www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESTRENA [i]DESEO[/i], DE MIGUEL DEL ARCO, EN EL TEATRO COFIDIS

Luis Merlo: “El deseo sin cierto control de la cabeza puede llevarte a la extinción”

viernes 18 de enero de 2013, 15:34h
A partir de este viernes y hasta el 28 de febrero, Luis Merlo estará en el Teatro Cofidis de Madrid con el montaje Deseo, la primera puesta en escena del brillante dramaturgo Miguel del Arco sobre un texto propio. Junto a tres grandes de la escena, Emma Suárez, Gonzalo de Castro y Belén López, Merlo indagará para el espectador en las pulsiones irracionales, lo más básico del ser humano, desde las diferentes perspectivas de cada uno de los personajes que interpretan. Sobre Teo, su rol en Deseo, dice que es un “delincuente emocional” enganchado al “aquí y ahora”, un papel “muy atractivo” para el actor, pero muy lejos de sí mismo. “El deseo sin cierto control de la cabeza puede llevarte a la extinción”, reflexiona el hijo de Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo. Por Laura Crespo
¿Cómo es tu Teo, su personaje?
Teo es un delincuente emocional. Es una persona que tiene el nivel de dopamina tan alto que quiere lo que desea aquí y ahora, sin pensar en los daños colaterales que pueda producir su deseo. Es un personaje muy atractivo de hacer porque requiere un nivel de energía extraordinario y eso siempre es bueno tenerlo cuando estás encima de un escenario.

Sobra decir que Miguel del Arco es uno de los dramaturgos actuales más sobresalientes y, además, esta es la primera vez que dirige sobre un texto suyo. Como actor, ¿hace esto que el proyecto sea más atractivo?
Sí, ese es el atractivo fundamental. Después, cuando se sumaron al proyecto Emma Suárez, Gonzalo de Castro y Belén López, ya lo tenía todo. Me siento afortunado por poder trabajar en un montaje de estas características en los tiempos que corren.

La obra habla sobre el deseo y sobre las diferentes concepciones que cada uno de los personajes tiene sobre él y la forma de gestionarlo. ¿Cómo lo definiría Luis Merlo?
El deseo, en definitiva, es aquello que nos mueve a hacer. Toda idea que no se desea con la suficiente fuerza y no se convierte en una realidad no deja de ser algo que no llega a nacer. El deseo es aquello que hace que las ideas se conviertan en hechos.
Otra vertiente del deseo que en esta función se toca mucho es la que se refiere a cómo a veces el cuerpo toma el control de nuestra vida, se hace el soberano y no atiende a tu cabeza ni a tus emociones. Cuando el deseo físico toma las riendas, arrasa.

¿Es de los que controla o reprime sus deseos o de los que les dan rienda suelta?
Reprimirlos no, pero sí creo que el exceso de deseo es un camino inevitable hacia la extinción y yo soy un animal de supervivencia. El deseo sin cierto control de la cabeza puede llevarte sin duda a la extinción porque te consume.

Su última etapa profesional ha estado más ligada al teatro, ¿por qué?
Siempre he estado centrado en el teatro, incluso cuando se produjo aquello en televisión, a lo que estoy muy agradecido, de participar en dos series de éxito de forma muy seguida, Aquí no hay quien viva y El Internado. Mientras hacía esas series hice tres funciones de teatro y nunca dejaré de hacerlo.

¿Le han llegado más proyectos para televisión?
No me ha llegado nada que me haya llenado lo suficiente como para meterme en ello.

El personaje que le dio a conocer entre el gran público fue Mauri, uno de los vecinos de Aquí no hay quien viva. ¿Tuvo miedo en aquella época y ante el gran éxito de su papel de verse encasillado?
No, de ninguna manera.


Luis Merlo, Emma Suárez, Belén López y Gonzalo de Castro en una escena de Deseo. (Efe)


¿Es el cine un medio al que le gustaría acercarse más
Hubo un tiempo en que sí lo pensaba, era un medio que me atraía mucho y en el que había grandes talentos. Por aquella época también se producía mucho cine en nuestro país, se hacían muchas películas al año. Con el tiempo, y sobre todo con el asentamiento de la productora que tengo con mi hermano (Pedro Larrañaga), se ha ido pasando. Realmente me apetece cada día más el teatro.

Cuando mira hacia atrás, con la trayectoria de su familia, ¿cree que podría haberse dedicado a otra cosa?
Posiblemente, pero elegí desde muy niño ser actor.

¿Se vería ahora haciendo algo diferente?
Sí, pero ya es tarde. Soy una persona que tiene, afortunadamente, un gran mundo interior. Me vería, quizá, defendiendo alguna causa social en un lugar recóndito. Aún así, el teatro me parece una forma estupenda de mejorar la sociedad a través de un juego sin consecuencias. Es sólo eso, un juego, pero que te plantea realidades que muchas veces ni se nos pasan por la cabeza. Yo como espectador me sorprendo de cómo no se me ha ocurrido antes pensar en las situaciones que ponen de relieve algunas películas u obras de teatro. Me pasó, por ejemplo, con la película francesa Intocable (Intouchables, Olivier Nakache, 2011), que está inspirada en un caso real y te hace darte cuenta de ese canto a la vida. Si no fuera por esa película, probablemente no te plantees cómo alguien en esa situación, postrado en una silla de ruedas, puede ser una persona mucho más satisfecha de la vida que uno mismo, que lo tiene todo.

Suele definirse como una persona tímida. ¿Cómo lleva la fama?
Más que tímido, soy bastante guardián de mi vida privada. Quiero delimitar lo que compone mi vida profesional y lo que compone mi vida personal. Eso es lo que necesito y siempre se ha respetado.

Trabajará en torno al deseo con esta obra durante los próximos meses pero, ¿cuál sería su mayor deseo hoy por hoy?
El deseo de la equidad verdadera del mundo en el que vivimos, de que esto esté más repartido, de que no exista un mundo con tanta riqueza en el que todavía siguen muriendo niños de hambre. Todo esto me parece una demencia. Es un deseo que sé que es una utopía porque en el fondo pienso que hemos fracasado.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios