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Crónica económica

La puerta izquierda de salida de la crisis

viernes 23 de noviembre de 2012, 20:23h
En la sala del centro de discusión Fuhem, que reúne a la izquierda más consciente, ha sido escenario este viernes de una rueda de prensa de cinco economistas de izquierdas que se autodefinen como "críticos".
Ha tenido lugar en Madrid una rueda de prensa de cinco economistas sobre la gestión de la crisis. Nada extraordinario, aparte de que estos economistas se autodefinen como “críticos”. Son, en realidad, economistas de izquierdas, de esa izquierda que fue dominante y que ahora tiene un espacio mucho más reducido.

Ese espacio ha ocupado una sala de Fuhem, un centro de discusión de la izquierda más consciente. Ha presentado el acto Ángel Martínez González-Tablas, catedrático de Economía Aplicada de la UCM, y presidente de Fuhem. Presentaban un documento crítico con la política de ajuste económico.

La voz más articulada ha sido la del profesor de Economía de la Universidad de Atenas Euclides Tsakalotos. El griego, que es además diputado del partido radical de izquierdas Syriza, plantea la cuestión de la deuda en términos morales: “Si una persona pide prestado, hay otra que le concede el préstamo. De modo que la responsabilidad está compartida entre ambos”, y “por lo que se refiere a la credibilidad, hay que ver cuáles de las promesas hechas por el Estado son más importantes. El Estado tiene que ser creíble no sólo frente a los prestamistas extranjeros, sino también ante su propia gente”. Luego tiene tanta o más obligación moral de atender todas las promesas de gasto (que son eso, promesas y no deudas) antes que hacer frente a los prestamistas del Estado.

Una periodista preguntó a la mesa “¿cómo van a financiar ese gasto social sin los mercados y sin las instituciones europeas que les exigen austeridad?”. La respuesta de Tsakalotos tiene mucho interés: “Hay formulaciones de preguntas para las que no hay una respuesta”, que es una forma de decir que él no tiene una respuesta. Pero acaba ofreciéndola, aunque dando un rodeo: “No se puede lograr sin un cambio en el balance del poder, sin un cambio en las ideas, sin un cambio en las exigencias de la gente. No hay una ley social que diga que debes destruir una sociedad para luego salvarla. No hay una ley de la lingüística que diga que reformar el sistema signifique recortar derechos”.

Bien, pero ¿cómo se financiaría ese gasto? De nuevo Tsakalotos: “Lo primero que tiene que ocurrir es que la gente diga que no. Y entonces se planteará qué podemos hacer. Y no hay ningún motivo por el que no podamos hacer lo que hicieron los alemanes en 1953. Primero se les aceptó una quita de su deuda. En segundo lugar, recibieron la ayuda del plan Marshall. Y, en tercer lugar, se fijó que podía pagar la deuda si, y sólo si podía financiarla con sus exportaciones. Eso es realista”.

Ah, la Alemania posterior a la Guerra. La Alemania de Adenauer. ¿Qué tipo de política siguió aquél país en aquéllos años? La política del ministro de economía desde 1949 y hasta 1963. Es lo que se llamó economía social de mercado que es economía de mercado, y que es más liberal que la que implantó Reagan en los Estados Unidos o Margaret Thatcher en Gran Bretaña. No es, por tanto, el modelo que buscan estos autores para salir de la crisis. Además, Estados Unidos no está para realizar otro plan Marshall. Es más, quien sí está liderando un plan Marshall, no de ayuda al consumo de productos básicos sino financiando Estados insostenibles es la Alemania de hoy.

Una asistente de entre el público preguntó al panel de economistas qué podría hacer una familia con su dinero para sobrevivir en la crisis. “Se dicen varias cosas, como comprar oro o sacar el dinero del país. ¿Qué proponen ustedes para las economías domésticas?”.

Ángel Martínez, en tono irónico, señaló que “El ámbito doméstico no existe en la crisis”, para luego decir que “hay que darle visibilidad, porque es importante”. Y, entrando en la respuesta a la pregunta, añadió: “No cabe una respuesta distinta de las que pueda dar como su condición de ciudadanos afectados por las políticas que les hacen daño. La respuesta tiene que ser con ciudadanos más activos, que digan no a la política de recortes”.

Entonces, la mujer del público vuelve a preguntar: “Pero con nuestro dinero, ¿qué podemos hacer?”. Martínez resalta la importancia de la pregunta, pero desvía el balón: “seguro que los demás sabrán responderle”. Lo hace José C. Caldas, profesor de la Universidad de Coimbra: “Todo lo que plantea, todo lo que podamos hacer pasa salir desde el punto de vista individual tiende a destruir la colectividad. Sólo se puede salir desde un esfuerzo colectivo”.

Y vuelve a repreguntar: “Pero entonces, desde el punto de vista individual, si lo que hacemos puede ser potencialmente muy dañino”, en referencia a lo que haga individualmente para mejorar sus finanzas personales, “qué podemos hacer pero que sea positivo desde el punto de vista colectivo?”. Responde de nuevo el profesor Caldas: “Lo único que podemos hacer es compartir lo que tenemos”. No parece una respuesta muy satisfactoria, al menos en un principio. De hecho, los inspiradores de esas reformas son alguno de los economistas más liberales del siglo XX, como Walter Eucken o Wilhelm Röpke.

Estos autores confían en que sus propuestas vuelvan a tener predicamento. Dice Euclides Tsakalotos: “En una crisis se puede cambiar el modelo. Entre 1929 y la Segunda Guerra Mundial, en esos quince años, ocurrió un cambio de paradigma hacia la izquierda. Y en los años 70’, en diez o doce años, cambió el paradigma a la derecha. Esta crisis puede volver a cambiar el modelo”. Por su parte, Sergio Cesaratto, de la Universidad de Siena, añade: “Tenemos que cambiar el paradigma. Los movimientos de izquierda de Italia, España y Portugal deben mirarse en el Syrizade Grecia, o en Hamás, en Gaza”.

El griego plantea un tema muy apreciado dentro de la izquierda: la oposición entre el capitalismo y la democracia. Euclides Tsakalotos lo plantea, no le extrañará al lector, en términos materialistas y dialécticos: “Después de la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo llegó a un compromiso con la democracia. Se permitía funcionar al sistema de libre mercado, se hacía la vista gorda con algo de fraude fiscal, y a cambio se permitía el desarrollo del Estado de Bienestar. La cuestión es si tendremos un capitalismo autoritario, que no llegue a un compromiso con la democracia. Si deciden los mercados financieros, la democracia salta por la ventana. Hay otro camino, que consiste en que la democracia tome las decisiones sobre la producción y la distribución de la riqueza”. Por el momento, lo que decide la democracia, con el mero recuento de los votos, es que esta concepción y estas propuestas no son mayoritarias.
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