos, fueron sus escenas mitológicas y bíblicas las que permitieron identificar su estilo, cuya clave está, a juicio de Lammertse, en su carácter “abocetado"”, lo que sugiere que trabajó “muy rápidamente”. Tanto que acumuló en su juventud más obra que muchos artistas a lo largo de toda su carrera, como es el caso de Vermeer, quien apenas creó 36 cuadros.

Su contacto con Rubens, en cuyo taller se formó y destacó por encima del resto de aprendices, le permitió copiar las composiciones de su maestro, si bien trató de distinguirse desarrollando un toque más personal y de pincelada más suelta. Así, por ejemplo, para pintar el óleo Silenio ebrio, presente en la exposición, se inspiró en una obra de Rubens. En ella, Van Dyck retrató al silenio anatómicamente desfigurado, alejándose de una idealización física que tampoco se percibe en el resto de figuras que incluyó en sus composiciones. Ese carácter tosco también es perceptible en La lamentación, óleo en el que el cuerpo inerte de Cristo domina una escena en la que los ojos de la Virgen llaman la atención por su gran expresividad.

El modo en el que ha sido organizada la exposición permite al visitante percatarse del proceso experimental que llevó a cabo Van Dyck, artista muy exigente consigo mismo que gustó de dibujar con insistencia sus composiciones antes de llevarlas al lienzo. Parte de esos dibujos tan importantes en el proceso de creación del pintor han sido reunidos también en la muestra permitiendo comparar los estudios preparatorios de Van Dyck con el resultado final de su obra. Así ocurre en los casos de El Cristo con la cruz a cuestas y La serpiente de metal.

Sin embargo, no sólo se sirvió del dibujo como base para crear sus óleos, sino que realizó segundas y hasta terceras versiones de un mismo cuadro. Algunas casi idénticas como es el caso de dos versiones de San Jerónimo con un ángel, presentes en el recorrido de la muestra y que invitan al visitante a buscar unas diferencias que exigen una elevada preparación para percibirlas. También han sido instaladas dos versiones de El Prendimiento, una previa y la original, de gran formato y en la que se vislumbra ya, según Lammertse, “cambios en la composición y en las dimensiones”.

A juicio de este experto, el pintor de Amberes debió servirse de la técnica del calco para alcanzar tamaña precisión en la creación de sus segundas versiones, que han sido muy valoradas por el hecho de que “no eran acartonadas o rígidas” como sí las que crearon otros pintores. Al contrario: “Se esmeró en ellas como si fueran originales”

a que trabajó a las órdenes de Rubens, “por encima de todo quiso distinguirse de él”, por lo que no tardó en tener su propio taller, donde también contó con sus propios aprendices, quienes rondaban su edad. El hecho de que mientras él ejecutaba los originales, otros los copiaran y él los retocara ha invitado a dudar de que las 160 obras creadas hasta 1621 fueran fruto de la mano ejecutora de Van Dyck, ya que resulta “imposible”, según el comisario de la muestra, conocer a ciencia cierta dónde empieza y dónde termina su intervención y, al mismo tiempo, qué detalles pintaron sus alumnos en sus propios cuadros.

Su enorme talento, su gusto por pintar muchas versiones, su deseo de competir con Rubens y el trabajo conjunto con sus alumnos fueron las circunstancias que le permitieron legar tanta obra, cuyo carácter abocetado hacer parecer a Van Dyck, según Lammartse, un “protoimpresionista”.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo del Prado.

Fechas: del 20 de noviembre al 3 de marzo.

Horarios: de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 10:00 a 19:00 horas.

Entrada: 12 euros.
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