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Crisis en Mali

La guerra de Francia por el uranio

sábado 26 de enero de 2013, 19:24h
Malí comparte con Níger 841 kilómetros de frontera, imposible de controlar. Las bandas armadas, yihadistas, narcotraficantes o simplemente delincuentes, se pasean por esta región desértica, como amos y señores de una tierra de nadie. Al otro lado de la frontera con Malí, en el norte de Níger, se encuentran las minas de Arlit e Imuraren, explotadas por la multinacional gala Areva, de las que Francia saca el 30% de sus necesidades en uranio. París teme que la “rebelión yihadista” se extienda más allá de las fronteras, y que peligren sus suministros atómicos. Algo que no puede permitir.

En 1985, hace tan solo 18 años, Francia mostraba lo que está dispuesta a hacer cuando su potencia atómica peligra. El barco de Greenpeace, Rainbow Warrior, fue dinamitado por los servicios secretos galos cuando se acercaba al atolón de Mururoa. París señaló claramente la “línea roja” que no está dispuesta a que se viole. Los ecologistas protestaban por las explosiones nucleares en la pequeña isla del pacífico.
Dos decenios después, ni los intereses estratégicos, ni los métodos empleados por Francia para preservar su potencia nuclear, han cambiado. Y se da la circunstancia de que Níger suministra a Francia un tercio de sus necesidades en uranio.

Hasta tal punto la zona del norte de Níger es estratégica para los intereses de París, que el ministro de la Defensa galo Jean-Yves Le Drian, acaba de decidir el envío a la región del Mando de las Fuerzas Especiales (COS) francesas, un cuerpo de élite del Ejército francés, para proteger las explotaciones, según informa el periódico parisino Le Point, que estima que es inaudita tal decisión. “Hasta ahora, las Fuerzas Especiales no participaban directamente en la defensa de los intereses privados”, dice el periódico. Porque Areva, “la joya de la corona” no deja de ser una empresa privada.

La razón de tal decisión, según el medio especializado Atlántico, es el temor suscitado en el Eliseo francé de que los yihadistas puedan ampararse de las minas de uranio nigerinas. “Areva se vería obligada a aprovisionarse en el mercado mundial para alimentar las 58 centrales nucleares en funcionamiento en Francia, con el riesgo de un alza incontenible de los precios y la consiguiente penuria energética”. Lo que ya de por sí es intolerable. Pero más aún, un déficit del suministro de tierra de uranio para la industria militar podría poner en peligro la « Force de frappe », las fuerzas nucleares de ataque, en las que Francia basa su presencia en el club atómico y en el Consejo de Seguridad, y que le permiten erigirse en potencia mundial y disponer de un « patio trasero » del que forman parte sus excolonias africanas.
Malí, no por el momento, cierto; pero su vecino Níger es el cuarto productor mundial de uranio, y Francia quiere que siga siéndolo. La penetración de los comandos terroristas en el país vecino, hoy instalados cómodamente en el norte de Malí, no data de ahora. En 2008, un grupo armado secuestró a 4 empleados de la compañía francesa Areva, que liberó pocos días después presumiblemente tras haber sido debidamente remunerados. En 2010, el grupo Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), secuestró a su vez en el mismo lugar a 7 rehenes, 5 de ellos franceses, que aún siguen en sus manos.

La multinacional francesa no está sola en la competición por aprovisionarse de las minas uraníferas nigerinas. Tambien están los canadienses y los chinos. Pero la francesa tenía la ambición de producir 5000 toneladas de uranio anuales a partir de 2012. Los secuestros la han obligado a postergar plazos. Ahora habla de 2014 ó 2015. El ataque terrorista a Ain Amenas en Argelia no ha disuadido a los franceses. Al contrario, la respuesta ha sido enviar las Fuerzas Especiales a Níger. El uranio se defiende a toda costa.
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