Crónica cultural
Encuentro con Etgar Keret: “Si no me cuentas un cuento, te mato”
jueves 31 de enero de 2013, 19:01h
El escritor israelí Etgar Keret viene a Madrid a promocionar su libro de relatos cortos Alguien llama a la puerta (Siruela) con el que permaneció meses el numero uno de la lista de libros más vendidos en su país.
“No nos recicles la realidad como el camión de la basura. Dale a la imaginación, colega, inventa algo, venga, lo más increíble posible”. Así es como el escritor Etgar Keret (Tel Aviv, 1967) se presenta en su último libro publicado en España, De repente, alguien llama a la puerta (Siruela), un conjunto de 38 relatos, cada cual más delirante que el otro, y que estuvo durante meses a la cabeza de los libros más vendidos en su país.
“Antes incluso que Larsson”, cuenta Keret en la rueda de prensa que ofrecía en Madrid este jueves. Despeinado, quizá con unos vaqueros que le quedaban un poco grandes, no pretende ser escritor y eso es justamente lo que hace de este autor un grandísimo escritor. “¡Solo me fijo en las conversaciones de mi alrededor!” Y por eso, a través de sus cortísimos cuentos, nos ofrece la vida. La que se vive en Siria, y la que se vive aquí, con todos sus divorcios, sus infidelidades, los niños a los que se adora pero que a veces resultan insoportables, el que quiere más a su perro que a su mujer o el que se pasa la vida soñando, la vida que le gustaría vivir. Todo con una dosis de humor importante y situaciones extravagantes, delirantes, geniales.
Los personajes de Keret son la sociedad que le rodea, mucho más que un bagaje cultural. La vida en pareja, bajo todos los estados posibles, viudo, divorciado, soltero, etc, y, a través de ellos, nuestros estados de soledad, de apatía, de desamor o de tristeza.
Con una simpatía natural, Keret ha contado que llevaba 9 años sin escribir. Durante estos nueve años, su vida había cambiado muchísimo. Se había casado, había tenido un niño, debía dar clases en la universidad y se había dedicado al mundo del cine escribiendo guiones para varias películas.
Nada del otro mundo, por eso nada que contar. Hasta que se dio cuenta que su mundo narrativo no se había acabado en el momento en el que se acoplaba a las normas sociales, al contrario. Desde esa perspectiva, lo absurdo se hacía mucho más palpable.
“Antes escribía desde la perspectiva de un niño (como en La chica sobre la nevera, Siruela) y ahora escribo desde la perspectiva de un padre que debe ser responsable”. Sus relatos, no están cercanos a la tradición israelí de ideas morales, y personajes honestos que deben ganarse el cielo. Sus preguntas se dirigen más a lo que plantean los escritores judeoamericanos como Nicole Krauss, la búsqueda de una identidad.
Su principal fuente de inspiración es su familia que como dice “se han pasado la vida contando historias. Cuando era pequeño, mi padre nos contaba historias, jamás le he visto leernos un libro, y los personajes eran borrachos, prostitutas…”. Un día le pregunté que qué era una prostituta y me contestó, “es una mujer a quien le pagan para que escuche tu historia”.