La banda musical Gurizada Fandangueira podría ser acusada de homicidio imprudente, por haber ocasionado el incendio en la discoteca Kiss, en la localidad brasileña de Santa María, que provocó la muerte de 233 personas la madrugada del sábado. Según los testigos, uno de los integrantes del grupo había encendido una bengala durante su actuación, desencadenando una de las peores tragedias en el país suramericano.
La banda musical Gurizada Fandangueira, supuesta causante del incendio que dejó
233 muertos y al menos 106 heridos en una discoteca de la ciudad brasileña de Santa María, podría ser acusada de homicidio imprudente, según uno de los responsables de la investigación.
De acuerdo con versiones de testigos,
uno de los integrantes de la banda encendió durante la presentación una bengala, cuyas chispas al parecer prendieron la espuma que actuaba de aislante en el techo del local, lo que provocó el fuego y causó la posterior estampida que deja hasta el momento 233 muertos y 106 heridos.
En una entrevista con la agencia de noticias Estado, el comisario Sandro Meinerz, uno de los responsables de la investigación, explicó que, aunque el hecho no es doloso, "es culpa de quien usó la pirotecnia".
"La banda sí (puede ser acusada), porque su actuación es la que produjo el incendio y es necesario comprobar si ellos podían hacer aquello o no", explicó Meinerz, quien no precisó si los integrantes de la banda ya
fueron interrogados por la policía. El acordeonista de la banda, Danilo Jaques, pereció en el incendio, según sus compañeros.
Unos 79 heridos en cuidados intensivosEl ministro brasileño de Salud, Alexandre Padilha, dijo que quedan
79 personas hospitalizadas en cuidados intensivos después del incendio de la madrugada del domingo en una discoteca en el sur de Brasil que causó al menos 231 muertos.
Cerca del 80 por ciento de esos internados son pacientes que sufrieron una intoxicación al inhalar el humo del incendio de la discoteca Kiss, de la ciudad de Santa María, en el Estado de Río Grande do Sul, y el 20 por ciento restante son heridos con quemaduras graves.
Cuarenta heridos permanecen en hospitales de Santa María y 39 fueron trasladados a centros médicos de Porto Alegre, la capital regional, y ciudades de su región metropolitana, tres de ellos en las últimas horas.
Padilha dijo que en la última noche no se registró ninguna muerte entre los pacientes ingresados en hospitales, aunque advirtió de que los próximos días
serán "críticos" para los enfermos.
El ministro alertó que las personas que estuvieron en la discoteca y que inhalaron el humo podrían correr riesgo todavía de contraer una infección respiratoria grave.
Este lunes "entre cuatro y cinco" asistentes a la fiesta acudieron a centros de salud en Santa María con síntomas de problemas respiratorios y fueron ingresados "con un cuadro pulmonar grave", según afirmó Padilha a periodistas en el
Centro Deportivo Municipal de Santa María, donde se instaló el velatorio.
Para atender a los quemados,
las autoridades brasileñas han contactado con bancos de piel de Sao Paulo y también de otras regiones del país y de Argentina, Uruguay y Perú, según el ministro.
Para la mañana de este lunes está prevista la celebración de una misa ecuménica, a cargo del obispo Helio Adelar Hubert, a la que seguirán los entierros, que comenzarán a realizarse en el cementerio municipal a las 9.00 (11.00 GMT) con el
auxilio de cerca de 300 militares de una base aérea ubicada en la localidad.
Una ciudad en velaUna veintena de ataúdes, escoltados por centenares de familiares, amigos y allegados, permaneció hasta la madrugada de este lunes en el Centro Deportivo Municipal, un complejo de gimnasios adonde las autoridades llevaron los cadáveres para identificarlos y que se convirtió en el epicentro de la tragedia.
El gimnasio fue durante todo el día un bullicioso trajín de familiares y amigos, a los que se sumaron 500 voluntarios, entre ellos médicos, psicólogos, además de policías, militares, religiosos y periodistas.
Buena parte de los 261.000 habitantes de Santa María, localidad del estado de Río Grande do Sul, en el extremo sur de Brasil, acudió en masa a mostrar su
apoyo a las familias, que mantuvieron el duelo entre el llanto y un turbador silencio.
A la entrada del gimnasio, una interminable lista de nombres de fallecidos, actualizada a cada rato, recibía a los visitantes y daba la medida de la magnitud de lo ocurrido.
Todos los féretros tenían un cartel a los pies para identificar al difunto y sobre alguno de ellos había objetos personales, como un pingüino de peluche, fotografías o banderas de equipos de fútbol de la región, del Gremio y del Internacional de Porto Alegre, que este domingo cancelaron la jornada de liga en señal de luto.
La mayoría de los parientes y
amigos más cercanos, sobrecogidos, declinaron a hablar con la prensa y muchos optaron por trasladar sus velatorios a lugares más íntimos, como iglesias o uno de los dos cementerios de la localidad, que permanecieron abiertos toda la noche.