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Democracia e igualdad

Enrique Aguilar
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miércoles 09 de enero de 2013, 20:28h
La publicación en español del libro La sociedad de iguales (Buenos Aires: Manantial, 2012), del pensador francés Pierre Rosanvallon, constituye una excelente noticia para quienes anhelábamos ver prolongada una empresa que se inició con La contrademocracia (2007) y luego La legitimidad democrática (2011), obras de lectura imprescindible para la comprensión de los problemas y desafíos que enfrentan las democracias contemporáneas.

En este caso se trata de la igualdad, analizada a partir de lo que Rosanvallon entiende como “la gran contradicción” que recorre la historia de las democracias capitalistas liberales, a saber: “la coexistencia de una filosofía igualitaria fundadora y de una realidad social marcada por fuertes desigualdades”. A este propósito, dos son las perspectivas desde las cuales desarrolla su análisis, que se corresponden con su doble condición de historiador y filósofo político. Por un lado, la perspectiva histórica, desde la cual Rosanvallon reconstruye los siglos XVIII y XIX, signados por el debate en torno a la igualdad. Por el otro, una filosofía de la igualdad que no sólo es fruto del “trabajo académico” sino también de una “inquietud ciudadana” que le es inseparable.

Para Rosanvallon, el proyecto de la igualdad habría sido enunciado bajo tres modos: la semejanza humana, la autonomía individual y la ciudadanía. Sin embargo, estas tres modalidades o representaciones de la igualdad (cuyos correlatos jurídicos e institucionales fueran, respectivamente, los derechos del hombre, el mercado y el sufragio universal) habrían entrado en crisis a partir de la revolución industrial sin que aún se les hubiera restituido su sentido. Precisamente de esta crisis y, previamente, de la invención misma de ese proyecto se ocupa la primera parte del libro, con el acento puesto en las experiencias francesa y americana. Seguidamente, Rosanvallon estudia cuatro tentativas que, a lo largo del siglo XIX, estuvieron dirigidas a “recalificar” el ideal igualitario, sea para “conjurar su dinámica” o para “reinterpretar su sentido”: la ideología liberal-conservadora, el comunismo, el nacional-proteccionismo y la segregación racial. Cuatro maneras, según Rosanvallon, de negar o pervertir la igualdad democrática.

Del capítulo III se podría decir que sirve de puente en la obra entre su parte más “histórica” y la más teórica o filosófica, que cubre fundamentalmente los capítulos IV y V, donde Rosanvallon se dedica plenamente a “bosquejar” una definición propia de la sociedad de iguales basada en las consignas de “singularidad”, “reciprocidad” y “comunalidad” que podrían superar una era caracterizada por el escaso apego a los valores colectivos y por un “separatismo” generalizado que encuentra quizá en la organización de los espacios urbanos su manifestación más visible. No es necesario entrar aquí en el detalle de estas consignas. Baste con mencionarlas como incitación a explorar su significado mediante la lectura de este libro tan apasionante como el tema mismo que aborda.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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