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Secuestro terrorista en Argelia

¿Islamistas o atracadores?

lunes 21 de enero de 2013, 12:23h
La operación criminal llevada a cabo por unos 40 individuos fuertemente armados procedentes del territorio libio, situado a menos de cien kilómetros de las instalaciones energéticas argelinas, estaba diseñada para capturar rehenes extranjeros. El objetivo de los asaltantes era llevarse consigo el máximo de técnicos y trabajadores de diferentes nacionalidades, empleados por las dos multinacionales gestoras de la base, la inglesa British Petroleum y la noruega Statoil, junto a la argelina Sonatrach.

El grupo atacante contaba con el efecto sorpresa y las “presiones” de las cancillerías occidentales sobre el régimen argelino para que negociase, y de este modo tener tiempo de huir al territorio libio con los rehenes. Una vez allí, comenzarían interminables negociaciones para la liberación de los extranjeros capturados, que se saldarían con entradas de muchos millones de dólares.

El grupo criminal, que se hace llamar el batallón Mulatamin (los firmantes por la sangre), presume de coloración islamista yihadista, pero en realidad su trayectoria está únicamente vinculada a los secuestros, robos, tráfico de drogas y chantaje. En un principio, a finales de los años 90 el predecesor de El Mulatamin, el Grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC) reconvertido en Al Qaeda del Magreb islámico (AQMI), lo consideraba medios para alcanzar fines – pedir rescates para financiar la Guerra santa -, pero se convirtió con el paso del tiempo en la única finalidad del grupo de malhechores. Los rescates millonarios, como los pagados por los gobiernos alemán y austriaco en 2003 para la liberación de los turistas retenidos por el GSPC en el Sahara argelino, permitieron a los captores adquirir mejor armamento y modernos medios de comunicación por satélite. Más recientemente, el aprovisionamiento en material militar hecho en el gran bazar armamentístico dejado por el régimen de Gadafi, han permitido a grupos como El Mulatamin, erigirse en “señores de la guerra” al estilo somalí pero en la región desértica del Sahara y el Sahel.

En Argel, los procedimientos y la finalidad práctica del ataque terrorista en Ain Amenas, no deja duda. Lo que sí preocupa es lo que se ocultaría detrás, lo que los que concibieron el ataque, quienes han empujado a ese grupúsculo, pretendían hacer.

Mojtar Belmojtar sigue siendo un personaje extraño. Dice mucho de él el que enviase a “sus” hombres a perpetrar el asalto a la base gasífera, pero él prefiriese quedarse oculto en la sombra. Su perfil es más el de un padrino mafioso que el de un caudillo de la Yihad, envanecido por estar a la cabeza de sus seguidores en las batallas.

De hecho, Belmojtar fue apartado hace unos meses del grupo yihadista AQMI por su jefe Abdelmalek Drukdel y su segundo Abdelhamid Abu Zeid. Ninguno de los dos se fía del “tuerto”, como se le conoce a Mojtar Belmojtar por haber perdido un ojo en Afganistán donde hizo su bautismo de fuego en los años 90.

Detrás de la toma de rehenes, los servicios de inteligencia argelinos sospechan que puede haber en curso una operación de desestabilización de Argelia. Se trataría de demostrar – algo que no ha ocurrido, pero que estaba en el escenario previsto – la incapacidad de Argel para controlar la situación interna, la seguridad del aprovisionamiento energético y su propio territorio. Con ello pretenderían internacionalizar el conflicto del Sahel y extenderlo al territorio argelino. La rápida acción del Ejército ha desbaratado estos planes. ¿Su objetivo? No sería otro que el de acapararse de las riquezas de la región de incalculable valor para Occidente. Especulación o no, las Autoridades argelinas han cortado de raíz el supuesto escenario.