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crítica de cine

[i]Invasor[/i]: jugárselo todo con tal de conocer y destapar la verdad

domingo 02 de diciembre de 2012, 10:40h
El actor argentino Alberto Ammann vuelve a meterse en la piel de un personaje que únicamente puede confiar en él mismo para salvar la vida, como ya hizo con gran éxito en la cinta que le dio a conocer en España, Celda 211.
En el nuevo trabajo del director Daniel Calparsoro, Alberto Ammann interpreta a Pablo Garre, un médico militar español que, durante una misión en Irak en el año 2004, se ve envuelto en un atentado de la insurgencia contra el convoy en el que viajan acompañados por militares estadounidenses, junto a su amigo y compañero, Diego, a quien da vida el actor malagueño Antonio de la Torre. Ambos logran milagrosamente salvar la vida pero el incidente les marca para siempre, especialmente a Pablo, que, aunque al principio de su recuperación en España no logra recordar más que pequeños fragmentos de lo ocurrido, poco a poco empieza a darse cuenta de que lo relatado de forma oficial a los medios y lo que él cree que vivió no coincide en absoluto. La cinta, que está parcialmente basada en la novela homónima del escritor bilbaíno Fernando Marías, va reconstruyendo, con un eficaz método de flashbacks, lo que recuerda Pablo y que, posteriormente, irá completándose con el relato de Diego, conocedor en primera persona de los terribles hechos que tuvieron lugar delante de sus ojos, mientras Pablo luchaba, medio inconsciente, contra la muerte.

Por supuesto, a las autoridades no les interesa que lo ocurrido, - el espectador lo va conociendo al mismo tiempo que el protagonista -, salga a la luz, de modo que “desde muy arriba”, llega la orden de que los tres implicados españoles –hay otro joven militar, además de Pablo y Diego- firmen un acuerdo de confidencialidad antes de que les entreguen una suma de dinero junto a la correspondiente condecoración por su heroica acción. El “encargado” de que así ocurra es el oscuro señor Baza, interpretado por Karra Elejalde, uno de esos malos de película que lleva en la sangre su misión y a quien no le va a gustar nada en absoluto la rebeldía del médico militar. Porque Pablo, a pesar de la oposición de su mujer, rol que interpreta Inma Cuesta, que con buen juicio le pide que olvide lo que ocurrió y reciba el dinero que tanta falta les hace, y de la admiración con la que le mira su hija pequeña, enseguida se da cuenta de que, para salvar su vida, tuvo que matar a una familia iraquí no muy distinta a la suya propia. De este modo, el sentimiento de culpabilidad se entrecruza con la necesidad de conocer hasta el último detalle de lo acaecido. Y la lucha entre ambos hombres, que representan la verdad y la mentira como valores absolutos, se convierte en el centro de este impactante thriller de conspiraciones políticas que nada tiene que envidiar a los productos made in Hollywood, sino más bien al contrario, y que cuenta con magníficas escenas de persecuciones, de durísimas luchas cuerpo a cuerpo y de brutales explosiones, capaces de mantener al espectador sin moverse en su butaca durante todo el metraje.

El filme, de los mismos productores de Celda 211, está rodado íntegramente en España: en Fuerteventura y Lanzarote se han recreado las escenas que tienen lugar en la guerra de Irak, mientras que el resto de la historia tiene lugar en la ciudad de A Coruña, y es, sin duda, un ejemplo más de que la industria cinematográfica española es muy capaz de hacer cine de cualquier tipo de género con gran calidad. Ahora, sólo falta vencer los prejuicios que todavía mandan en muchos de los españoles a la hora de elegir con total naturalidad un filme bélico de nacionalidad española.
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