RESEÑA
Lorenzo Silva: La marca del meridiano
domingo 27 de enero de 2013, 11:31h
Lorenzo Silva: La marca del meridiano. Premio Planeta 2012. Planeta. Barcelona, 2012. 400 páginas. 21 €. Libro electrónico: 9,99 €
“En una sociedad envilecida por el dinero sucio y la prostitución de las personas, todavía el amor puede ablandar a las fieras. Un guardia civil retirado aparece colgado de un puente, asesinado de manera humillante. A partir de ese momento, la investigación que ha de llevar a cabo su viejo amigo y discípulo, el brigada Bevilacqua, abrirá la caja de Pandora: corrupción policial, delincuentes sin escrúpulos y un hombre quijotesco que buscará en el deber y el amor imposible la redención de una vida fracturada”. He aquí la presentación, entre pomposa y presuntamente didáctica, que acompaña la solapa del último Premio Planeta. El ganador, Lorenzo Silva, obtiene este nuevo triunfo literario (empezando por el Premio Nadal van unos cuantos), volviendo a su género más trabajado y recuperando un viejo personaje suyo; modalidad personal de novela policiaca protagonizada por un policía indudablemente original, un brigada de la Guardia Civil de origen uruguayo y pretensiones reflexivas, de nombre asimismo exótico: Rubén Bevilacqua. El protagonista es bien conocido de la audiencia que sigue al escritor pues no en vano reaparece por séptima vez en una de sus novelas, con alguna incursión añadida en el cine.
No es corto el mérito de crear y sostener una saga propia; por otra parte, una vieja costumbre en el género. De hecho, aunque esta última entrega pueda leerse con plena independencia de las anteriores, la estrategia literaria de reanimar a un mismo personaje en sucesivas entregas permite enriquecerlo a imagen y semejanza de como la vida real va cincelando los caracteres humanos: a golpe de experiencias. Silva aprovecha bien esa posibilidad y se sirve de una trama detectivesca para reconstruir el pasado de Bevilacqua, a quien algunos críticos reprochan su condición omnipresente que amenaza con anular el perfil de todos sus comparsas, desde sus compañeros de armas hasta los sospechosos y criminales que les dan trabajo.
Y no le falta razón a esa crítica. Bevilacqua no es solo protagonista principal o único sino que su condición de narrador es instrumentalizada para justificar su integridad de héroe prudente. Así, incluso cuando las vicisitudes de una investigación sacan a la luz algunas viejas faltas cometidas en su juventud por el escrupuloso guardia no se evita que esas rememoraciones adopten un tono pedagógico, casi hagiográfico. El asesinato de un antiguo compañero y maestro abre la pista para toparse de bruces con viejas tentaciones que se renuevan: las que cualquier policía ha de encarar una y otra vez al saltar la oportunidad de corromperse y contribuir a la corrupción que impregna el ambiente.
Pero Bevilacqua ha aprendido la lección moral que le impartió su maestro asesinado: toda persona lleva un demonio dentro, solo que algunos pueden dominarlo, si quieren, mientras que otros no pueden o no quieren someterlo… y se pierden…. El autor construye una novela para conectar a su héroe con esa conclusión. Le ayudan un estilo claro y un conocimiento detallado de las rutinas y escenarios propios de una investigación policial. Los adictos a la saga volverán a entretenerse con la última entrega, aunque no es seguro que prefieran ésta a cualquiera de las anteriores.
Por Luis de la Corte Ibáñez