El año 2012 que toca a su fin ha estado marcado por el descenso de los ingresos de los españoles que, sin embargo, han visto cómo aumentan los precios. Los expertos apuntan a que España se encuentran inmersa en un proceso de devaluación interna, es decir, de empobrecimiento, algo que de forma paradójica puede ser una palanca para salir de la crisis en la medida en que aumenta la productividad española. Por D. Villagrasa
La sensación generalizada de haber perdido poder adquisitivo en los últimos meses está más que justificada: la subida de la luz, la subida de los combustibles, la subida del IVA, mantienen los precios al alza muy por encima de lo marcado por el Banco Central Europeo. La inflación sigue disparada, en el entorno del 2,9%, casi un punto porcentual sobre el límite impuesto por el organismo del italiano Mario Draghi.
Paralelamente, los ingresos de los españoles disminuyen a un ritmo desacostumbrado. Mientras los pensionistas han visto revalorizadas las pensiones por debajo de la subida de los precios, los funcionarios han perdido una paga extra, lo que supone de facto una bajada de sueldo. En el sector privado, el ajuste comenzó desde el estallido de la crisis, que ha destruido unos tres millones de empleos. La reforma laboral aprobada en febrero permite una mayor flexibilidad, lo que significa que da más margen a la empresa para reducir los salarios, con el fin de que los ajustes no se hagan por la vía del despido.
A falta de datos concretos de lo que se han reducido los salarios en el sector privado, un estudio de International Business Report publicado este verano por Gran Thornton asegura que en España sólo un 1% de los negocios ofrecerá un aumento salarial por encima de la inflación, y un 11% se plantea reducirlos, mientras que el
46% apuesta por la congelación salarial.
El resultado es la pérdida de poder adquisitivo de los salarios de los españoles. Pero, ¿por qué los analistas y expertos económicos ponen el grito en el cielo con desequilibrios como el déficit fiscal no se escandalizan por la subida galopante de los precios o por la pérdida de poder adquisitivo? ¿Por qué el Banco Central Europeo, el FMI o la Comisión Europea no subrayan que se debe detener la inflación, que sigue su escalada en un país en recesión, en el que decrece el consumo?
La respuesta es que muchos de los expertos que mantienen vigilada la economía española consideran que esto es positivo. Y lo es porque permite
aumentar su competitividad y su pujanza exterior. Es la postura, sin ir más lejos, del propio Banco de España, dirigido por su gobernador José Luis Malo de Molina.
Devaluación monetaria y devaluación internaHasta la entrada del euro, España salía de las sucesivas crisis que ha sufrido su economía mediante devaluaciones de la moneda. Al rebajar el valor de la peseta, la pérdida de riqueza se realizaba con un ‘corte limpio’ y no era necesario reducir los salarios, a pesar de que el poder adquisitivo sí menguaba.
La pérdida de valor de la moneda, que inducía de manera artificial el Banco de España, beneficiaba a uno de los sectores más potentes de la economía, el exterior. Con una
moneda más ‘barata’se podía exportar más, y los bajos precios del país también atraían a más turistas. Con salarios más bajos en comparación con otros países, también las empresas extranjeras se animaban a emprender en la ‘Piel de toro’. Estimulaba, asimismo, el consumo interno, ya que los productos del exterior eran más caros y, en definitiva, reequilibraba la balanza comercial.
Desde que España está en el euro este tipo de devaluación es imposible, ya que la soberanía sobre la moneda recae en el Banco Central Europeo. Por ello, desde que estalló la crisis muchos expertos han apostado por la devaluación interna, que a pesar de tener los mismos resultados, es mucho más dolorosa, ya que el proceso de ‘empobrecimiento’ no se produce de una manera monetaria, sino orgánica.
ResultadosLa postura del Banco de España sobre la devaluación interna que vive el país es bien conocida. En el mes de octubre, su gobernador José Luis Malo de Molina instaba a “culminar el programa de reformas estructurales que potencien la competitividad y el crecimiento a largo plazo”, y en cuanto a las fórmulas para conseguirlo, sostenía que “la competitividad sólo se puede restaurar mediante la devaluación interna”, mediante los “ajustes de precios y costes”.
La postura del Gobierno sobre esta devaluación interna es algo más discreta. El ministo de Economía,
Luis de Guindos, no se ha expresado con demasiada frecuencia en estos términos, impopulares sin duda –pronunció la fórmula ‘devaluacion interna’ en Washington, en una conferencia ante analistas e inversores-.
Exhibe, no obstante, los resultados de esa política aplicada aunque no enunciada. Sobre la reforma laboral, ha dicho recientemente, durante la sesión de control al Gobierno, que los costes laborales se están corrigiendo “por la vía adecuada”, es decir, mediante la
reducción de salarios y no con despidos como había sucedido hasta que fue aprobada. Ello permite mejorar la competitividad y el sector exterior español, que para el ministro de Economía es la palanca que sacará a España de la crisis.
Este mensaje es también el que ha hecho llegar el Ministerio a la prensa antes de las vacaciones navideñas. El Gobierno
está orgullosode que se reduzca el desequilibrio entre exportaciones e importaciones, que se sitúa en 28.056 millones de euros, lo que supone el mejor dato de toda la serie histórica.
Esto se debe al aumento de las exportaciones, que crecen un 4,2 por ciento hasta los 185.105 millones de euros, mientras que caen las importaciones, un 1,6 por ciento, hasta los 213.161 millones.
Son, en definitiva, los frutos de las políticas que está impulsando activamente el Gobierno. El año 2012 ha sido el año del esfuerzo por la reducción del déficit –algo que en sí mismo no saca de la crisis económica-, y de la segunda entrada en recesión. Pero ha sido también, quizá más soterradamente, el año de la devaluación interna.