entrevista al actor y al director, miguel courtois
Luis Tosar: “En España dejamos a las multinacionales hacer lo que quieren”
domingo 02 de diciembre de 2012, 22:19h
Este miércoles se estrena en las salas españolas Operación E, la última película del cineasta hispano-francés Miguel Courtois Paternina (El lobo, Gal), con un impresionante Luis Tosar (Te doy mis ojos, Celda 211), encabezando el reparto. El filme, una coproducción entre Francia y España, está basado en la historia real del colombiano José Crisanto Gómez, un campesino desplazado que sobrevive con su familia en territorio ocupado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), hasta que la guerrilla le entrega a un bebé malherido con instrucciones de mantenerlo con vida y no sacarlo del perímetro controlado. El maltrecho niño resulta ser el hijo de Clara Rojas, abogada colombiana secuestrada junto a Ingrid Betancourt, nacido durante el cautiverio de su madre y que resultará clave en las negociaciones entre Colombia y Venezuela a finales de 2007. Por Laura Crespo
El nombre de Miguel Courtois suele relacionarse con trabajos en cine de tinte político. Actualmente, y por desgracia, habría mucho donde elegir en este sentido, ¿por qué contar esta historia? Miguel Courtois: Creo que es la historia la que viene a ti más que lo contrario. Casualmente, leí un día un artículo en una revista, lo comenté con el productor francés de la película y hablé con Antonio Onetti, guionista con el que yo ya había trabajado en El lobo, Gal y 11 M: Historia de un atentado. A partir de ahí, él hizo una investigación y nos pareció que teníamos un tema muy fuerte porque, además de ser algo específicamente colombiano, era también muy universal. Eso a mí me interesó mucho.
El reparto es colombiano a excepción de Tosar, ¿tenía claro que lo quería a él para interpretar a Crisanto? Courtois: ¿No es colombiano? Primera noticia… (risas) No, no lo tenía nada claro. Es como si ahora te dijera que tengo muy claro que la próxima peli la quiero hacer con Brad Pitt. Me parece una cosa que si te toca, como director, es una gran suerte. Sobre todo si le puedes ofrecer un papel en el que le ves a gusto, contento y con un material a la altura de su talento.
De hecho, ha dicho en alguna ocasión al respecto de su papel en Operación E que es de los pocos guiones con los que ha decidido de inmediato que quería hacer la película. ¿Por qué? Luis Tosar: Era un guión muy bien escrito, que no es tan habitual como pueda parecer. Hay muy buenos guionistas en este país, pero muy pocos que tienen el tiempo suficiente como para trabajar en un guión de cine de la manera tan concienzuda con la que lo hizo Antonio Onetti. Sobre todo, para mí, había un personaje fascinante que tenía todo el jugo al que uno aspira, todos los materiales con los que un actor puede desear trabajar. Luego me planteó el proyecto Cristina Zumárraga, que ya estaba metida como co-productora en España, y con un director como Miguel, todo se plantea muy claro y muy sabroso.
Es más, de actor principal pasó también a productor de la película a través de su productora ZircoZine. ¿Por qué invertir en este proyecto? Tosar: Porque estaba costando levantar la financiación. Era una película que tenía una identidad poco clara en el sentido de que partía de origen francés la producción, luego entraba una co-producción española y estaba contando una historia de Colombia. Eso para los inversores es algo difícil de entender. Tal y como está montado hoy en día el mercado del cine, no es fácil convencer a la gente de que apueste por un producto a veces por cosas tan baladíes como esta. Hizo falta meter un poco de apoyo, lo hicimos a través de nuestra productora y la cosa empezó a andar en serio.
Supongo que se nota la dificultad de financiación en estos momentos… Courtois: Sí, pero más que nada yo diría que se nota la dificultad para este tipo de cine. Aunque ahora mismo conseguir dinero es muy difícil, se supone que si haces otro tipo de cine a lo mejor es menos complicado.
¿Otro tipo de cine como cuál? Courtois: Pues un cine que se piensa en un primer momento como más comercial. Una comedia romántica con dos estrellas, por ejemplo, se supone que se montaría más fácil. Pero también es cierto que no se puede hablar tan alegremente del cine que es o no es comercial porque en el caso de El Lobo, que también era una película que tenía una ambición de contar cosas importantes y con mucho sentido, fue un éxito comercial. Lo que quiere ver el público son historias fuertes, que le impacten. La gente que hace la industria a veces no tiene el mismo concepto de lo que le puede gustar al público.
Lo que sí es cierto es que hay muchas opiniones de que el cine español se acaba cuando terminan las subvenciones públicas… Tosar: Es curioso que la gente vea fatal esto pero no vea fatal que estén subvencionadas el noventa por ciento de las empresas españolas. Pasa incluso en los medios de comunicación. En general, las grandes editoriales están súper subvencionadas y ahora estamos viendo las consecuencias de eso, cómo están cerrando periódicos continuamente porque falta una ayuda pública. Esto es la realidad del país, no es un coto que sea nuestro exclusivamente.
La abogada Clara Rojas, secuestrada por las FARC y madre del niño sobre el que gira la trama de la película, no estaba muy a favor de esta producción por considerar que vulneraba la intimidad de su hijo. ¿Os ha hecho llegar su opinión de alguna forma? Courtois: Hubo un pequeño problema, al principio de llegar yo a Colombia, que creo que se debió a un malentendido. Clara Rojas pensaba que estábamos haciendo una peli sobre su vida, y como no le habíamos pedido permiso ni habíamos intentado ponernos en contacto con ella, se defendió de esta manera. La realidad es que la película no va de eso, no se ocupa del caso de Clara Rojas ni estamos contando su vida. Lo único que contamos de ella son cosas que pertenecen al dominio público.
¿Qué nivel de realidad tiene la película Courtois: Un cien por cien. Todo lo que estamos contando en esta película es totalmente real. Puede haber dos o tres licencias poéticas o cinematográficas porque es una construcción que se ha inventado Onetti, pero todo lo que estamos contando desde el punto de vista de la historia es real. Tosar: De hecho, a Crisanto Gómez, el protagonista real de la historia, le parece que se queda corta. La realidad de cada uno es el filtro que tenemos y la realidad en Colombia es mucho más dura a la que vivimos cualquiera de nosotros.
Desde luego que hay que quitarse el sombrero ante la interpretación de Tosar y ante lo que supongo que más nos ha sorprendido a los espectadores: ese acento colombiano que calca en la película. ¿Era algo que le preocupaba a la hora de preparar el personaje? Tosar: Sí, claro que me preocupaba. Yo soy gallego, así que estoy acostumbrado a que nos imiten y, en general, mal. Estoy especialmente sensibilizado sobre este tema, así que he intentado hacer el acercamiento más fiel y más honesto posible al acento colombiano. Empecé a preparar la película aquí muchos meses antes con un coach colombiano y un periodista con el que trabajé el acento e hice un poco de inmersión cultural, hasta donde podía. Conseguir la perfección en este sentido es prácticamente imposible, pero sí creo que se puede uno acercar de una forma bastante fiel. Luego, en los pases a los que ha asistido bastante público colombiano, de momento me han dado el beneplácito, lo cual no quiere decir que habrá colombianos que me vean, claro, como un español.
¿Qué impresiones ha intercambiado con Crisanto Gómez cuando pudo conocerle una vez terminada la película? Tosar: Sobre todo ha sido muy emocionante ver la película con él y comprobar que hay algo ahí que le emociona profundamente. La película se le queda corta porque todo lo que hemos comprimido en una hora y cuarenta y cinco minutos para él ha sido un infierno que ha durado seis años. Cualquier película o serie sobre esto se va a quedar siempre un escalón por debajo de la realidad. Aunque sea un lugar común, la realidad muchas veces supera a la ficción. Pero es verdad que hemos intentado hacer una puesta en escena muy honesta con esta película y a él creo que le emociona. Quieras que no, es su vida representada en una película.
¿Es una película que huele a Goya? Courtois: No tengo ni idea. Tosar: Es muy pronto para decir esto. Quedan muchos estrenos de películas muy potentes y no hay que aventurarse. Esto es una paranoia que tenemos todos los años y que empieza, a mi modo de ver, demasiado pronto.
¿Ha cambiado vuestra visión del conflicto colombiano después de hacer la película Courtois: Por supuesto que cuando te entregas a fondo en una historia y reúnes toda la información, la visión que tienes de las cosas va mejorando y es más precisa y más clara. Ahora conozco mucho mejor el tema de las FARC y sé cuando esta gente está mintiendo y cuando están haciendo trabajo de relaciones públicas. También sé mucho más cómo funciona Colombia y los paramilitares o cómo el Gobierno dedica un porcentaje altísimo del presupuesto anual al Ejército. Todos esos elementos te permiten tener una visión de lo que es Colombia, por supuesto, diferente de la que tenía antes. Tosar: Además, una vez allí, compartiendo un tiempo con los colombianos, te das cuenta de la incidencia de un conflicto que ya está muy enquistado, que lleva 50 años influyendo en la vida social colombiana. Lo que se aprecia es que la gente está muy cansada, a pesar de que impera la ley del silencio. A la gente no le gusta hablar de esto porque es difícil pronunciarse sabiendo que el vecino también tiene, indefectiblemente, su experiencia con el conflicto, pero no sabes de qué lado le han venido los palos. Viviendo un poco allí y compartiendo cosas con ellos constatas que la gente actúa con cierta precaución. Te das cuenta de que hay otra magnitud que afecta a una población muy amplia.
Parece que en los últimos meses se están dando una serie de pasos hacia adelante en el conflicto de las FARC. ¿Son optimistas? Courtois: Por un lado, lo que está claro es que la gente está agotada de este conflicto, que se ha llegado a un punto límite. Por otra parte, los intereses de que esto dure son enormes. No veo cómo de un día para otro los que mandan en las FARC van a ser personas normales que van a pagar impuestos. Y luego están los paramilitares y el Gobierno, donde entran en juego muchas subvenciones para luchar contra esta gente. Cuando hay tanta pasta de por medio la cosa se complica. Yo creo que no va a ser fácil dejar este rollo.
Aunque, efectivamente, llegan noticias acerca del conflicto colombiano, ¿creen que, en general, conocemos poco la dimensión de sus consecuencias? Courtois: Por supuesto se conoce poco la realidad. Es un país en guerra con cuatro millones de desplazados dentro del propio país. A parte del conflicto colombiano, lo que me ha interesado contar con la película es una metáfora, una historia que sea emblemática del mismo problema que hay en muchos otros lugares del Mundo. Yo lo he visto en Afganistán cuando estuve rodando en Kabul, lo he visto en Chad, ahora en día sería en Mali. Allí donde hay desplazados, guerras civiles o guerras, las víctimas inocentes son las que pagan el precio fuerte, y de esta gente sólo se habla de pasada. Incluso hoy en día en España, con la crisis, estarán ocurriendo miles de casos tremendos de gente que está en una situación terrible de sufrimiento, y de lo que se habla es de los bancos, en Francia de cómo se están enfadando entre ellos dentro del PP local… De cosas que no afectan a nadie, que no nos importan. Era importante que una película contara la verdadera historia de las víctimas, de los inocentes, que al final son los héroes de las historias que otros nos están contando y en las que otros se están poniendo las medallas en su lugar. Creo que es un tema súper universal, no solamente colombiano, y de actualidad.
¿La película se va a estrenar en Colombia Courtois: Sí, y además hay mucha expectación allí. Es un tema suyo que creo que es la primera vez que se les va a contar desde fuera y creo que es interesante tener esa mirada de extranjeros. Tosar: Esa independencia de la que nosotros tenemos el privilegio de gozar es lo que en ocasiones se necesita cuando un país está inmerso en un conflicto. Esa independencia quizá dentro no sea tan fácil conseguirla, así que creo que de alguna manera el pueblo colombiano puede agradecer que esto se ponga en las pantallas. Ya que a ellos les es negada esa posibilidad por miedo, por no saber qué es lo que puede pasar si alzan mucho la voz, es interesante que alguien muestre al mundo esos millones de vidas de los refugiados.
Miguel, ha trabajado a caballo entre Francia y España, dos países que suelen ponerse como ejemplos antagónicos de la salud de su cine en taquilla. ¿Qué diferencias ve? ¿Por qué cree que allí se valora tanto el cine nacional y aquí la tendencia es a infravalorarlo? Courtois: Lo del público no lo sé realmente, pero lo que sí puedo explicar de manera muy clara es que industria francesa funciona de una forma muy diferente de la española y que es muchísimo más potente, con muchísima diferencia. Una industria potente puede producir un cine que ya está fabricado para el público que lo reclama. Es una relación entre la industria y su público. Eso son años de trabajo y también una visión cultural de lo que tiene que ser el cine y una industria que apoya esa visión cultural y ofrece un sistema para financiarla. En el tema de la financiación creo que Francia es un ejemplo a seguir, por lo menos en Europa. Tosar: Hay además un apoyo institucional muy inteligente. Por ejemplo, un euro de cada entrada de películas foráneas va para el Instituto de Cinematografía Nacional. Ellos venden las licencias de doblaje al precio que se tienen que vender. Es decir, si dejas operar a una multinacional en tu mercado, que pague un canon, no tiene que ser campo libre como el que tenemos aquí en España. Ahí es donde tenemos la cuenta pendiente y, de saldarla, la gente ya no hablaría tanto de subvenciones. Aquí, ya no sólo en la industria del cine sino en muchas otras, dejamos a las multinacionales hacer lo que quieran. A nosotros nos arrancan todos los días y lo que realmente revierte a las arcas públicas es muy poco. Courtois: En Francia, los americanos terminan produciendo el cine francés. Algunas compañías americanas tienen ya, por obligación económica derivada de este sistema, que producir cine francés, porque si no el dinero se lo quedarían sólo los franceses. La única manera de recuperar el dinero es producir ellos mismos cine francés.
¿Hace falta, entonces, voluntad política? Tosar: Absolutamente, yo estoy hablando de voluntad política. Courtois: Sí, pero no solamente. Es una voluntad política, pero también un alto nivel de conciencia de los profesionales, que tienen que estar muy unidos, hacer piña y no ir cada uno a sus intereses personales.