En la muerte del pequeño Leyson
jueves 17 de enero de 2013, 20:18h
A principios de semana moría en Los Angeles Leon Leyson. Puede que su nombre no fuera especialmente conocido a título individual, aunque sí como integrante de un todo de 1.200 personas, las que conformaban la Lista de Schindler. Su historia la plasmó Spielberg en la película del mismo nombre y en la que, a juicio del propio director, es su mejor obra. Sin embargo, hay muchos detalles de la vida de Oskar Schindler que quedaron en el tintero.
Leon Leyson tenía sólo 13 años cuando empezó a trabajar en una fábrica polaca, salvándose así de morir en un campo de exterminio. Su benefactor, Schindler, le llamaba el pequeño Leyson por su baja estatura, hasta el punto de que tenía que usar un taburete para llegarle mejor a la maquinaria que fabricaba vainas de proyectiles. Dichas vainas, por orden del propio Schindler, eran defectuosas, aunque la Gestapo nunca pudo demostrarlo. Esto sí sale en la película, así como la faceta mujeriega y juerguista de Schindler, por lo demás totalmente veraz.
Lo que no se dice, en cambio, es que de niño Schindler tuvo muchos amigos judíos. Y que pese a afiliarse al partido nazi en 1930, nunca renegó de sus viejos conocidos. Al empezar la guerra, vio la oportunidad de negocio adquiriendo a precio de saldo una fábrica de ollas en Varsovia. Las ollas dejarían paso a suministros del ejército, en especial vainas de proyectiles. Aquí fue donde pudo emplear a un millar largo de personas, que salvaron su vida gracias a él. Porque si bien en un primer momento lo único que le movía era ganar dinero fácil, el ver cómo la Gestapo trataba a los judíos le hizo cambiar el prisma. Y posicionarse.
Pocos saben que Oskar Schindler fue arrestado en varias ocasiones por la Gestapo e interrogado bajo la acusación de irregularidades y favoritismo hacia los judíos. Lejos de acobardarse, siguió adelante con “lo suyo”. Prueba de ello es el viaje que realizó a Budapest en 1943 a petición del Jewish Joint Distribution Committee, donde les expuso las terribles condiciones en las que se hacinaban los judíos del ghetto de Varsovia. De todas las personas a las que salvó destaca la historia de 120 prisioneros de Goleszow, un sub-campo de Auschwitz. A principios de 1945, y ya con el ejército rojo a las puertas, fueron evacuados en vagones de ganado. Sin agua, comida ni nada con que abrigarse, una semana después el tren se detuvo en Brünnlitz, con 107 supervivientes en un estado calamitoso. Schindler llegó justo a tiempo para evitar que el comandante del campo los enviase de regreso a Auschwitz. El matrimonio Schindler pagó de su bolsillo los cuidados médicos y la manutención de aquellos hombres, logrando que todos sobrevivieran.
Al terminar la guerra, Schindler se arruinó. Vivió a caballo entre Alemania e Israel, donde fue distinguido como Justo entre las naciones. Murió en la más absoluta pobreza en Hildesheim, aunque no fue enterrado allí. Los supervivientes de la lista llevaron sus restos a Israel para ser sepultados en el cementerio católico de Jerusalén. Todavía hoy puede leerse en su lápida: “El inolvidable salvador de 1200 judíos perseguidos”. Esta semana, el pequeño Leyson cerró la lista. Mazel tov.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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