El Día de la Constitución
viernes 07 de diciembre de 2012, 08:50h
Al cumplirse el 34 aniversario de la Constitución española, ante todo no está de más recordar que este conjunto de libertades, derechos y obligaciones que los españoles votaron por amplísima mayoría hace más de tres décadas ha proporcionado a España la más larga etapa de estabilidad, paz y prosperidad de su historia. Y tampoco conviene olvidar que la Carta Magna promulgada en 1978 certifica sin la menor ambigüedad la “indisoluble unidad de la nación española”.
Coincidiendo con esta conmemoración, se han producido dos hechos significativos que deben mover a la reflexión. Por un lado, se han conocido los resultados del último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicos (CIS), y, por otro, se han celebrado concentraciones en Madrid y Barcelona bajo el lema “España somos todos”. Según el barómetro del CIS, más de un 50 por ciento de los encuestados se considera “poco o nada satisfecho” con la Carta Magna, únicamente un 36,4 por ciento sabe situar en 1978 la fecha de su nacimiento, y un 44,6 por ciento cree que “se respeta poco a nada”. En cuanto a las concentraciones, que han registrado una considerable afluencia, obedecen a la radical ofensiva de los nacionalismos periféricos contra la unidad de España –y, por ende, en buena medida contra la Constitución-; una ofensiva a cualquier precio: por encima de la legalidad y utilizando incluso una grosera manipulación de la Historia, contada a su propia conveniencia y desde un perpetuo victimismo.
Resulta muy preocupante esa alta desafección ciudadana hacia la Carta Magna, así como el que sea necesario convocar una concentración para defender algo tan elemental como la unidad de España. No pocas voces se alzan con la idea de que sería preciso abordar una reforma de la Constitución, lo que quizá sería conveniente, especialmente en algunos aspectos, como el Estado autonómico, muy cuestionado por la mayoría de los ciudadanos tal y como está en la actualidad. España es un país con demasiadas constituciones (aunque no tantas como en Francia) y apenas reformas constitucionales. Quizá vaya siendo hora de revertir esta tendencia. Introducir algunas modificaciones en la Carta Magna no dejaría de contribuir a su fortalecimiento, como se demuestra por ejemplo en el caso norteamericano, donde su Constitución de 1787 sigue en vigor tras haber ido incorporando enmiendas. Y también, sobre todo, hay que combatir esa sensación expresada en el barómetro del CIS de que la Constitución no se respeta. Se introduzcan o no modificaciones en un futuro, la Carta Magna y las leyes no deben incumplirse jamás, sino respetarse de manera escrupulosa.