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Guerra de aniquilación en Telemadrid

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 12 de diciembre de 2012, 19:53h
Como era previsible, en una crisis brutal como la que sufre España el primer objetivo de las críticas es el poder, sea político o económico. Pero las crisis corrompen internamente a las sociedades y, por eso, avanzamos progresivamente en una refriega de todos contra todos.

Veamos un sencillo ejemplo: Telemadrid. La radiotelevisión pública madrileña está en situación de quiebra. Como otras españolas, por supuesto, pero ésta lo reconoce. Durante años se ha mantenido a base de deuda, pero ha llegado un punto en el que la burbuja se ha hecho insostenible y hasta por ley se ha prohibido el endeudamiento de las empresas públicas. Resultado: el cierre o unos inmensos, brutales, recortes.

Se pueden discutir las causas de este desastre, que se ha producido en paralelo a muchísimas otras empresas públicas y privadas españolas que vivieron el espejismo y se han tropezado con la realidad. Los sindicatos creen que es por despilfarro de la Comunidad en amiguetes, colaboradores y directivos. Otros piensan que el problema pueda ser la hipertrofia en personal fijo generada a lo largo de décadas, que ha hecho que la plantilla de Telemadrid sea mayor que las de Tele 5 y Antena 3 juntas. Los sindicatos creen que quitando tertulianos y directivos resuelven el problema. Otros piensan que pagar 58 millones de euros anuales en nóminas puede ser también relevante. Los sindicatos entienden que han hecho muy bien blindando convenios sucesivos hasta impedir toda flexibilidad de la empresa. Otros piensan que con esa flexibilidad, la crisis hubiera sido menos violenta.

Tanto da si ella solita se murió o entre todos la mataron. Tanto da que los sindicatos nunca reconozcan su destacada contribución en hacer inviable Telemadrid, aunque tengan razón en recordar que se debió prever el problema desde los gestores. Pero lo que no dirán los sindicatos es que los gestores siempre tuvieron las manos atadas, precisamente por los sindicatos, y por la Justicia que siempre les dio la razón a éstos, hasta en el “derecho” a impedir la emisión del medio (llevar “a negro”) como si el medio fuera de los trabajadores y no de sus propietarios, los ciudadanos que pagan impuestos y tienen derecho a ver la televisión que pagan.

Los sindicatos y sus bases han apretado tanto cuanto han podido, y han tenido éxito. Hasta el punto de la asfixia del adversario. Lo que no debieron pensar es que muerto el portador, muerto el virus. Y ya da igual quién es uno y quien otro, porque el final es colectivo.

Telemadrid puede haberse agotado en su actual modelo por muchas razones, pero no es la menor el hecho de que se haya dinamitado internamente por razones ideológicas. A unas bases sindicales generadas en el momento de la apropiación de la televisión pública por la izquierda (cuando arrancó la Autonomía de Madrid) no le podían gustar las posteriores administraciones del Partido Popular. Y estas administraciones difícilmente podían sentirse cómodas en un medio que siempre mezcló reivindicaciones laborales con políticas.

Como las bases sindicales de izquierda se sentían seguras en su empleo por estar en un medio público, dedicaron todo su esfuerzo en dar la batalla ideológica, sin importarles los daños colaterales para la credibilidad y audiencia. Si, además, en pleno auge de la competencia televisiva, se negaron en redondo a cualquier adaptación para mantener imperturbables sus estatus anteriores, el resultado no podía ser otro que el que estamos viendo.
A su vez, a los administradores políticos de Telemadrid tampoco les gustaba el panorama. Y cada vez se han sentido más distanciados del medio. Por lo que, en lugar de hacer el esfuerzo presupuestario que hace Mas con su TV3 o Griñán con su Canal Sur, han preferido la objetividad contable. Porque ni siquiera podían contar con un “aparato de propaganda” que interesara políticamente, aunque los sindicatos creyeran que lo era. El éxito sindical de hacer incómoda la gestión de Telemadrid ha causado la reacción previsible. Nadie paga cientos de millones de euros para estar molesto y para ser insultado todos los días.

Ahora, muchos trabajadores de Telemadrid, y a no pocos conozco personalmente, están con un pie en el abismo. Y esto es tristísimo. Pero más triste aún es que unos cuantos (la vanguardia sindical) se hayan sentido investidos como los únicos perjudicados y, por lo tanto, quienes tienen derecho a insultar al resto. Y como el Gobierno regional es difícil de intimidar, entre otras cosas porque está bastante lejos, la clave ha sido coaccionar, calumniar o amenazar a quienes los citados sindicatos y su masa de seguidores consideran sus enemigos interiores. Enemigos a punto de perder su puesto de trabajo, por cierto.
Telemadrid ha sufrido una guerra al estilo de la Primera mundial. De trincheras y aniquilación. Es por eso, el ejemplo de la corrupción moral que se genera en los procesos de crisis. Pero, saber por qué son las cosas no impide su juicio. El comportamiento sindical de Telemadrid, al poner el objetivo de sus ataques en los propios compañeros, especialmente quienes no son de izquierdas, ha llegado a la abyección. Por eso, yo mando desde aquí mi apoyo a los grandes profesionales de Telemadrid que son objeto de insultos y coacciones, a quienes se quiere intimidar y amenazar. Y como siempre conviene un ejemplo, yo pongo uno: Isabel San Sebastián.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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