Nuestros 7 pecados capitales
martes 18 de diciembre de 2012, 20:56h
Aunque siempre es arriesgado generalizar, sí estimo que cada comunidad o sociedad tiene ciertas actitudes comunes que más o menos la identifican. Con la intención de aprender algo de nuestros propios errores y tratar de mejorar, voy a arriesgarme a apuntar lo que considero son los 7 pecados capitales de la sociedad española. Tal vez la lectura de los mismos pueda motivar alguna interesante reflexión, tanto para estar de acuerdo con ellos e intentar actuar en consecuencia, como para simplemente criticarlos y discrepar de su pertinencia.
1. Saber escuchar y tener capacidad de aprender del otro. No sé si será por el denominado carácter latino, por el clima básicamente soleado o porque vivimos más en la calle que sociedades de más altas latitudes; pero nos cuesta mucho escucharnos, comunicarnos de manera eficaz, salir de nuestros propios posicionamientos y tener la capacidad de ponerlos en cuestión. Es interesante ver cómo se desarrolla un debate en una televisión española y ver cómo se debate en una televisión alemana o inglesa. Quizás debiéramos de aprender algo más de objetividad, capacidad de análisis frio y empírico por encima de lo emocional y visceral, que en materias artísticas pueden aportar mucho, pero no en el análisis intelectual.
2. Gusto por la picaresca, el atajo y no respetar las normas. Sí parece que Rinconete y Cortadillo, el Buscón o el más popular Lazarillo de Tormes son parte de nuestro ADN. Lo que podríamos denominar el típico “listo”. Posiblemente existirá en todas las sociedades humanas, pero no sé si la nuestra está especialmente bien dotada de este tipo de espécimen que tan perjudicial es para la vida pública o social. Es el que no respeta las mínimas normas comunes que facilitan y permiten la convivencia, el que se beneficia y se aprovecha del esfuerzo común para su interés particular, el que va a lo suyo a nivel social.
3. La falta de perseverancia. Este pecado capital español no es tan conocido e identificado, pero es realmente interesante. Yo lo descubrí por primera vez en la Antropología de Kant cuando habla del pueblo español. Curiosamente no le falta parte de razón. Los proyectos importantes de la vida son a largo plazo, son fruto del esfuerzo continuado, de la constancia, de la permanencia. Esto se puede observar en nuestra propia vida democrática, hay que regarla y mimarla todos los días para que no se pudra y degenere. Sin olvidar que la democracia es una planta extremadamente delicada.
4. Nos falta humildad a la hora de aceptar ciertas superioridades del otro. Hay personas que son más inteligentes o trabajadoras que uno, que son más capaces o más brillantes. Parece que en España sí reconocemos la superioridad en lo físico y admiramos, alabamos y reconocemos a los grandes deportistas como cuasi dioses -a veces de una forma excesiva-. Pero curiosamente es bastante más difícil que ese reconocimiento recaiga de igual forma en personas que son superiores a nivel intelectual, laborioso o incluso ético. Muchas veces nos falta la humildad suficiente para reconocer nuestras limitaciones o errores, y entender cuál es nuestro sitio, función o responsabilidad, aceptándolo de buen grado. La envidia te puede arruinar la vida.
5. Falta compromiso con lo común, con lo colectivo, con lo que es de todos que más parece que no es de nadie. Sí creo que tenemos un serio problema de falta de cultura cívica. La vida común o colectiva también existe, y alguien tiene que cuidar de ella. El ser humano no sólo tiene vida individual. En este pecado capital creo que los españoles tenemos que trabajar mucho. No puede ser que todos digamos lo que se debe hacer en la vida pública, política o colectiva, pero terminar afirmando que lo haga otro. Si no remamos todos del barco común, este lógicamente se para y no avanza. Aquí cada uno tiene que asumir su parte de compromiso. La teoría de que lo haga el de al lado nos lleva a la parálisis colectiva como Nación.
6. Somos grandes teóricos y muy poco prácticos. Conozco bastantes personas que te castigan con elaboradas teorías políticas durante y después de una buena comida. Sin embargo, son muchos menos los que conozco que de esas elaboradas teorías y principios de actuación sobre nuestra vida pública, pasen de lo teórico al compromiso práctico en el grado que sea. Evidentemente no todo el mundo puede ser político de primera línea, pero sí estoy convencido que es necesario que todo el mundo tenga su compromiso político o con la vida pública más allá de votar cada cuatro años. Lo público es cosa de todos y es preciso que la sociedad española sea más comprometida con la realidad, dando ejemplos reales más allá de los cómodos, fáciles y vistosos discursos políticos de sobremesa.
7. Fallamos en el trabajo colectivo o en grupo. Nos cuesta llegar a acuerdos, aceptar nuestras equivocaciones, elevar nuestra perspectiva de lo individual a lo colectivo. Posiblemente sea una consecuencia de lo apuntado en los pecados capitales 1, 4 y 5.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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