Berlusconi fuerza la dimisión de Monti
lunes 10 de diciembre de 2012, 07:40h
Mario Monti dimitirá tras la aprobación de los presupuestos del próximo año. Su decisión, un acto de dignidad y un gesto de responsabilidad política, resulta consecuente con las intenciones del Pueblo de la Libertad de retirar la confianza al Gobierno tecnócrata, abriendo, de hecho, la campaña electoral. Al mismo tiempo, Silvio Berlusconi anunciaba que volverá a presentarse como candidato a primer ministro en las próximas elecciones. Ambas noticias han asustado a los mercados y alarmado a los políticos europeos.
La decisión de Berlusconi de regresar a la política activa representa una señal negativa, de regresión y estancamiento. Su anuncio no puede dejar indiferente a aquellos que desean que Italia cuente con un sistema democrático fuerte y sólido: una vez más, la demanda de una parte de muchos italianos de un centro-derecha liberal y moderado, no encontrará una oferta política adecuada, empujando a parte del electorado hacia el voto de protesta o el abstencionismo. La sabiduría y el sentido de responsabilidad deberían invitar a Berlusconi a apartarse definitivamente de la escena política nacional, evitando anacrónicos proclamas populistas o el recurso a una demagogia simplista e artificiosa. El cavaliere sigue persiguiendo sus intereses personales, sin tener en cuenta los intereses de Italia: un hombre “enfermo” de protagonismo y de megalomanía, que ha demostrado en estos años anteponer sus intereses a los de la colectividad. El gesto del ex Presidente tendrá repercusiones y minará la estabilidad político-económica del país–la prima de riesgo ya se disparó el pasado viernes.
Cabe esperar que las dos decisiones, de Monti y de Berlusconi, dejarán el país nuevamente a la merced de los mercados y alimentarán contraproducentes impulsos centrífugos. El actual Presidente del Gobierno, un economista atento y preparado, conocía este peligro: por eso, con otros socios europeos, quería garantizar el futuro de Europa, estabilizar la economía de la zona y moverse hacia un fortalecimiento del euro. Su dimisión pondrá otra vez en tela de juicio la frágil economía italiana y, probablemente, perjudicará su credibilidad, fatigosamente recuperada. La prima de riesgo volverá a amenazar la estabilidad de Italia y de otros países de la Unión, mientras Berlusconi recurrirá al populismo para, en sabias palabras de Monti, “no ver la complejidad de los problemas o escondérselos a los electores”.
Italia no puede permitirse caer en la situación en que se encontraba antes de la llegada del gobierno técnico: sus condiciones podrían convertirse en un peligroso detonante para el futuro de la zona euro. Durante estos meses, Italia ha conseguido alejarse de una situación extremadamente grave no sólo para su futuro, sino para el de Europa: el Gobierno Monti ha conseguido trasmitir seriedad y rigor al escenario político-económico nacional, adoptando medidas de ajuste improrrogables e iniciando un proceso de reforma necesario para relanzar e impulsar la economía nacional. El peligro de que la vuelta de Berlusconi pueda interrumpir el camino reformista y, con toda probabilidad, actuar “marcha atrás”, aprobando leyes ad personam para garantizarse su inmunidad judicial, atemoriza a los socios europeos de Italia y también a los mercados. La vuelta a un pasado tan oscuro podría resultar terriblemente perjudicial para Italia: aún le queda mucho camino por recorrer. El país transalpino debe acrecentar su productividad y relanzar su economía, modernizar su administración pública y agilizar su burocracia, luchar contra las mafias y las clientelas parasitarias, ofrecer nuevas esperanzas a sus jóvenes. Una serie de prioridades que no se solucionan volviendo al pasado, sino apostando por el futuro, recordando que una Italia fuerte y estable, política y económicamente, resulta necesaria para el futuro de Europa.